Sharko ya no tiene de qué sonreír

Posted on 04/04/2012

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Sería demasiado apresurado hablar de quiebra, o de fin de una era, con el cese de operaciones de Aerosur. Aunque experiencias recientemente pasadas han demostrado (estoy hablando del LAB, por supuesto) que al no existir en Bolivia sistemas de prevención de quiebras mediante concurso de acreedores, salvo para el caso de los bancos privados, las probabilidades de recuperación de una aerolínea que deja de tener ingresos por venta de pasajes son cuasi nulas, la aerolínea cruceña ha presentado un plan de recuperación que pudiera eventualmente reflotar la empresa.

Pero para ello, Aerosur va a necesitar mucho apoyo del gobierno, cosa que el régimen masista no parece muy entusiasta de hacer. De hecho, el comportamiento del gobierno es uno de los dos grandes factores causantes de la actual crisis. Por desgracia para quienes quieren buscar culpables externos, el otro gran factor ha sido el comportamiento de la propia aerolínea.

En efecto, Aerosur ha sido siempre una empresa con graves defectos de informalidad y falta de transparencia en su administración. En algún punto de sus casi 20 años de historia, incluso, no había un límite claro entre el patrimonio de la empresa y la fortuna de su dueño, Humberto Roca. Asimismo, el modelo de negocio era sumamente inadecuado para los tiempos que corren: la flota de Aerosur estaba compuesta por al menos 5 tipos diferentes de aeronaves y por lo tanto igual número de tipos de motores, para una flota de 11 naves. En otras palabras, casi podría decirse que no tenía dos aviones iguales. El problema de esto es que los costos por mantenimiento, y de capacitación de tripulaciones y mecánicos, también se quintuplica. Agregue el lector a esta receta una edad promedio de la flota de más de 20 años, con lo que ello significa en términos de mantenimiento y consumo de combustibles. Y esta receta para el desastre se hacía evidente primero por los altos costos de los pasajes, pero sobre todo por la terrible ineficiencia de la aerolínea en términos de cumplimiento de horarios, que ha debido ser uno de los peores del mundo. Aerosur no es, desde la caída del LAB hace seis años, una aerolínea competitiva, su servicio dejaba muchísimo que desear y sus tratos y conexiones con otras aerolíneas eran sumamente pobres.

Pero sobre lo llovido, mojado. Encima de todos estos problemas operativos, Aerosur debió batallar en los últimos años con la competencia sumamente desleal de las estatales TAM y BoA, fuertemente subvencionados por el gobierno, con la persecución y acoso sistemáticos del propio gobierno a través de sus oficinas de control de aportes patronales para pensiones, de recaudaciones de impuestos, de fiscalización de la propia actividad aeronáutica, e incluso de jueces y fiscales decididos a encarcelar a Humberto Roca con o sin razón (aunque no es ningún angelito el señor, todos tenemos derecho al debido proceso). En los ojos del hermano Evo, Humberto Roca, y por extensión Aerosur, simbolizan a la “Media Luna” y deben ser destruidos a cualquier costo. Y si no es posible encontrar a don Humberto, puesto a buen recaudo ya hace tiempo, entonces atacaremos sus bienes, le daremos donde le duele. Algo que no previó el gobierno, sin embargo, es que don Humberto también ya puso su riqueza a buen recaudo.

Tal vez Aerosur merece el cese de operaciones. Pero eso no quita la sensación de profunda tristeza y sincera solidaridad para con los más de mil empleados de la empresa que quedarán cesantes, ni la simpatía por los cientos de personas varados en el aeropuerto de Barajas sin poder volver a casa – igual que pasó con el Lloyd hace seis años. Si el gobierno se empeña en hundir a Aerosur, al menos que se ocupe de rescatar a las víctimas de su hundimiento. Y de rápidamente reconstruir la estructura de transporte internacional, cubriendo los vacíos que deje Aerosur, en particular respecto a las conexiones directas con Europa y Estados Unidos, a favor del turismo receptivo.

Esteban

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