Maldonado y la crisis policial

Posted on 23/05/2012

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Ya no es secreto para nadie que las cosas en la Policía Boliviana no andan nada bien. Mientras oficiales de alto grado caen con demasiada frecuencia ante escándalos de corrupción de variada laya, al gobierno no se le ocurre mejor idea que nombrar como comandante interino a una persona que no tiene el grado que exige la ley, pues es coronel y no general, ni los estudios formales, porque es egresado de la escuela de detectives y no de la Academia Nacional de Policías. Para colmo, aunque entiendo que la disciplina policial es vertical y no admite cuestionamiento alguno del personal subalterno, la denuncia de estos dos aspectos por parte del Crnl. Toro, director de la FELCC y uno de los pocos oficiales que todavía merecía algo de respeto tras haber resuelto los casos de los cogoteros y unos cuantos casos peliagudos más, pero sobre todo por ser uno de los muy pocos uniformados que yo haya conocido capaz de sentir compasión y de ser amable y educado al conversar, le ha ocasionado un proceso disciplinario que dudo mucho que acabe bien.

Y es que el interinato del Crnl. Maldonado huele demasiado a devolución de favores. Recuérdese que con muchísima insistencia el gobierno se ha lavado las manos respecto al operativo en Chaparina el 25 de septiembre del año pasado, echando la culpa de los lamentables hechos de violación de los derechos humanos a una supuesta ruptura de la cadena de mando, que equivale a decir que fue, ¡oh casualidad!, el mismísimo Crnl. Maldonado quien ordenó maniatar y amordazar a los marchistas del TIPNIS. Con semejante acusación, el coronel debería ser mínimamente destinado a algún puesto de frontera. Todo lo contrario, es premiado con esta comandancia, lo cual es una señal muy fuerte de acuerdos previos o promesas que ahora debe cumplir el gobierno.

Más allá de los vaivenes políticos, que no son, ni mucho menos, invento de este gobierno, lo que se evidencia aquí es un manejo ajeno a lo institucional y a cierta mínima independencia que necesita cualquier institución policial. Lo que se evidencia es una profunda incrustación de la corrupción y la politiquería en el seno de la institución policial, que sumada a su poquísima eficacia y su cada vez menor credibilidad la suman en una crisis muy profunda y de la que habrá solo dos maneras de salir: por las buenas, mediante una reforma total, concertada y con fuerte participación de la sociedad, tratando de enmendar una de las peores fallas de la Asamblea Constituyente que fue incapaz de romper el círculo vicioso generado por el absurdo “mando único”, o por las malas, con una sublevación de la base policial que puede llegar a ser extremadamente dolorosa. Ojalá por una vez el gobierno sea inteligente y opte por la primera opción.

Esteban

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