¡Lobo, lobo!

Posted on 28/06/2012

0


(c) Gabriel Ledezma

“En boca de mentiroso, lo cierto se hace dudoso”, dice la moraleja final de la fábula de Esopo, que hace eco a las palabras atribuidas a Aristóteles por Diógenes Laertus, cuando se le preguntó al sabio qué es lo que los mentirosos ganan con decir mentiras, a lo que respondió “a los mentirosos cuando hablan la verdad no se les cree”.

Este cuento infantil, conocido por cualquier chico de siete años, parece habérsele olvidado al gobierno. El nefasto Goebbels decía “miente, miente, que algo quedará”, y parece ser que esta es la máxima del régimen masista. Solo que hasta Goebbels sabía que para que una mentira sea asimilada como verdad, debía contener elementos mínimos de credibilidad – algo que cualquier escritor de ficción que se precie sabe perfectamente.

Cuando Herr García Linera lanza, repite, se regodea hasta el éxtasis en su fabulosa teoría de que existen aprestos golpistas, lo único que está logrando es terminar de liquidar la poquísima credibilidad que le queda a un gobierno ya terriblemente desgastado, obligándolo a refugiarse tras sus milicias de poncho rojo y chicote, en una nueva agresión a la ciudad de La Paz, pues sabe cualquier gobernante que quien pierde La Paz pierde Bolivia.

No se debe confundir, sin embargo, la negación de las teorías paranoicas del hermano Vicepresidente con un apoyo, abierto o disimulado, a los señores policías. Su demanda salarial, por justa que fuera, fue sectaria y no significa, ni hoy ni hace 9 años, que de repente se hayan vuelto aliados del pueblo, hermanos de clase ni compañeros de lucha. Su rol es el de reprimir a todo el que piense diferente al modelo establecido por el gobierno de turno, siempre lo ha sido y siempre lo será. Y la prueba de ello es lo ocurrido ayer, 27 de junio: Mientras la marcha paramilitar de los Ponchos Rojos (equivalente boliviano a los Sturmabteilung) agredía a los paceños a plan de chicotazos y amedrentamiento, e incluso golpeaban brutalmente a un camarada suyo en la calle Colombia, la Policía miraba pasiva, e incluso se hacía escasa. Pero mientras la marcha indígena, absolutamente justa y pacífica, recibida como siempre con aplausos, abrazos y enorme amor por parte de los paceños, era bloqueada, apaleada y gasificada por los señores de verde, los mismos que un día antes apelaban a la solidaridad del pueblo. ¡Vaya sinvergüenzas!

Esteban

Anuncios
Posted in: Evadas