De teleféricos, minibuses voladores y el más descarnado clientelismo

Posted on 19/07/2012

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La idea de colgar uno o varios teleféricos entre El Alto y La Paz no es nada nueva. Ya la había sistematizado en 1977 el arquitecto Gustavo Medeiros Anaya, por encargo del entonces alcalde Mario Mercado vaga Guzmán, sobre la base de una serie de proyectos urbanos que andaban dando vueltas incluso desde los años 60. Años después, el alcalde Ronald Maclean intentó poner en práctica la idea, con el proyecto TuTel, que conectaría Ciudad Satélite con lo que es ahora la Plaza Camacho. En ese entonces, el monto de inversión estimado era de 12 millones de dólares, monto que jamás pudo conseguirse, esencialmente por la tremenda inestabilidad política de la alcaldía en aquella época.

En el año 2003, la idea volvió a emerger, esta vez por iniciativa de una empresa privada, que propuso conectar Faro Murillo con la cancha Zapata, proyecto que se estimaba demandaría una inversión de poco menos de 30 millones de dólares. Este proyecto condicionaba su factibilidad económica a que se desvíen todas las rutas del transporte “tradicional” que atendían el centro de La Paz y la Ceja de El Alto de tal suerte que acaben en los terminales del teleférico. Al ser un problema irresoluble, la circunstancial mancomunidad AltoPaz cuyo objeto era impulsar el proyecto rechazó la condición y licitó el proyecto sin ningún tipo de garantías de ingreso para la empresa adjudicada. Obviamente, la licitación resultó desierta.

La semana pasada, de manera sorpresiva y, según fuentes bien informadas, sin ningún estudio o proceso de reflexión previo, el gobierno del Estado Plurinacional anunció que invertiría ya nomás la friolera de 234 millones de dólares, esto es, casi ocho veces más que lo propuesto en 2003 o casi 20 veces más de lo propuesto en 1988, para establecer no uno, sino tres líneas de teleférico, que significan ocho “tramos” para conectar El Alto con el centro e incluso la Zona Sur de La Paz. Hasta aquí, parece bastante lógica la propuesta.

No obstante, cuando uno empieza a escarbar un poco, los malos olores comienzan a emerger. Encuentro muy sintomática la conjunción de las siguientes señales:

  • La popularidad del presidente Evo en la ciudad de La Paz fue a inicios de julio la más baja de todo su periodo presidencial
  • Una de las causas –ciertamente no la única ni la primera– de esa baja popularidad es la sensación de que La Paz no se ha beneficiado absolutamente en nada del “proceso de cambio”
  • La principal promesa electoral del alcalde Revilla es la reforma del sistema de transporte urbano en La Paz. Si lo logra, tendrá su reelección prácticamente asegurada. Si no lo logra, tendrá serios problemas para mantener su fortísima posición en La Paz
  • En este sentido, la promesa del teleférico  pudiera desarticular el plan del municipio paceño, o al menos permitir a su promotor adjudicarse victorias ajenas.

Todos elementos llevan nomás a pensar que se trata acá de una movida política absolutamente demagógica y que tiene como único objetivo recuperar el terreno electoral perdido en la Sede de Gobierno. Sin embargo, siguiendo la buena costumbre de hacer limonada cuando llueven limones, creo que es una gran oportunidad para el alcalde Revilla para avanzar en la reforma del transporte, con la integración de los sistemas de teleférico y buses articulados, que no son, ni mucho menos, mutuamente excluyentes, la toma de una posición de fuerza frente a la resistencia de los transportistas “tradicionales”, cuya alianza con el MAS llegó a un punto de quiebre, y encima mostrarse como gran concertador, capaz de superar las profundas diferencias políticas entre el MAS y el MSM por el bien de la ciudad.

Esteban

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