Siria, o lo que pasa cuando los intereses económicos priman en el Consejo de Seguridad de la ONU

Posted on 25/07/2012

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Cuando un gobierno, por más que se autoproclame “revolucionario”, “popular” o “socialista”, se queda en el poder por demasiado tiempo, por medios ilegales e ilegítimos, usando el autoritarismo, incluso bajo fachadas formalmente “democráticas”, el alzamiento popular es no solo un derecho, es una obligación. Si bien, como pacifista, creo que ese alzamiento debe ser siempre con mecanismos no violentos de resistencia y desobediencia civil, comprendo perfectamente porqué, cuando el gobierno reacciona a ese alzamiento con masacres sangrientas, se organizan grupos armados para intentar sobrevivir y, de ser posible, derrocar al gobierno asesino.

Eso es lo que ha pasado, en términos generales, en la Primavera Árabe. En casi todos los casos, la comunidad internacional, y en especial la ONU, comprendió la situación, y asumió la responsabilidad de tomar partido y buscar la resolución del conflicto interno mediante el derrocamiento del gobierno dictatorial. ¿Por qué entonces no ocurre lo mismo en Siria, país donde ya han fallecido muchos miles de personas? ¿Qué es lo que espera la ONU para establecer sanciones, tomar partido y, sobre todo, evitar más derramamiento de sangre?

Siria es uno de los países que mayor presupuesto anual gasta en compras militares de dos potencias mundiales, Rusia y China. En el segundo caso, además, es uno de los mayores exportadores de petróleo al gigante asiático. Por eso, ambos países, con derecho a veto en el Consejo de Seguridad, se oponen a cualquier otra salida que no sea la diplomática, a pesar de que ha quedado absolutamente claro que la misión de don Kofi Annan es una misión estéril, que no tiene chance alguna de lograr poner fin al conflicto sirio.

Aquí la pregunta de fondo es ética. A título de impedir un ataque militar extranjero, sea de fuerzas internacionales o de un país o alianza de países en particular, como ocurrió en Libia, sobre un país con relaciones principalmente clientelares con dos de los que pueden legalmente tomar decisiones sobre estas materias, pretensión que parece legítima, ¿es posible seguir insistiendo en una vía de solución que se sabe es inefectiva, mientras siguen muriendo cientos, miles de civiles, algunos de ellos armados pero también muchos indefensos, niños, mujeres?

Pero si la respuesta es no, ¿puede potencia extranjera alguna, sola o acompañada, intervenir en los designios de otro país, a título de humanitarismo? ¿Cuándo puede hacerlo? ¿Bajo qué condiciones? La respuesta no es para nada fácil y da para larguísimos debates. Por desgracia, Siria no puede darse el lujo de esperar que ese debate llegue a una conclusión. La matanza debe terminar, y debe terminar pronto. Por desgracia, el fin de las hostilidades no significa necesariamente, ni mucho menos, el inicio de un periodo democrático. Y eso es lo que pasa cuando los dictadores no son expulsados a tiempo.

Esteban

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