Percy y el insulto final

Posted on 14/09/2012

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Ya no es secreto para nadie que el Alcalde de Santa Cruz sufre de algún tipo de enfermedad mental. Como no soy ni psicólogo ni psiquiatra, no puedo hacer un diagnóstico sobre qué enfermedad será, pero las malas lenguas en la capital cruceña dicen que el hombre sufre de sífilis ya muy avanzada, enfermedad que es conocida por producir estragos en los tejidos cerebrales.

Quizás esto explique, o hasta justifique en cierta medida, las extravagancias del señor Fernández, que van desde belicosas pérdidas de paciencia con los medios de comunicación hasta manos largas que exploran indiscretamente el cuerpo de las concejalas, pasando por el uso de las macetas de Palacio Quemado como urinales o el acto de canto y baile privado para los Príncipes de Asturias. En general, los cruceños, a quienes les gusta tener alguien de quien hablar mal, no se lo toman demasiado en serio y, pese a los escándalos permanentes, perdonan a Percy así como la familia perdona al bisabuelo senil que acosa sexualmente a las enfermeras.

Pero si bien le perdonan las travesuras de viejo verde y cascarrabias, lo que no le van a perdonar es lo que los cruceños de clase media para arriba han considerado como el insulto final, la peor ofensa que se les ha podido infligir: que Saúl Ávalos se convierta en Presidente del Concejo Municipal con el beneplácito del Alcalde. ¿Por qué? Porque se pone acá al desnudo una alianza, así sea solo para efectos de gobernabilidad local – como todos saben el concejo cruceño estaba en una profundísima crisis desde hace meses – con lo que los cruceños capitalinos, aquellos que saltan en comparsas de carnaval y salen en las páginas sociales de El Deber, consideran ha sido la causa de su caída en desgracia.

Percy siempre ha sido el alcalde de los cruceños “bien”, de la sociedad tradicionalista cruceña, por oposición a populacheros como los hermanos Johnny y Roberto Fernández, por ejemplo. Si bien hace algunos años realizó una feroz campaña contra las entonces todopoderosas logias cruceñas, siempre fue el que tuvo más afinidad con los grupos de poder detrás de ellas, mientras lograba mantener una imagen de camba capaz de juntarse a celebrar con los comerciantes de las Siete Calles. Como personaje folklórico, tenía el apoyo de las familias más tradicionales porque les recordaba a la Santa Cruz pre 1950, dando una imagen de camba atrevido, bocón y aguerrido que defendería los intereses regionales a golpes si fuera necesario. Por lo mismo, el “someterse” al “collao”, al monstruo político que es el MAS, así sea para asegurarse un Concejo más manejable resulta, para muchos cruceños, imperdonable. El dar su venia para que Saúl Ávalos tome la presidencia del Concejo ha sido el insulto final.

Esteban

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