¿Cuántos muertos más, señor Presidente?

Posted on 20/09/2012

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La trágica y violenta muerte del minero Héctor Choque no es, ni mucho menos, la primera del gobierno liderado por Evo Morales. Si bien no se puede decir que la acción de algún órgano represivo del Gobierno ha provocado de manera directa la muerte de este ciudadano, ello no significa que el gobierno no sea responsable. Digo esto por dos razones. Por una parte, la omisión de la Policía de establecer una barrera efectiva que impida en encuentro entre los dos grupos en conflicto, habiendo amenazas previas creíbles de que podía darse un enfrentamiento violento, ha sido una negligencia imperdonable de la que es responsable el Ministerio de Gobierno. Pero más grave aún, la absoluta ineficacia del Ministerio de Minería en controlar y resolver el conflicto antes de que degenerase en violencia, causada sobre todo por una posición demagógica y politiquera del gobierno, genera responsabilidades incluso penales en las autoridades llamadas por Ley a resolverlo.

Establecida la hipótesis de que la responsabilidad por la muerte de Héctor Choque corresponde al gobierno, sumando uno más a una lista demasiado larga de víctimas de la violencia política, hace falta aclarar que ello no exime de responsabilidad por los delitos de homicidio y alzamiento armado al minero cooperativista que lanzó el cachorro de dinamita al techo de la FSTMB. Si bien el Ministerio Público ha anunciado una investigación para esclarecer la autoría del crimen, tengo poca esperanza de que esta acción llegue a buen puerto. La organización matriz de los cooperativistas seguramente exigirá la impunidad como condición para su pacificación, ninguna unidad del Órgano Ejecutivo dará el impulso necesario para asegurar que progrese el juicio, y ciertamente no se puede contar con nuestro tan venido a menos poder judicial para que actúen con celeridad. Lamentable escenario.

Quizás sea la impotencia ante este escenario, más que la simple costumbre que alegan otros escribidores, la que nos condena al ostracismo y a la inacción ante estos asesinatos. Quizás incluso sea un dejo de racismo -“mientras el que se muera sea indio…”-. Pero el tema es que estas muertes parece que ya no nos mueven a reaccionar. Y ese es el peor peligro de todos. ¿No les parece que ya es tiempo de interpelar al poder?

Esteban

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