Educación para las niñas

Posted on 11/10/2012

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Estas líneas se escriben el 11 de octubre, fecha en la que coinciden el día de la mujer boliviana y el día internacional de las niñas y adolescentes. Buena ocasión para reflexionar sobre la situación de la educación para las niñas y las adolescentes del mundo. Mucho más cuando hace apenas unos pocos días la pequeña Malala Yousafzai, de solo 14 años, fue gravemente herida de un disparo en el bus que la llevaba al colegio, por un fanático Talibán que considera a la adolescente como enemiga del Islam.

Malala es una joven pakistaní de las montañas cercanas a Afganistán que logró notoriedad ya hace unos cuatro años, cuando a sus cortísimos 11 años tuvo el extraordinario valor de hablar fuerte y claro en defensa del derecho que tienen las niñas y adolescentes a recibir la misma educación que los varones, con el objetivo no solo de superarse personalmente, sino de contribuir efectivamente al desarrollo de su comunidad. Esto que pudiera parecer obvio a nuestros ojos, resulta ser una afrenta directa para los fanáticos ultraconservadores y ultramachistas, un desafío a su autoritarismo y una amenaza al poder de los dirigentes religiosos que no tienen otro mérito para mandar a la gente que su intolerancia.

La vida de Malala, mientras se escriben estas líneas, pende de un hilo. La bala atravesó su cuello, luego hiriendo a dos de sus compañeras. Si bien ha sido hospitalizada, y muestra señales de mejora, Malala todavía no está fuera de peligro.

Si bien hoy en día, diez años después de la caída de los Talibanes, 3 millones de niñas afganas van a la escuela, la gran mayoría lo hace en Kabul, mientras que en las zonas rurales de Afganistán esta revolución aún no ha llegado. Hoy en día solo una quinta parte de las mujeres afganas sabe leer y escribir. Y como lo demuestra la historia de Malala Yousafzai, aún existen muchos hombres afganos que se resisten –por medios violentos si es necesario– a que esta revolución continúe.

¿Y por casa cómo andamos? Si bien estamos muy lejos de estos extremos, aún no terminamos de deshacernos de ciertos preconceptos sobre el rol de las niñas en nuestras familias, especialmente también en las zonas rurales de nuestro país. La deserción escolar de las niñas sigue siendo dos y media veces más frecuente que la de los niños, aún existe el concepto de que las niñas deben quedarse en casa a atender a los varones de la familia, sobre todo cuando existe una crisis en la familia, ya sea por ausencia o muerte de uno de los padres, ya sea por problemas económicos, e incluso aún existe en algunos lugares la creencia de que las niñas son propiedad del padre de familia, lo cual le da derechos sobre su persona, incluyendo el derecho a violarlas y matarlas. Aunque se ha avanzado muchísimo en combatir estos problemas, aún no podemos cantar victoria, ni bajar los brazos.

Esteban

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