Censo 2012: ser uno en diez millones

Posted on 21/11/2012

0


De entradita hay que saber reconocer que armar un censo nacional, aún en un país de “solo” diez millones de habitantes, no es tarea fácil. Más allá de las críticas y observaciones que uno pueda tener a la desorganización, a lo mal planteadas de algunas preguntas o al uso a o no de lápiz para llenar la boleta, creo que hay nomás que decir que ha habido – hasta el momento que escribo esto – muchas más luces que sombras.

El muchacho que nos censó en casa fue amable, sabía lo que tenía que hacer (no es ciencia oculta tampoco, pero alguna gente se quejó que le tocó un encuestador de bajas capacidades mentales), pero sobre todo estaba libre de toda sospecha de venir con malas intenciones del tipo masista, lo cual fue por supuesto un enorme alivio.

Y es que inevitablemente el enorme morbo provocado por una sañuda campaña opositora, en muchos casos mal intencionada aunque en otros más bien víctima de su propia credulidad, ha tenido que permear aunque sea un poquito. Ocurre que con el gobierno del MAS – y esto no es culpa de nadie más que de ellos mismos – toda acción, omisión o promesa es sospechosa, por más inocente que sea. El uso del lápiz, procedimiento absolutamente normal en cualquier encuesta o censo debido a que el bolígrafo no puede corregirse y puede generar errores en la transcripción de datos, se ha convertido en una profunda fuente de suspicacia, creyendo que alguien del gobierno se va a dar el trabajo de modificar las respuestas en unas tres millones de boletas censales – ¡absurdo!

Eso no quiere decir sin embargo que todo está bien. La pregunta 29 fue muy mucho absolutamente malintencionada, eso lo sabe usted caro lector tanto como yo, y tanto como el brillante estadista que la hizo plantear como está. Esa pregunta es una vergüenza y jamás debió haberse planteado de la manera que fue. El ninguneo descarado a, por lo menos, usando los datos del censo 2001, 40% de la población, que en realidad anda más por el 95% si uno quiere ser biológicamente riguroso, es algo que debe denunciarse a nivel internacional.

Por otra parte, el censo ha servido para desnudar un tema que en realidad no tiene nada que ver, como se han deshecho tratando de explicar, con toda razón, los responsables del INE, que es el tema de la repartición de los recursos públicos en un sistema de autonomías caótico, con una total ausencia de Estado o donde el propio gobierno local es el que estimula peleas artificiales para ver si pueden sacar unos miles de pesitos más al año, y que el gobierno ha fallado miserablemente en resolver a tiempo. Según la propia Ministra de Autonomías, 314 de los 337 municipios existentes no tienen sus límites definidos, lo cual es una bomba a punto de explotar. ¿Qué estamos esperando para resolver el problema? ¿Que estalle una guerra civil?

Más allá de estos problemas, muy serios y que deben tratarse con suma urgencia, es necesario repetir nomás el cursi cliché, porque es nomás cierto: Bolivia, una vez más, ha demostrado ser mucho más madura que sus líderes, tanto oficialistas como opositores. Algún día los “jefes” deberán aprender de un pueblo profundamente cívico (que no tiene nada que ver con himnos ni desfiles), solidario, consciente de la importancia de la democracia plena y dispuesto a defender sus derechos y libertades a cualquier costo y contra cualquier enemigo, incluso aquél que ganó las elecciones por mayoría arrasadora. FInalmente, un censo nacional no es más que eso: la reafirmación de la identidad propia, el derecho a decir “soy, y existo”, la construcción colectiva de lo que nos hace únicos.

Esteban

Anuncios