La crisis moral del Masismo

Posted on 05/12/2012

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Ninguna concentración de poder es revolucionariaProbablemente el título resulte engañoso: para que algo entre en crisis, tiene que haber existido antes. Y a estas alturas, uno se pregunta si alguna vez existió una moral masista. Desde conductores borrachos hasta extorsionadores seriales, desde conspiradores inescrupulosos hasta creadores de empresas fantasmas, desde Catler Uniservis hasta la represión de Chaparina, los casos escandalosos han estado presentes a diario.

No hay originalidad alguna en ello. La corrupción galopante ha estado incrustada en las esferas del poder en Bolivia desde siempre. Tampoco es justo generalizar: como en todos los gobiernos anteriores, hay buena gente y hay sinvergüenzas. Si algo hemos criticado siempre en este espacio es la horrible costumbre de juzgar y condenar a la gente por quién es y no por lo que hizo. Y aunque la tentación es enorme, no podemos caer en ese error.

Pero lo que ciertos mandos medios o medioaltos, incluso alguno que otro ministro, han hecho, no quienes son ni cómo piensan, basta para darse cuenta de los niveles ridículos que ha alcanzado la podredumbre del todavía naciente Estado Plurinacional. Se suponía que el fundamento principal de la “refundación” de Bolivia era destruir esas estructuras de poder patrimonialista que hizo y deshizo como le dio la gana por décadas, siglos incluso, de nuestra dramática historia. Hasta ahora, lo único que ha logrado ha sido un cambio de amos.

Tantos y tan graves han sido los pecados del masismo que uno tiende a caer en la tentación de extrañar a “los de antes”. Sin necesidad alguna de conspiraciones “derechistas”, “neoliberales”, “antipatrias”, no solo el gobierno actual, sino toda la concepción de este “proceso de cambio” hace aguas por todas partes. Si la República de Bolivia fue un estado fallido que duró 178 años, el Estado Plurinacional da señales de agotamiento a tan solo tres años de su creación formal.

Que los amigos opositores no canten aún victoria, sin embargo. Como partido político, como liderazgo del caudillo, el MAS sigue siendo muy fuerte – tan fuerte que veo casi imposible que pierda las elecciones del 2014. Tan fuerte que veo casi imposible que el gobierno se caiga antes de esas elecciones. Pero sí lo suficientemente débil como para poder apostar que, salvo masivo fraude de por medio –que sería bastante ingenuo pensar que ese riesgo no existe– no logrará la mayoría absoluta para ganar en primera ronda las elecciones.

Y esa ha de ser la clave para reconducir el país. El juego de balanzas y contrapesos que requiere cualquier sociedad democrática para sobrevivir puede –solo puede– restablecerse si existe la suficiente pluralidad política ahí donde la política debe hacerse, esto es, en la Asamblea Plurinacional, si existe la suficiente institucionalidad y la suficiente grandeza de quien sea electo como gobernante para dedicarse a hacer gestión y dejar la política a los políticos, y si, por primera vez en nuestra historia, se establece una verdadera justicia, imparcial, independiente, meritocrática, gratuita, contradictoria (que no con contradicciones, no es lo mismo), en la que el principal rol sea la protección del ciudadano frente al Estado y no al revés.

En efecto, no basta decir que la economía está muy bien (no les creo, hay un auge del consumo pero la productividad sigue siendo bajísima, el subempleo y la autoexplotación siguen dominando el mercado laboral y todavía somos incapaces de generar una economía de consumo interno, de valor agregado o que no dependa de exportar materia prima para importar productos manufacturados), que los hermanos indígena-originario-campesinos ahora tienen tractorcitos (sin estudio alguno de la capacidad de porte de arado de los suelos), o que hoy construimos carreteras a diestra y siniestra (incluyendo parques nacionales). Aún si todo esto fuera como lo pintan los masistas, que no lo es, el precio de perder por completo cualquier resquicio de democracia y Estado de Derecho que aún quedaba es, simplemente, demasiado alto.

Esteban

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