Un aniversario olvidado

Posted on 13/02/2013

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??????????????????????????Entre carnavales, asambleístas violadores, bomberos asesinos y papas abdicadores, parece que los bolivianos nos hemos olvidado que el nefasto Febrero Negro cumplió su décimo aniversario, sin que hasta ahora se tenga claridad de lo que sucedió, por qué sucedió y quién hizo que suceda. Lo que es peor, nadie ha sido condenado, ni de un bando ni del otro, por estos tristes hechos, por los 30 muertos ni por haber puesto uno de los cimientos fundamentales para la desinstitucionalización provocada por un gobierno populista-fascistoide contra el que rezongamos todos los días pero que no nos cuestionamos el cómo llegó a ser.

Los antecedentes de estos tristes eventos, que marcaron el principio del fin de los gobiernos genéricamente denominados “neoliberales”, van bastante profundo, y es algo que nos olvidamos muy fácilmente. Entre una crisis regional muy fuerte, que inicia en enero de 1999 con una fuerte devaluación del Real brasileño, que hizo temblar a todo el sistema financiero latinoamericano (¿Alguien recuerda las expresiones Efecto Samba y Efecto Tequila?), una serie de privatizaciones vergonzosamente fracasadas – especialmente la de SEMAPA en Cochabamba que derivó en la “Guerra del Agua” –, la absoluta incapacidad del gobierno primero de Bánzer, luego de Tuto y finalmente del propio Goni de ver más allá de sus propias rencillas internas, que generaron niveles de ingobernabilidad alucinantes y un déficit fiscal de 8,8% el 2002, la procrastinación sistemática y consecuente politización de la toma de decisiones sobre la exportación de gas natural a Estados Unidos, las razones del hastío popular eran evidentes. El FMI, haciendo gala de su conocida soberbia y su aplicación de “recetas” sin que necesariamente se hayan estudiado las circunstancias del país, había dado a escoger al recientemente reelecto Gonzalo Sánchez de Lozada dos posibles mecanismos para salir de la crisis: o imponía un “gasolinazo”, o aumentaba las recaudaciones tributarias, como condición para acceder a un crédito que permitiría recuperar el equilibrio fiscal. En retrospectiva, Goni debería haberlos mandado a pasear, con todo y su crédito. Pero es fácil hablar sobre cosas que no se hicieron en su momento, a pesar de que era a todas luces evidente que cualquiera de las dos opciones generaría una crisis política mayúscula, pues era exactamente la excusa que una oposición muy poderosa, rearticulada alrededor del “Estado Mayor del Pueblo”, estaba esperando para saltar a la palestra y recoger los mayores réditos que sea posible. A cualquier costo.

El manejo de la crisis política fue, por decirlo amablemente, de una absoluta incompetencia. Y aquí es donde, hurgando el baúl de los recuerdos, me animo a copiar lo que escribí hace exactamente diez años. El dolor, la ansiedad y la preocupación por lo que había sucedido no han desaparecido en la década transcurrida. Ni olvido ni perdón, justicia. Por cierto, ¿hasta cuándo tendremos que esperar que los culpables –los de ambos bandos – sean sentados en el banquillo de los acusados y se sepa, por fin, la verdad?

“La gravedad de los hechos del miércoles y el jueves me obligan a hacer un reporte no tan mordaz sino más bien largo para que nuestros queridos compas (…) No sé si corresponde decir que todo comienza con el anuncio del Gobierno de reformar el sistema de tributación sobre salarios (Régimen Complementario al IVA), de una manera que castigaba sobre todo a la clase media, que irónicamente era la única que más o menos aportaba al TGN. Probablemente el anuncio de esta propuesta (porque todavía debía ser discutida con el congreso) no fue más que el detonante del empute acumulado durante años.

En todo caso, recién empezada la semana se vislumbraba que el tema no iba a ser disputado tanto en los medios y las tertulias, como [lo iba a ser] en las calles. En todas las oficinas, fábricas y demás centros de trabajo empezaron a aparecer convocatorias a la movilización general para los días miércoles 12 y jueves 13. A diferencia de las anteriores marchas, estas se anunciaban multitudinarias, más aún con la participación de los funcionarios públicos.

Sin embargo, y esto nadie se lo esperaba, al Policía Nacional, organizada por el Grupo Especial de Seguridad (los famoso dálmatas”, se madruga a todo el mundo al amotinarse el martes 11 en la tarde, en defensa de los salarios de propios y ajenos (¿Pacos solidarios? Ahora lo he visto todo). De inmediato le siguen todas las unidades de la Policía en el país, con lo cual se hace raro ver a un policía en las calles. Sin embargo, hasta ahí, nadie parece extrañarlos demasiado (igual que en abril de 2000).

Al día siguiente, la debacle total. Los hechos son tantos y pasaron tan rápido que es difícil acordarse de todo, sobre todo de la cronología. En todo caso, esto es mezcla de lo que pude ver y testimonios de otros compas que también estuvieron por allí. Por lo tanto, si hay alguna imprecisión en el siguiente relato, wan deshcolpar.

A la madrugada del 12, la Plaza Murillo aparece resguardada por soldador de la Policía Militar, todos con la vista fija en el batallón del GES, sobre la calle Junín, a pocos pasos de la plaza. Se respira ya la tensión, más por la histórica rivalidad entre “verdes” y “plomos” que por otra cosa.

10 de la mañana. EL GES organiza una marcha de protesta sobre la propia Plaza, lo cual como sabrán es un lujo que pocos pueden darse. [Simultáneamente] una segunda manifestación, que nada tenía que ver con el “impuestazo”, organizada por la FENAENA (y pagada por el MIR) contra el Alcalde de La Paz, sube el clima de tensión, haciendo más evidente la falta de policías en la ciudad.

Poquísimos minutos después, los estudiantes de secundaria del colegio Ayacucho pasan corriendo por la Av. Montes en dirección a la Plaza Murillo, dizqué en defensa de los salarios de sus padres y maestros (y más probablemente agitados por algún “genio”). Los changuitos se infiltran en la marcha de los policías y empiezan a tirar piedras hacia el Palacio Quemado, lo que resulta ser una directa provocación a los PMs allí apostados.

10:40. Los PMs en defensa de Palacio comienzan a tirar gases hacia la manifestación mixta de policías y ayacuchenses, logrando su dispersión hacia el inmueble del GES. Algún brillante milico logra meter una granada de gas en el edificio, con lo que empieza la guerra de gases lacrimógenos.

11:30. La manifestación de los “alaciteros” rodea la Alcaldía, defendida solo por Guardias Municipales.

11:45. Parte del personal del GMLP es llamada a reforzar la guardia (incluído este reportero). Los ánimos están bien caldeados, peor aún con la infiltración de cuatro o cinco maleantes que se ponen a agitar a los artesanos. La guerra de gases sigue en Plaza Murillo.

12:15. Por la calle Mercado pasa un contingente completo de policías, que ignora completamente la manifestación de los artesanos y marcha a paso redoblado hacia la Plaza Murillo. Nos enteramos de que otros contingentes están tomando posiciones en las otras esquinas de la Plaza.

12:25. EL Ministro de Defensa Teodovich sale de Palacio para intentar apaciguar los ánimos de los militares. Sus órdenes increíblemente no son acatadas.

12:30. Llega toda la unidad de Radio Patrullas 110, con un ensordecedor ruido de sirenas y bocinas, armando un show que sólo logra poner más agresivos a todos. A la vez, las calles adyacentes a la Plaza se empiezan a llenar de curiosos, mientras la alcaldía sigue sitiada.

12:32. Algún “sarnita” se poner nervioso al ver a los 110 armados con pistolas 9mm y revólveres calibre .38. Aprieta el gatillo de su FAL… Bastó un tiro para lo que sigue.

Entre las 12:40 y las 13:30. Las balas empiezan a reemplazar las granadas de gas, en una confusión total. Los pM se repliegan a la recta del Palacio de Gobierno y la esquina de la Prefectura. Los PM pasan de una estrategia antimotines a una estrategia de guerra urbana. La tropa se parapeta en lo que puede de la parte del Palacio, la Prefectura, la Catedral y el Congreso, y se despliegan francotiradores en puntos estratégicos. La muchedumbre está en la Comercio, la Ingavi y la Mercado. Los policías dominan la Junín. Quien tome el Hotel París gana.

13:35. Cae el primer muerto. Se trata de un teniente de policía de apellido Tatón, que vestido de civil trataba de recuperar el frontis de la Catedral. Una bala le atravesó la sien, quitándole la vida instantáneamente. Pocos segundos después, cae un segundo policía.

14:30. Los artesanos que casi toman la alcaldía logran un acuerdo con el Alcalde y levantan el sitio. Sin embargo, un grupo grande de ellos, incluído el hijo de su máxima dirigente, quien habría de dejar allí su pellejo, decide ir a ver qué pasaba en la Plaza Murillo, a pesar que las ráfagas de armas automáticas se escuchan claramente desde la Mercado y Colón. Todas las oficinas públicas comienzan a ser evacuadas. A pesar de la balacera, la cantidad de civiles que atiborran las calles que rodean la Plaza sigue creciendo. No se trata de las organizaciones conocidas. La señora que va al mercado, el burócrata con su maletín, el lustrabotas forman una masa humana que pone más nerviosos a los PM. Comienzan a tirar contra los civiles.

Hasta las 15:30. Las balas silban al lado de la gente. Los periodistas se encuentran en medio del fuego cruzado, cubriéndose con la pared ubicada al sur de la Plaza Murillo. Caen los heridos y muertos de ambos bandos en un baño de sangre que parece salido de una película de terror de clase “B”. Según el testimonio de uno de los “curiosos”, al caer herido un policía, sale otro a rescatarlo, nada más para encontrarse con una bala que le destroza el cráneo. No era una bala perdida: el hombre fue asesinado a mansalva por un francotirador. A tres pasos del caído, la delegación de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos trataba de entablar una tregua. Ya habían caído ocho muertos y como treinta heridos, incluyendo niños.

15:50. Se da el cese al fuego, en espera del mensaje presidencial anunciado para las 16:00. El Palacio queda vacío, y en los hechos durante el par de horas de la balacera no había gobierno. y no había tampoco quién lo tome (¿Felizmente?). El cese al fuego es parcial, sin embargo. Sacha Llorenti (de la APDH) denuncia que hay alguien que no quiere paz, y los francotiradores siguen bajándose a quien se asome.

16:30. Por fin el mensaje presidencial: se retira el proyecto de ley del presupuesto, por lo que no debería haber ya razón para el enfrentamiento. Sin embargo, el despelote sigue. Arengados irresponsablemente por Evo Morales y Jerjes Justiniano, se anuncia que el enfrentamiento no ha de cesar hasta que renuncie el Presidente. Los policías reinician la balacera por media hora más.

17:45. Un grupo de gente, con intenciones claramente políticas (o sea, no precisamente simples vándalos) ataca el Ministerio de Trabajo, logrando romper la puerta, y comienza a tirar papeles y muebles a la calle. Alguien saca su encendedor…

18:10. El Presidente de nuevo da un mensaje  a la naci´´on, esta vez flanqueado por el Comandante de la Policía y el Comandante de las FFAA. Se ha logrado un acuerdo, y la tropa debe replegarse inmediatamente. Desde la base del GES se escuchan vítores y aplausos. Sin embargo la jornada no ha acabado, ni mucho menos.

18:20. El Ministerio de Trabajo arde en llamas. Pocos segundos después, la misma turba se dirige a la Vicepresidencia, saquea, rompe e incendia. Los siguientes objetivos serán la sede de la UCS, la sede del MIR, la “Casa Rosada”, el Ministerio de Desarrollo Sostenible y poco a poco los comercios ubicados en el centro.

20:00. La total ausencia de uniformes estimula a grupos de changos de la calle, y con ellos a gente de todo tipo y calaña, a saquear y pillar todo lo que puedan, y la violencia se expande como una enfermedad. Para la media noche, todo el centro de La Paz, la Ceja de El Alto, y algunos barrios de Cochabamba son presa del pánico por la turba que al mejor estilo de la Marabunta arrasa con todo lo que encuentra a su paso. En el peaje de la Autopista no queda ladrillo sobr ladrillo, y hasta los cajeros automáticos desaparecen enteritos.

La embriaguez del poder destructor dura hasta eso de las 15:30 del día siguiente. Aunque nunca llegaron ni a San Jorge, la zona Sur enterita está en pánico, las familias se encierran y pocos se animan a salir a la calle. En la Eloy Salmón, los vendedores deciden armarse, ejemplo que es seguido en otros lugares, lo cual trae más muerte. Con todo, con estas más de 24 horas de violencia y total falta de gobierno, han caído al menos 33 personas y más de 130 han sido heridas. Calculo que los daños materiales pasan de los 15 millones de dólares.

Pero la verdadera consecuencia es otra. Los paceños hemos perdido la inocencia. Después de más de 20 años, hemos conocido de nuevo el olor dulzón de la sangre. Nos hemos desvirginado. La pregunta ahora es ¿qué sigue? ¿Dejamos que los viejos se sigan equivocando? ¿Permitimos que la dialéctica en vez de ser un ejercicio democrático se convierta de nuevo en guerra de pensamientos? ¿Nos censuramos? ¿Ofrecemos nuestras vidas? ¿No hacemos nada?”

Esteban

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