Clear and present danger o el derecho de asustar al mundo

Posted on 06/04/2013

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Kim Il-YongNo me sorprende que el club de presidentes no alineados no se haya pronunciado sobre la retórica belicista de Kim Yong-Un, salvo un timorato “yo conocía a su abuelito” de parte de Fidel Castro. Aparentemente, hasta los más radicales antiimperialistas autoproclamados, incluyendo el nuestro propio, prefieren ser cautos a la hora de defender la actitud camorrera de Pyongyang.

Y es que el joven presidente norcoreano francamente no ha hecho absolutamente nada para merecer el cargo. Si bien, en la lógica de estos líderes, el ganar elecciones y ser electo es optativo, tampoco Kim ha sido dotado de manera alguna con méritos revolucionarios, antecedentes de lucha popular o combatividad nacionalista previos a su posesión como líder absoluto de su país. De hecho, incluso los antecedentes de su abuelo, Kil Il-Sung, son dudosos, al punto que algunos historiadores rusos, entre los cuales está su supuesto mentor, Grygory Mekler, señalan que Kim Il-Sung fue un impostor fabricado desde cero por el gobierno soviético. Aún si esto no fuera cierto – el tema aún se disputa hoy, veinte años después de su muerte – y el primer Kim hubiese realmente sido un héroe de guerra, autor de la independencia tras cuarenta años de despótico dominio japonés, esos méritos no son hereditarios. Kim Yong-Il, hijo de Kim Il-Sung y padre del changuito que hoy por hoy tiene al mundo entero con el Jesús en la boca, no tuvo nada que ver con la independencia norcoreana, mucho menos Kim Yong-Un, el nieto, que nació cuando el régimen de su abuelo estaba completamente consolidado y que no ha tenido que mover un solo dedo para convertirse en amo y señor de su país, tal cual las monarquías despóticas erradicadas del resto del mundo ya hace muchísimo tiempo.

De ello sin embargo deriva su absoluta necesidad de demostrar su fuerza y liderzago, en pura y cínica defensa de su cargo y nada más que su cargo. Un hombre inteligente podría legitimarse como líder de su nación de muchas maneras más productivas, como movilizar a su pueblo para combatir el hambre y la miseria en las que se halla sumido, desarrollar una fuerza industrial o crear un paradisíaco país agrario. Pero Kim no es un hombre inteligente, y actúa como lo haría cualquier bully en cualquier escuela secundaria del mundo: usando la intimidación y la violencia como su único argumento.

Hay que hacer notar acá que la soberanía y la independencia de Corea del Norte no están bajo amenaza alguna. Estados Unidos, el mayor bully del mundo, no tiene interés alguno en esa parte de la península de Cho-son. No hay recurso mineral, energético o renovable alguno del cual sacar provecho o ventaja. Pero sí hay una obligación diplomática generada en el armisticio del 27 de junio de 1953 de defender a Corea del Sur. Y por supuesto, esa doctrina tan odiosa que tienen los gringos de creerse la policía del mundo. Un ataque contra Corea del Norte está pues fuera de toda cuestión para los Yunáited Estéits, pero tampoco se van a quedar cruzados de brazos mirando cómo su aliado es atacado, peor si es con bombas nucleares.

La necesidad, pues, de legitimarse en su país pudiera ser la debacle del propio presidente Kim. La retórica tan agresiva de estos últimos días debe manejarse con mucho cuidado, pues cualquier paso en falso puede acabar en desastre, y quien levaría la peor parte es precisamente el que está provocando el desbarajuste. El bullying funciona solo cuando las víctimas son más débiles y están demasiado atemorizadas para hacer frente al abusón, pero fracasa estrepitosamente si se ejerce contra alguien más fuerte, o contra alguien más débil pero que tiene amigos más fuertes. Por ello, soy optimista, y creo que todo este montaje acabará en nada. Esto es, siempre y cuando a nadie se le ocurra apretar el botón. Y con gente como Kim Yong-Un, no hay garantía alguna de que ello no vaya a ocurrir.

Esteban

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