“El supuesto caso de terrorismo”

Posted on 17/04/2013

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Un error gramatical común entre los periodistas bolivianos es confundir la expresión “el supuesto caso de…” con “el caso de supuesto…” (indistintamente, podríamos referirnos también al “presunto caso de…”). La diferencia no es sutil. Algo supuesto o presunto es algo que “no se expresa en la proposición, pero es aquello de que depende, o en que consiste o se funda, la verdad de ella” (DRAE 2009). Es una hipótesis sobre la que se construye una afirmación, sujeta a ser comprobada. Por supuesto, lo que hay que comprobar es el hecho supuesto o presunto, no la existencia del caso.

No obstante, y por pura serendipia, en el culebrón que gira alrededor de Eduardo Rósza y los hechos del hotel Las Américas, que cumplen su cuarto año este 16 de abril, la hipótesis a comprobarse, aparentemente, es la mismísima existencia de un caso (policial, judicial). Y es que desde el 2009 a esta parte, hay muchas preguntas y casi ninguna respuesta sobre el tema. ¿Quién contactó a Rózsa? ¿Quién lo trajo? ¿Para qué fin? ¿Con qué dineros? ¿Quién era realmente Rósza y qué estaba haciendo en Bolivia? ¿Quiénes eran las personas que lo acompañaban? ¿Quién puso la bomba en la puerta del Cardenal Terrazas? ¿Qué relación tuvo con el asunto Jorge Calvijo? ¿Cómo murió este último – asumiendo que sí era su cuerpo el groseramente exhibido por la Policía Boliviana? ¿Por qué emerge insistentemente una y otra vez el nombre de Raúl García Linera en este caso? ¿Por qué la proposición acusatoria del Ministerio Público contra el grupo de Rózsa está fechada dos días antes de los hechos del hotel Las Américas? ¿Cuánto sabía del tema el entonces Prefecto Rubén Costas, en su calidad de Comandante Departamental de la Policía? ¿Cuánto sabía el gobierno central? ¿Cómo murieron los miembros de la supuesta célula terrorista? ¿Murieron en el fuego cruzado o fueron ejecutados? ¿Quién dio la orden de allanar el hotel? ¿Qué relación tenía “el Viejo” con el grupo y con el Ministerio de gobierno? ¿Era un infiltrado en la célula, un informante o un traidor? ¿Qué sabe el todavía fiscal Marcelo Soza de todo este embrollo? ¿Por qué hasta ahora no se ha aceptado su renuncia? ¿Por qué ahora Soza debe enfrentar un proceso penal? ¿Es o no es la voz sin editar de Marcelo Soza la que se escucha en las dos grabaciones presentadas por una senadora opositora, ella a su vez seriamente cuestionada por supuestos hechos de corrupción?

Hasta ahora, no sé, ni creo que nadie sepa fuera de los directamente implicados, de una sola prueba contundente e incuestionable, de un lado o del otro. Solo hay dos hipótesis que se manejan, ambas de manera profundamente política y por ende sin criterio científico alguno de búsqueda de lo que los abogados llamamos la “verdad histórica”: Una, defendida por el oficialismo, señala que el grupo fue contratado como punta de lanza de un ejército irregular con la intención de iniciar una guerra civil independentista desde Santa Cruz, y que fue desarticulado por el uso legítimo de la fuerza cuyo monopolio corresponde al Estado. La otra, defendida por la oposición, dice que el grupo fue contratado con esa intención, pero por el propio gobierno a través del hermano del Vicepresidente, tendiéndoles una trampa mortal como excusa para destruir a la oposición regional, terrorismo de Estado y ejecuciones sumarias de por medio. Ambas, sin prueba alguna que respalde con certeza nada más que la pura especulación, son en todo caso muy buen material para un guión de película. Ojalá nadie me robe la idea y me gane en escribirlo.

Esteban

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