No es es lo mismo elección que Democracia

Posted on 25/04/2013

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Mafalda EleccionesA la luz de las elecciones recientes, y muy diferentes entre sí, que se realizaron en Venezuela y en Paraguay, surge la cuestión de la condición necesaria pero no suficiente de celebrar elecciones periódicas para nombrar autoridades de manera democrática. Y es que no es, pues, lo mismo tener elecciones que tener Democracia (así, con mayúscula).

Demasiado seguido los gobiernos, no solamente latinoamericanos, utilizan como prueba absoluta e irrefutable de que son “democráticos” el hecho de que cada cuatro, cada cinco o cada seis años se celebran elecciones generales. Y punto. Ningún otro argumento. Nada sobre pluralidad democrática. Nada sobre representatividad. Nada sobre institucionalidad, credibilidad o transparencia. Nada sobre rendición de cuentas, libertades individuales, desconcentración del poder, alternancia, independencia de los poderes, poder ciudadano individual, acción colectiva. O a veces unito de estos, para adornar (el último, acción colectiva, por ejemplo, es usado por los regímenes del “Socialismo del Siglo XXI” como banderita, pero en realidad no son más que movilizaciones de su propia gente para darse un baño de pueblo).

Y vemos claramente los efectos, muy peligrosos, de estas terribles carencias. En Venezuela, esta democracia puramente nominal costó vidas. Muchas más que las ocho segadas el 15 de abril pasado. En Paraguay, las cosas se desarrollaron en paz, pero permitieron que el partido Colorado, en el poder desde siempre, relacionado con las dictaduras militares, con las mafias y con los dueños de todo lo que hay – posiblemente Paraguay es hoy el país más feudal de Sudamérica, incluso más que Brasil y Chile, que al ser más industrializados tienen una economía más urbana – y cuya cortísima pausa en el poder se convirtió rápidamente en desastre (Lugo fue derrocado legalmente, hay que decirlo, pero tras tres años de permanente acoso político que no lo dejó gobernar, tal vez felizmente, porque un genio no era). En ambos casos, las elecciones se realizaron. En ambos casos, con alta participación del electorado, con campañas irrestrictas aunque con ventajas injustas, en Venezuela por el uso descarado del aparato estatal, en Paraguay por el enorme poder económico de los dos candidatos más votados. En el primer caso con sospechas de fraude. En el segundo con claro prebendalismo. En ambos, formalmente los presidentes electos son reconocidos por el resto de los países (excepto que Maduro  no es reconocido por Estados Unidos, lo cual hace un muy flaco favor a la oposición tanto en Venezuela como en el resto de los países del ALBA – Washington debería mantener la boca cerrada). En ambos, la institucionalidad democrática, más allá de lo formal, queda en seria duda.

Si alguien preguntara “¿Es Latinoamérica democrática?”, habrá nomás que responder con un muy argentino, “Y… masomeno”.

Esteban

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