¿Importa más la lucha que la causa?

Posted on 16/05/2013

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COBEn los días que han precedido al momento que se escriben estas líneas, se ha producido en Bolivia una feroz movilización obrera convocada por la COB, exigiendo “jubilación al 100%”, consigna que probablemente no ha sido entendida a cabalidad por los propios movilizados. Y es que, a veces, la lucha es más importante que la causa. Como decían los estudiantes de la Sorbona en 1968: “Seamos realistas, pidamos lo imposible”.

El meollo del problema, eso es, el meollo visible, es que en el actual sistema de pensiones muy recientemente implantado, la pensión mensual que recibirá un trabajador al momento de jubilarse es una fracción del último sueldo que recibió cuando trabajaba, a pesar de que supuestamente el nuevo sistema combina lo mejor del sistema de reparto, existente hasta los años 90, con lo mejor del sistema de ahorro individual, existente desde los 90 hasta hace más o menos un año. Con el nuevo sistema, se crea un fondo solidario generado para compensar a quienes no contaban antes con jubilación (esencialmente autoempleados) o a quienes tienen jubilaciones muy bajas, pero ese fondo solidario tiene un costo muy alto para el Estado que se compensa en parte con el recorte de la pensión de jubilación de quienes ganan un poco más. Y, como ocurre inexorablemente con cualquier recorte a beneficios sociales, los perjudicados se crispan, se enervan y presionan por todos los medios a su alcance.

¿Egoísta? Sí, sin duda. Y sin embargo, no se puede esperar, en ninguna sociedad del mundo, que una persona resigne sus ingresos por puro altruismo. Eso simplemente no ocurre. Pensar que la COB se desmovilizará porque se le explique que la platita del fondo solidario debe servir al resto de la población es, por usar una palabra amable, ingenua.

Pero es mucho más importante en este conflicto lo que está por detrás. Y por detrás existe un fuerte grupo de presión, la vanguardia obrera, que se ha sentido excluida de la supuesta “revolución democrática y cultural”, al punto que está organizando su propio partido político ante lo que consideran es el fracaso del “proceso de cambio”. Acá no hay afanes golpistas ni conspiraciones internacionales que valgan, sino que la causa profunda de la crisis actual está en el propio partido de gobierno, que por su angurria de poder ha generado una nueva élite, nacida de la indefinible entelequia llamada “movimientos sociales”, que no es más que un conjunto de organizaciones corporativas mayormente campesinas y comerciantes, cuyos miembros son dueños de sus medios de producción, por lo que no pueden considerarse como proletarios, que ha visibilizado y se apoya en una burguesía que ya existía antes pero era subterránea, y cuyos intereses son, de manera diametralmente opuesta a su propio discurso, neoliberales hasta la médula.

¿Es por tanto política esta huelga? Por supuesto que sí. Pero a fin de cuentas, ¿qué movilización obrera no lo es? El sindicalismo es por definición una forma de hacer política, distinta a la política partidaria, en la que también a veces participa, pero cuyos fines van desde la imposición de políticas públicas hasta la misma toma del poder, o en el caso del anarcosindicalismo la destrucción de dicho poder. En todos los casos, son pues acciones puramente políticas. No por ello, como han pretendido los gobiernos neoconservadores del pasado reciente y como pretende hoy el gobierno autoproclamado “socialista”, la movilización obrera es menos legítima. Si así fuera, qué acción obrera sí sería legítima, ¿el campeonato de fútbol?

La extrema dificultad que tiene el gobierno para salir del problema es, precisamente, esa negación de la verdad. Y es que la política social es como el alcoholismo: hay que admitir que se tiene un problema para poder solucionarlo. Mientras en su soberbia el gobierno siga persiguiendo fantasmas, minimizando la fortaleza de la movilización y evitando darse cuenta de que ha excluido por completo al proletariado de su “proceso de cambio”, tal vez el actual incendio pueda controlarse, pero será solamente una solución temporal y la olla seguirá acumulando presión hasta explotar. Y ahí sí, el Presidente tendrá que preocuparse de verdad por no perder su silla.

¡Ah! Por cierto, algo de educación para nuestros gobernantes: Un golpe de Estado se da cuando el orden constitucional se subvierte desde adentro del mismo Estado, por alguna de sus instituciones, normalmente pero no necesariamente sus Fuerzas Armadas. Cuando la subversión viene de la población civil, aún si buscara la destitución del gobierno, cosa que no ocurre en este escenario, puede hablarse de “sublevación”, “revolución”, incluso “guerra civil” en el peor de los escenarios posibles, pero no de golpe de Estado. No es pues lo mismo. Si lo fuera, octubre del 2003 y junio del 2005 también fueron golpes de Estado.

Esteban

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