Esa pequeña cosa llamada responsabilidad

Posted on 22/05/2013

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ResponsabilidadEl muy lamentable ataque de un perro a una niña en El Alto en pasados días ha sido el detonante de un debate muy interesante generado en las redes sociales, del cual participé, entusiasta, pues era una excelente ocasión para volver a poner en mesa el vital problema de la responsabilidad, en el sentido estricto – jurídico del término.

Y es que el tema, a pesar de tener no siglos sino milenios de antigüedad, increíblemente no se comprende aún en Bolivia, porque no hay peor entendedor que el que no quiere entender. La responsabilidad en términos jurídicos difiere de la responsabilidad latu sensu, en que si bien ambos implican asumir las consecuencias de los actos propios, éste se entiende en términos morales y personales, mientras que aquél es una reacción de la sociedad organizada que demanda una reparación monetaria de todos los daños causados, incluyendo daños psicológicos, la pérdida de la posibilidad de generar ganancia (lucro cesante) o la pérdida de la posibilidad futura de ejercer un derecho (daño emergente).

Y es en esta última acepción que los bolivianos tenemos terribles carencias. Las personas no somos, por lo general, responsables ante otras personas – como lo ilustra perfectamente el caso de la infortunada niña –, y es sumamente raro ver que un particular repare un daño severo a otro (en las cosas chiquitas sí existe la figura, aunque siempre mal comprendida, por ejemplo en los accidentes de tránsito donde la policía debe determinar qué grado de responsabilidad corresponde a cuál conductor, pero luego se deforma la figura cuando la responsabilidad se reparte por criterios arbitrarios, la misma norma establece un mínimo para ambos conductores de manera que nunca es entera responsabilidad de uno solo, y para colmo el solo hecho de chocar es una infracción de tránsito pasible a multa, con lo cual la gente prefiere evitar denunciar los accidentes a tránsito). En el caso que provoca el debate, el perro es una cosa semoviente (aunque chillen los defensores de los derechos de los animales que no entienden que si se les otorga derechos como si fueran personas también tendrían que adquirir obligaciones), y los dueños de las cosas son responsables por los daños que sus bienes provoquen. Si el árbol de mi huerta daña los cimientos de mi vecino, es mi responsabilidad, lo la del árbol. Si cae una teja de mi techo y golpea a un transeúnte es mi responsabilidad, no la de la teja. Si mi perro muerde una niña, es mi responsabilidad, no la del perro. Por lo mismo, sacrificar al perro, aparte de impedir que el hecho vuelva a suceder, no compensa para nada a la niña.

Pero con un sistema judicial anquilosado, caro, atorado, parcializado y desprestigiado, no hay quién determine esta responsabilidad.

Peor aún, la niña en cuestión aparentemente estuvo ocho horas en un centro de salud esperando ser atendida en oro centro más especializado. Si la intervención oportuna de los galenos hubiera podido aumentar las probabilidades de recuperación exitosa de la niña, ¿no estaríamos frente a un caso de responsabilidad del Estado? La Constitución señala a la vida y a la salud como derechos fundamentales. Es obligación del Estado garantizar la prestación de servicios destinados a preservar esos derechos. Pero la falta de infraestructura, de equipamiento, de ítems o, mucho peor, la negligencia en la atención de emergencias, son caso típico de lo que los franceses han llamado “faute de service” (algo así como “falta de servicio”) y que es una de las principales figuras por las que el Estado debe compensar monetariamente a la víctima. ¿Sucede eso en Bolivia? Hasta donde sé, jamás se ha dado la figura. Si el ciudadano es irresponsable en nuestro país, el Estado lo es aún más.

Esteban

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