Del ambiente su medio

Posted on 05/06/2013

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imagenesComo el caro lector ya se habrá dado cuenta, hoy 5 de junio se celebra el Día Internacional del Medio Ambiente. Más allá de las cursilerías que se repiten automáticamente cada que es el día de algo, como que esto se debería celebrar todos los días y etcétera etcétera, hay nomás que reafirmar la idea siguiente: Es un día de reflexión. Oh, sí.

El problema más grave, amable lector, no es ni la contaminación del agua, ni del aire, ni de la tierra, ni el calentamiento global, ni la deforestación. El problema principal es que necesitamos un día especial en el año para acordarnos que este es nuestro único planeta y que lo estamos destruyendo, un día en el que podamos pronunciar discursos rimbombantes, abrazar árboles y maldecir a todos esos pinches capitalistas depredadores que nos están arruinando nuestro hogar. Y pasado el 5 de Junio, seguimos con exactamente las mismas actitudes, botando la basura donde sea, consumiendo como si el fin del mundo fuera mañana, desperdiciando el agua,  usando el auto para ir a comprar el periódico a la esquina, echando químicos venenosos al agua, lavando nuestra ropa en el río, encendiendo todos los aparatos eléctricos al mismo tiempo, en fin, haciendo todo lo que permite que estemos como estamos.

Por supuesto que las grandes corporaciones contaminan y depredan mucho más que cada individuo, por supuesto que la pobreza y la injusticia social son el principal factor de la degradación del ambiente, por supuesto que la mentalidad judeocristiana nos dice que el mundo es nuestra propiedad y podemos disponer de él como nos dé la gana. Pero nada de eso nos exime a ninguno de nosotros de nuestra cuota de responsabilidad. Esta mañana escuchaba en los medios a algún entrevistado, cuyo nombre no recuerdo, que afirmaba que nuestra pobre y pequeña Bolivia es la víctima de la contaminación de los otros países. ¡Vaya manera de rehuirle a nuestra propia responsabilidad! Pero sobre todo ¡vaya muestra de cómo nuestros prejuicios nos impiden ver la realidad! En realidad, más allá de los discursos pachamamistas y el esotérico “vivir bien”, Bolivia no está ofreciendo ninguna solución. Desde carreteras que parten por la mitad a los parques nacionales hasta las plantas de celulosa en el Chapare, desde el apuro por explotar hidrocarburos en áreas protegidas hasta la insistencia con la que los paceños exigimos que se realice el criminal proyecto del Bala, desde rasgarnos las vestiduras por el paso del Dakar hasta cambiarle el aceite al auto en plena calle, desde nuestra resistencia a establecer sistemas de transporte masivo hasta la persistencia con la que chaqueamos cada invierno, desde el poquísimo apoyo a la investigación científica destinada a mitigar los impactos de nuestra actividad hasta nuestra enorme ignorancia reflejada en la creencia de que ambientalismo es defender a las palomitas de la Plaza Murillo, desde el uso recurrente del DDT como pesticida hasta la hipocresía de oponerse a todo transgénico sin saber realmente qué son ni porqué existen, las evidencias son absolutamente claras: lo único que nos salva de estar entre los peores contaminadores del mundo es nuestra pequeñísima escala.

En materia de destrucción del medio ambiente, Bolivia es, duele decirlo, tan culpable como cualquier otro país del planeta.

Esteban

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