La @Revolución no se #televisará

Posted on 12/06/2013

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edward-snowdenNo se televisará, pero será transmitida en vivo por las redes sociales a través de Internet. Las experiencias de la primavera árabe, de la resistencia – fallida pero resistencia al fin – contra las reelecciones truchas de Majmud Ahmadineyad o Nicolás Maduro y la crisis política tailandesa de 2008-2011, o incluso nuestra propia movilización en defensa del TIPNIS, todas han sufrido cierto grado de censura y manipulación en los medios masivos de comunicación, a favor o en contra, pero todas también se han difundido auténticamente, sin filtros ni “línea editorial” a través de Facebook, Twitter, Youtube e incluso Instagram.

Y los gobiernos del mundo han tomado nota. Incluso los gobiernos más autoproclamados “democráticos” – insisto en lo de autoproclamados – han intentado y aún intentan controlar estos nuevos medios de comunicación en donde, aunque todas pertenezcan efectivamente a grandes corporaciones capitalistas, el protagonista son los usuarios y no los administradores. Estos gobiernos se han dado cuenta del poder de convocatoria que puede generar un mensaje que se convierte en “viral”. Se han dado cuenta también que tras la falsa sensación de anonimato que generan estas redes los usuarios tienden a ser menos cautos en sus afirmaciones, sean ideológicas, religiosas o simplemente de frustración y hartazgo respecto a sistemas políticos cada vez más deslegitimados. Se han dado cuenta que las redes sociales son en sí mismas una revolución, una revolución que amenaza muy seriamente su poder, su sistema de reproducción de ese poder, y finalmente su propia estabilidad.

Por ello resulta tan importante defender a capa y espada la libertad en estos medios. Por eso es central la protección de Edward Snowden, mucho más incluso que la de Julian Assange. Y es que acá hay una diferencia radical: Assange es un teórico de la conspiración, y su página, Wikileaks, si bien ha permitido el acceso a documentos muy comprometedores sobre el comportamiento de ciertos gobiernos, especialmente el norteamericano, también publica “pruebas” sobre el gobierno oculto de los Illuminati o la inminente invasión extraterrestre, por lo que su credibilidad es muy relativa. En cambio, Snowden ha difundido una denuncia absolutamente seria, creíble y documentada, que además de evidenciar un comportamiento criminal de parte de las agencias de inteligencia de Estados Unidos, ha generado un desasne general entre los propios usuarios de las redes sociales que creían ingenuamente que todo lo que publicaban ahí era íntimo, secreto y sujeto a las leyes de propiedad intelectual, algo que hace rato venimos advirtiendo que es totalmente falso, aunque siempre creímos que el uso de esta información era puramente comercial.

Sobre este tema, hay que hacer un apunte adicional. Una cosa es que utilicen nuestra información personal referida a perfiles, gustos, preferencias e intereses para mandarnos publicidad dirigida, lo cual no pasa de ser una molestia, una incomodidad. Otra muy diferente es vigilar quién dice qué sobre qué temas para armar prontuarios políticos de los usuarios de las redes sociales, prontuarios sobre los que luego pueden tomarse decisiones que van en detrimento de los derechos de dicho usuario, por ejemplo restringiendo su libertad de locomoción o negándole el ingreso a determinado país solo por sus opiniones políticas. Esa actitud es la netamente criminal, la que debe perseguirse judicialmente en los países donde se produzca. Por desgracia, los gobiernos autoproclamados “democráticos” suelen invertir la figura en estos casos, protegiendo al denunciado y persiguiendo al denunciante.

Esteban

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