Chachapuma, o cómo desvestirse, agacharse, dejarse ultrajar por el Estado y estar feliz por ello

Posted on 20/06/2013

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ChachapumaNo, no es solamente un problema boliviano. El reciente escándalo con la NAS americana, la violenta represión en Turquía y en Brasil o la militarización de las ciudades venezolanas son otros ejemplos crudos. Pero uno tiene que hablar de lo que mejor conoce, eso suele ser su propio país.

El reciente y muy aplaudido plan Chachapuma logra titulares en primera plana, ovaciones de pie de los medios audiovisuales y una alegría generalizada de la ciudadanía. Cierto, la sensación de inseguridad había llegado ya a niveles sin ningún precedente en nuestro país, pero nadie se detuvo a pensar el porqué. Y no es casualidad. Una mezcla de inseguridad auténtica, es decir, niveles de criminalidad que aumentaron, aunque mucho menos de lo que nos quieren hacer creer, con un morbo amarillista cada día más desvergonzado de parte de los medios, una actitud muy inteligente y a la vez muy inmoral de un gobierno que no puede esperar para seguir aumentando su poder, y una oposición tremendamente estúpida que ha caído redondita en la trampa, son los ingredientes para el veneno que nos han hecho tomar. Cereza sobre la torta, agréguese un comandante de la policía, tan voluntarioso como obtuso, para darle ese toque final que hace irresistible a la receta envenenada.

No me malinterpreten. A los criminales se los tiene que detener, juzgar y condenar como mandan las leyes. Pero esto solamente es una contención. La verdadera protección a la gente viene de otro lado, y un 100% de repetición de los mismos resultados ante los mismos estímulos en el mundo entero, sin si quiera un pequeño margencito de error, lo demuestran: el palo no disminuye la delincuencia, pero la falta de palo deja que crezca más. Lo único que disminuye la delincuencia es la cohesión social. Funciona así en todo lado. No conozco un solo ejemplo en el mundo entero y en la historia de la humanidad en que la delincuencia se haya comportado de otra manera.

Pero acá hay algo peor. Cuando la gente tiene miedo, tiende a rendir sus libertades, a aceptar comportamientos prejuiciosos, a aplaudir actitudes totalitarias y a celebrar la injusticia. Alguna vez leí que la diferencia entre los humanos y las hormigas es que una hormiga es increíblemente estúpida pero un millón de hormigas son increíblemente inteligentes, mientras que con los humanos es al revés: un humano es increíblemente inteligente, un millón de humanos son increíblemente estúpidos. Y cuando un millón de seres humanos, o dos, o diez, o cien millones, tienen miedo, voluntariamente se sacan el pantalón, se agachan y… Bueno, ya saben.

¿Prueba de ello? Les doy tres. Primero, ha vuelto la manía que tenían los gobiernos militares de cargarse a toda persona que no porte su documento de identidad. Corríjanme si estoy equivocado, pero en Bolivia que yo sepa eso no es delito. Ni siquiera si uno es menor de edad. A lo mucho, será una falta administrativa. Y ojo que la Ley de Procedimiento Administrativo expresamente dice que las faltas administrativas solo son sancionables con multa, jamás con privación de libertad. Segundo problema: Si hay menores de edad bebiendo alcohol, ¿de quién es la culpa? ¿Y cómo se sanciona? A los padres, que son los tutores legales de los adolescentes, nadie les dice nada. Al dueño del boliche sí le dan sanciones administrativas, no lo llevan al calabozo. Pero a los jóvenes que estaban bebiendo, ah, a ellos sí se los cargan, sin posibilidad alguna de defensa. Tercer problema: Todo es culpa de los colombianos. Antes eran los peruanos, pero el efecto es exactamente el mismo. A título de seguridad, dejamos que la policía e incluso el Ministerio de Gobierno alimenten el odio xenófobo, con enemigos además inventados. ¡Un delincuente es delincuente sea de la nacionalidad que sea, no es la nacionalidad la que determina el delito! Eso se lama discriminación.

Pero es que como ocurre en todo gobierno demagógico y populista, en la fase previa del fascismo, todo esto es parte del plan. La gente tiene que tener miedo, así es más sumisa. Les metemos el discurso de la inseguridad ciudadana pero no atacamos las causas de la inseguridad, solo mantenemos cierto control para dar una apariencia de que el gobierno es imprescindible.

Esteban

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