Marx no lo explica todo

Posted on 26/06/2013

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movimientos-socialesPara los analistas políticos que se formaron en un mundo bipolar, explicarse el mundo actual, y en especial explicarse los movimientos sociales actuales (que no son lo mismo que los “Movimientos Sociales” que conforman la base política del MAS, por si acaso), es un ejercicio que raya en la ininteligibilidad. Algunos de ellos, personas a las que respeto mucho, publicaron abiertamente que no entendían lo que estaba ocurriendo en Brasil.

Por supuesto, cuando el mundo solo se entiende por la interpretación marxista, en la que caen incluso los más avezados capitalistas que aprendieron su oficio en tiempos de la guerra fría, resulta imposible entender que una movilización tan espontánea como la brasileña pueda explotar en contra de un gobierno de izquierda, peor uno que fue tan exitoso según su propia interpretación. Y sin embargo, es muy fácil de entender: Brasil ha tenido un enorme éxito en términos puramente económicos, pero no ha logrado ir resolviendo al mismo ritmo sus múltiples taras sociales. Y un partido, por más izquierdista que se autodenomine, incrustado en el poder desde hace 10 años no puede sino perder contacto con la realidad, creerse su propia propaganda y ver conspiraciones ante cualquier crítica.

¿Es un país único el Brasil? No, hemos visto el mismo tipo de crisis una y otra vez.  Y en ese entonces, los analistas bipolares no entendieron lo que estaba sucediendo. Pasó en agosto de 1963 en Estados Unidos, en mayo 68 en Francia, pasó en octubre del mismo año en México, en junio de 1989 en China, en diciembre de 2010 en Túnez y un mes después en Egipto…

Un analista tradicional buscaría si estos hechos tienen en común las tendencias entre “izquierdas” y “derechas” de los gobiernos y de la organización de los movimientos, y fracasaría. Salvo la masacre de Tlatelolco, donde sí los marxistas tuvieron mucho que ver en el movimiento universitario previo al desastre, y donde por cierto la gente había aprovechado la ventana de los Juegos Olímpicos para hacer oír su voz, en todos los demás, y en gran parte en el mismo México aunque sin asumir liderazgos, todos estos movimientos fueron enteramente cívicos, ni siquiera sindicales, y tenían reivindicaciones sociopolíticas y de reconocimiento de derechos, no reclamos económicos. En todos estos casos el principal bien defendido fue la libertad ante estados represores, corruptos e injustos. En todos estos casos la educación fue un tema central. Y en todos estos casos se trata de movimientos más bien de clase media, no tanto de trabajadores, que tras periodos de bonanza sienten que su Estado les ha fallado, que esa bonanza no les ha tocado, que más bien están pagando el precio de la bonanza en vez de beneficiarse de ella, o que los beneficios llegan demasiado lentamente y que los avances sociales no tienen el mismo ritmo que el crecimiento económico. Pero sobre todo, en todos estos movimientos hay un clamor común por justicia, igualdad y reconocimiento de los derechos individuales. A veces, estos movimientos piden la cabeza del gobernante. Y a veces, no. Pero en ninguno de estos casos se ha pedido la instauración de una dictadura popular. Y esa es la parte que los politólogos bipolares no conciben como posible.  Y lo que es peor, algunos políticos, viendo en estos movimientos su gran oportunidad, se suben a la ola, toman el poder para sí, e instauran esa dictadura que nadie pidió. ¿Suena conocido?

Esteban

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