Como monos con Gilette

Posted on 24/07/2013

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gillette

Hay preocupantes señales de que las convenciones internacionales sobre derechos de los dignatarios de estado y las misiones diplomáticas están en una profunda crisis existencial. No es por echarle gasolina al fuego de la controversia creada por el impasse que sufrió hace un par de semanas Su Excelencia allá por las Europas, pero la queja, retardada de dos años por motivos desconocidos pero que garantizo son non sanctos, de que lo mismito le hicieron a don Celso Amorim, la dificultad con la que mister Edward Snowden finalmente obtuvo (a penas algunos unos minutos antes de escribirse estas líneas) los papeles que le permitiesen salir del aeropuerto de Sheremetyevo siendo que el derecho a otorgar asilo político es del otorgante, no del país de origen del solicitante, el hecho de que contradictoriamente a este principio ni Gran Bretaña permita que Julian Assange salga de la embajada de Ecuador en Londres ni Bolivia permita que Roger Pinto salga de la embajada de Brasil en La Paz, son todas evidencias que demuestran que las convenciones de Viena[1] es poco más que papel mojado.

No voy a entrometerme a opinar sobre las limitaciones legales de la diplomacia, que para eso hay mucho mejores autores que el abajo firmante, pero sí aprovecho para lanzar mi propia bombita al debate. Hasta 1991, vivimos un mundo bipolar, y la Guerra Fría acabó con los nervios de la humanidad y los presupuestos de los países del bloque soviético. Entre 1991 y 2004 más o menos (todavía no se ha definido cuál sería el punto de inflexión) vivimos en un mundo unipolar, donde los U.S. of A. tenían autoridad absoluta e indiscutible en todo el mundo salvo Cuba y Corea del Norte, muy pequeños y en crisis demasiado profundas para montar una real resistencia, vivimos pues una especie de “pax americana”. Pero en lo que fueron los últimos diez años, poco más o poco menos, el mundo se convirtió en multipolar, y varios líderes aparecieron para disputarle la corona al amo norteamericano. Países que, a diferencia del bloque europeo unificado y Japón, que todo el mundo pensaba iban a ser quienes le disputen el “patio trasero” y acabaron siendo inocuos, si no algo peor, no tienen el menor empacho en hablar fuerte, pelarse el pecho y repetir “qué puts, qué puts” cada vez que necesitan subir su popularidad en los sondeos de intención de voto.

Una deducción que parece obvia aunque aventurada es que estamos volviendo a vivir la Guerra Fría, esta vez ya no entre dos bloques separados por una Cortina de Hierro, sino entre el poderoso en decadencia y los fortachones emergentes, un poco como cuando el bully del curso deja de crecer y los compañeritos antes abusados se dan cuenta de que van en camino a ser más altos y fuertes.

Todo esto estaría muy bien si no fuera por una consecuencia que pocos ven: Cuando la extrema derecha dentro de un país poderoso empieza a ganar espacios por la percepción de pérdida de poder de su gobierno, al gobernante le quedan dos caminos, dejar que personajes tan peligrosos como los Tea Party en Estados Unidos o el Front National en Francia, sólo por dar dos ejemplos, se haga del poder, o radicalizar la política exterior, mostrar los dientes y quitar, incluso eliminar si fuera necesario, alguno que otro personaje molesto del camino, de manera muy pública y notoria, para callar a la oposición interna e intimidar a la externa. El problema es que como ya no hay un solo abusón, los demás también comienzan a usar tácticas “imperialistas” como las llamarían ya sabemos quiénes. Y entonces, los gobernantes, tanto de los poderes viejos como de los poderes emergentes, se portan como monos con Gilette.

Esteban


[1] Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas (1961); Convención de Viena sobre relaciones consulares (1963); Convención de Viena sobre el derecho de los tratados (1969); Convención de Viena sobre la representación de los Estados en sus relaciones con las organizaciones internacionales de carácter Universal (1975); Convención de Viena sobre el derecho de los tratados entre Estados y organizaciones internacionales o entre organizaciones internacionales (1986)

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