Elogio de la estupidez

Posted on 22/08/2013

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ozartsetc_jean-rustin_peinture_00-e1338227096831Mit der Dummheit kämpfen Götter selbst vergebens.* 

– Friedrich Schiller

¡Ah! La estupidez. Ese rasgo tan humano que ha confundido a filósofos y a psicólogos por siglos. Incluso alguien quiso ponerle una escala (el anormal con un leve grado de estupidez, el cretino con un grado un poco más importante, el imbécil con una estupidez patológica grave y el peor de todos, el idiota), tratando de basarse en mediciones científicas sobre la edad mental y el coeficiente intelectual. Mucho más recientemente, se descubrió que la inteligencia, supuestamente antónima de la estupidez, en realidad consiste de varias formas de inteligencia (cognitiva, emocional, social…), pero hasta donde sé nadie ha señalado claramente que por deducción lógica deben existir varios tipos de estupidez.

Para comprender este fascinante rasgo hay que acudir no a los filósofos ni a los psicólogos, sino a esa profesión que ha reemplazado a las anteriores en su capacidad de comprender la naturaleza humana: los comediantes. No hay duda alguna que la estupidez nos hace reír. Nos hace reír mucho la estupidez ajena, pero nos hace reír aún más cuando nos hacen ver la estupidez propia. A los que tenemos sentido del humor, por lo menos. Para entender la estupidez, hay que leer, escuchar, y en los tiempos del YouTube, ver a los comediantes. Olvídense de Kant, Descartes y Rousseau, acudan a Carlin, Allen, Emaleh, o los más clásicos Sofocleto y Marx, el de bigotes, no el de barba.

Y es que la estupidez, no la emergente de alguna condición congénita que disminuye nuestra habilidad de aprender, ni siquiera la que surge por ignorancia de condiciones ya no innatas sino circunstancialmente adquiridas, sino la estupidez que tenemos incorporada todos y cada uno de nosotros, la que hace que el más brillante científico, que el más profundo sabio, que el más insidioso académico cometa errores tontos, es un mecanismo de defensa. En algo que he insistido hasta la náusea en mi particular forma de entender el mundo es que muy pocas cosas, casi nada en realidad, es bipolar, blanco o negro, hembra o macho, bueno o malo. Todos tenemos una combinación no mutuamente excluyente de ambos. Lo mismo ocurre con la inteligencia y la estupidez. La inteligencia nos hace humanos, como nos hace humanos la estupidez. Si se carece de inteligencia, también se carece de estupidez. Y cuanto más exploramos y tratamos de superar nuestra estupidez, más inteligentes nos podemos hacer, pues ¿de qué otra manera podemos aprender si no es cometiendo errores?

Esteban

* “Contra la estupidez, los mismos Dioses luchan en vano”

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