To bomb or not to bomb

Posted on 04/09/2013

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAEl atroz ataque con armas químicas a poblaciones suburbanas de Damasco hace algunos días ha desatado la mayor ola especulativa de la que pueda acordarme. Desde el quién soltó el gas sarín hasta la duda incluso de que le hecho se haya dado, desde apuestas malintencionadas y sensacionalistas por la fecha del “inminente” ataque de las potencias occidentales hasta la inmoral justificación mutua de la muerte como mecanismo para resolver los conflictos humanos, los medios tradicionales y “alternativos” así como las redes sociales se han llenado de expertos en estrategia militar y geopolítica que proyectan, deseándolo morbosamente en su fuero interior, el horror de la guerra como banderita política para promover su propia agenda, sin tener ningún elemento fáctico que respalde su versión, pero sobre todo sin darse cuenta de que acá se está hablando de vidas humanas.

Para intentar romper desde mi humilde sillita (como diría Mafalda) este ciclo belicista, primero hay que señalar cuáles son los hechos sobre los que pudiéramos construir una hipótesis más formada, imparcial, y sobre todo humana.

  • Hecho: Bashar Hafez al-Assad ha sido presidente de Siria desde el año 2000, heredando el cargo de su padre, Hafez Assad, quien había gobernado ese país gracias a un golpe de Estado perpetrado en 1970. Ni Bashar al-Assad ni su padre ganaron elecciones para acceder al poder.
  • Hecho: El régimen de los Assad si bien tuvo inspiración socialista (Assad padre admiraba muchísimo a Gamal Nasser) e incluso estableció una constitución secular, tuvo rasgos sectarios importantes, lo cual provocó que, igual que en Egipto, su mayor oposición política esté liderada por la Hermandad Musulmana, de corte islamista radical, aunque no extremista, al menos entre sus élites.
  • Hecho: El 26 de enero de 2011, la Primavera Árabe tocó a las puertas de Siria, con una insurrección popular que demandaba el levantamiento del estado de emergencia vigente desde 1963. Estas protestas se desarrollaron con relativa calma hasta el mes de marzo.
  • Hecho: Desde el 18 de marzo y hasta los eventos recientes que motivan este análisis, el gobierno de Assad ha reprimido con violencia extrema las movilizaciones populares, causando miles de muertos y millones de refugiados.
  • Hecho: Si bien las protestas durante aproximadamente todo el primer año fueron en general pacíficas y sin armas, la violencia de la represión provocó que algunas facciones de los rebeldes decidan responder también con violencia, formándose el Ejército Libre Sirio. Facciones extremistas, tanto sirias como de otras naciones musulmanas, no tardaron en sumarse, incluyendo Jabhat Al-Nusra, vinculada con la tristemente célebre Al-Qaeda. No obstante, la participación de milicias islamistas no ha sido exclusiva de la facción rebelde, pues el ejército sirio también ha consentido el involucramiento de Hezbollah, tan radical y violenta como Al-Qaeda.
  • Hecho: Si de un país se puede decir que se ha sumido en un “empate catastrófico”, usando nuestra propia jerga política, es Siria. En el plano interno, la facción rebelde y el ejército leal a Assad parecen tener fuerzas similares, con avances y retrocesos en ambos bandos en estos dos años de guerra civil. Ambos tienen apoyo de hombres y armamento de facciones radicales. Ambos cuentan con financiamiento y apoyo logístico (incluyendo armas y municiones) de potencias extranjeras, Rusia, Irán y China por un lado, Arabia Saudí, Qatar y los países de la OTAN por el otro.
  • Hecho: Siria es geopolíticamente importante en el contexto mundial, pero no llega a ser especialmente estratégica. Igual que en la guerra de los Balcanes en los años 90, la decisión de intervención depende exclusivamente de la “popularidad” política que pueda tener la guerra en los países más ricos del planeta. Por ello, hasta hace unos días, ningún país se había planteado seriamente la posibilidad de una intervención militar, aún cuando sí se comprobó el uso de armas prohibidas como las bombas de racimo y de napalm por parte del gobierno.
  • Hecho: El 21 de agosto de 2013, al menos 1.300 personas murieron en los suburbios de Jobar, Zamalka, ‘Ain Tirma, y Hazzah, producto de un ataque con gas sarín. A la fecha no hay evidencia sólida y creíble sobre el origen del ataque. El gobierno sirio y sus aliados pretenden que fue un autoatentado realizado por los rebeldes para forzar una intervención militar, los rebeldes insisten en que fue un ataque realizado por el ejército sirio. A la fecha, una comisión de la ONU ha viajado al sitio de la tragedia para tratar de determinar los hechos, pero aún no ha emitido un informe conclusivo.
  • Hecho: A raíz de este ataque, la condena internacional ha sido hasta el momento solamente retórica, y ningún país ha tomado aún la decisión de involucrarse. Gran Bretaña y Alemania, ambos haciendo uso de sus mecanismos constitucionales, han decidido no actuar, y están pendientes las decisiones  de Francia y Estados Unidos.
  • Hecho: Rusia e Irán han advertido muy fuertemente contra una intervención militar en Siria. Inversamente, la Liga Árabe ha protestado formalmente la inacción de las potencias occidentales.

Eso es, por el momento, lo que se sabe. La decisión que finalmente se tomará depende de factores políticos y de relaciones internacionales complejas, por lo que adelantar un “inminente” y muy deseado (por ambos lados) ataque de Estados Unidos a Siria es simplemente irresponsable.

Pero como este espacio se nutre de mis especulaciones, este resumen de los hechos debe acabar en una premonición mía. Ya que todo el mundo especula, incluyendo gobiernos, permítanme una vez más esa licencia. Dadas las condiciones actuales, encuentro que hay más en lo que no dice el gobierno estadounidense que en lo que dice. Los mecanismos institucionales, que ese país aún los tiene a pesar de la gravísima captura que ha sufrido la clase política por parte de los grandes empresarios, que incluye a los lobbys de la industria armamentista y de los “consultores” de la calaña de Halliburton y semejantes, difícilmente se arriesgarán a una acción militar muy altamente impopular (82% de los americanos dicen estar en contra de ella), y, a medida que los aliados europeos uno a uno van abandonando la idea de formar una coalición, una acción unilateral parece poco probable, aunque no del todo imposible. Por otro lado, la Liga Árabe, que es la más decidida a intervenir, especialmente por la presión de Arabia Saudí, no se animará a rebasar el límite de lo hecho hasta ahora, es decir, equipar y financiar a los rebeldes. No sin el respaldo del ejército más poderoso del mundo. Después de todo, una victoria del Ejército Libre Sirio significaría que la Primavera Árabe se siga expandiendo, y eso es un riesgo para los gobiernos mayormente autoritarios que conforman la Liga. Igual que en los Balcanes hace 20 años, la comunidad internacional mirará de palco cómo los sirios se matan entre ellos para ver quién gana, sin arriesgarse a que el victorioso se convierta luego en su enemigo. Por supuesto, igual también que en los Balcanes, el perdedor será sometido a juicio, si no lo ejecutan antes como a Ghaddafi, acusado de todas las atrocidades, ciertamente cometidas por él, pero sin que ninguno de los países que no actuaron resulten responsables por su pasividad. Y por actuar no me refiero a una invasión, sino a poner en marcha los mecanismos diplomáticos y los organismos multilaterales, con todo y cascos azules, para detener la masacre y llevar a los culpables ante el tribunal de La Haya, que es en cualquier caso lo que debería haberse hecho ya desde hace rato.

Esteban

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