Ser escéptico en un mundo de crédulos

Posted on 25/09/2013

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"Hecho: El cáncer es un hongo que puede prevenirse. Aprende cómo destruir el hongo"

“Hecho: El cáncer es un hongo que puede prevenirse. Aprende cómo destruir el hongo”

“De igual manera, si me permito creer lo que fuere en base a evidencia insuficiente, puede que no haya mucho daño causado por mi mera creencia (…) pero no podré impedirme infligir este gran mal a la humanidad, que es el hacerme crédulo. El peligro para la sociedad no es meramente que deba creer cosas equivocadas, aunque ya ese es un mal bastante grande; sino que deba convertirse en crédula, y perder el hábito de probar las cosas e inquirirlas; pues entonces se hundirá de nuevo en el salvajismo.”

William Kingdon Clifford, The Ethics of Belief (1877)

Se suponía que el siglo XXI iba a ser un siglo de iluminación. Dios murió en 1971, dicen, y desde entonces hemos construido, por los últimos 40 años, una plataforma de comunicación y de información que sistematiza todo el conocimiento, la cultura y la filosofía humanas, disponible para cualquier persona en cualquier lugar del mundo, y que se puede utilizar incluso con un pequeño aparato portátil que hemos venido a llamar “Smartphone”, o teléfono inteligente.

¡Qué enorme revolución! Imagínese nomás el lector lo que hubieran pensado de semejante maravilla, de tremendo logro de la humanidad, los pensadores del Siglo de las Luces. Y sin embargo, esto que parece la mayor revolución desde la invención de la rueda, pasa desapercibida, por un lado, o cuando es percibida sirve para quejarnos y añorar los tiempos pasados donde éramos ignorantes y felices por nuestra ignorancia. Pero hay algo mucho peor: esta maravillosa herramienta se usa para difundir, militantemente, las más absurdas supersticiones, aquellas que creamos como especie para entender el mundo mágico y oscuro que se nos presentaba ante los ojos hace 7.000 años, y de las que hemos sido incapaces de deshacernos en estos 7.000 años de evolución. Cierto, algunas supersticiones las tuvimos que reinventar, a algunos dioses y demonios los hemos convertido en viajeros interestelares con incomprensibles intenciones, a otros mitos los hemos convertido en recetas de cocina por las cuales nos procuraremos la siempre elusiva vida eterna por nuestros propios medios.

Hay que admirar la capacidad creativa y la imaginación de la pseudociencia. Desde los “exoarqueólogos” que destruyen cualquier crédito a la raza humana y achacan cada logro de la historia a visitantes alienígenas hasta los “criptozoólogos” que afirman tener pruebas irrefutables y definitivas de la existencia de Pie Grande y el Monstruo de Loch Ness; desde los afanados parafilósofos new-age para los que Jesús, Krishna y el Dalai Lama no son sino reencarnaciones de un mismo ser hasta los pachamamistas que creen que si la papa no está agusanada es porque es venenosa; desde la gente que está convencida por encima de cualquier razonamiento lógico de que los terremotos son provocados por una sociedad secreta incrustada en el gobierno norteamericano hasta quienes afirman que el azúcar refinada es la creación del mismísimo Belcebú para embrutecer las mentes de los hombres; desde la gente que tiene “pruebas” de que una raza de reptiles antropomorfos intenta imponer un “nuevo orden mundial” (que además nunca explican en qué consiste) hasta los un poco menos extremistas pero igualmente perdidos que creen que los banqueros judíos (porque además estas personas nunca pasaron de 1945) tienen tanto poder e influencia que provocan cada tantos años una crisis financiera mundial para seguirse llenando los bolsillos a costa de todos los demás. Ya las religiones tradicionales habían establecido un estándar muy alto en cuanto a ridiculez inverosímil, celebrando y justificando la ignorancia como cuestión de fe, pero estas nuevas mitologías que construimos desde hace unas décadas han logrado superar este estándar.

El amable lector preguntará, y al final, ¿qué tiene de malo que la gente tenga mitos y supersticiones? El problema, les contestaré, es que estos mitos y supersticiones son tomados como verdades absolutas, exagerando y deformando la realidad hasta construir un mundo imaginario completamente irracional y, sobre todo, fácilmente expuesto como falso, por lo cual las causas reales, basadas en evidencias sometidas a rigurosas pruebas, se abandonan fácilmente al generalizarlas como parte de esta mentalidad paranoide. HARRP no produce terremotos, pero pensar que lo hace impide que la gente se enfoque en tratar el verdadero problema, el de la preparación y la resiliencia de las zonas afectadas por estos fenómenos. El azúcar no es un instrumento diabólico, pero sí genera problemas de malnutrición y de obesidad que deben ser encarados por nuestras sociedades. No hay lagartijas tratando de conquistar al mundo, pero muchas veces nuestros políticos pierden el norte y se esfuerzan demasiado en reproducir su poder, en detrimento de nuestras libertades y nuestra democracia, y es nuestro deber denunciar cuando ello ocurre. Y los clubes de banqueros (que no son exclusivamente judíos aunque el club lleve el nombre de su fundador que sí lo era) no tienen el poder ni la influencia, ni la mala intención, de destruir las economías para enriquecerse ellos (todo buen capitalista lo sabe, cuanto mejor le vaya a la gente más dinero puedo hacer yo) pero sí han habido personas irresponsables que por su ambición han perdido de vista el objetivo del desarrollo económico y especularon con créditos no respaldados y futuros impredecibles, y esas personas deben ser enjuiciadas y condenadas por sus actos. Por cierto, entre las visiones paranoides, se pierde muy fácilmente de vista que la crisis europea no es una crisis del capitalismo, todo lo contrario, es una crisis del estatismo, en la que los países gastaban mucho más de lo que tenían, y en las cosas más absurdas.

¿Cómo diferenciar la pseudociencia de la ciencia de verdad? He aquí una comparación simple y fácil de usar ante cualquier duda. Si el artículo, post, columna de opinión o sitio web cae en la pseudociencia, por favor, tómelo como lo que es, y hágale un favor al mundo: no lo replique en su muro del Facebook, a no ser para ridiculizar a su autor:

Ciencia

Pseudociencia
– La fuente no tiene otro objetivo que hacer conocer un hecho, y, con suerte, aumentar su reputación para ver si consigue un profesorado (e incluso en este caso yo tendría cierto grado de desconfianza) – La fuente tiene su propia agenda política, busca ganar influencia sobre la gente, posicionar su activismo o defenestrar a su “enemigo”
– Las evidencias son sometidas a pruebas de réplica en laboratorio (ciencias naturales) o a muestras en diferentes contextos históricos o espaciales (ciencias sociales) – Las evidencias son “absolutas e irrefutables” pero nunca se reproducen ni se testean
– Las evidencias son sometidas a prueba una y otra y otra vez hasta lograr encontrar una tendencia clara para recién publicarla – Las “evidencias” son únicas e irrepetibles y se generaliza sobre un caso o un pequeño conjunto de casos
– El investigador tiene nombre y apellido, una reputación que cuidar y un centro universitario, think tank o una empresa tecnológica que lo respalda – El investigador suele ser desconocido, se usa mucho frases como “científicos descubren”, “investigadores demuestran”, etc., sin especificar que científicos, de dónde, quién es el responsable de la investigación o qué institución la respalda o la financia
– La investigación no sólo admite, sino que invita a l comunidad científica a discutir, poner a prueba e incluso demostrar la falsedad del teorema planteado – Los resultados de la “investigación” se presentan como verdad absoluta e irrefutable, y quien se atreva a cuestionarlos es un vendido, un cómplice de la conspiración o un idiota
– El investigador está abierto a escuchar otras posibles explicaciones del fenómeno, y puede cambiar de parecer si se le presentan nuevas evidencias – Quien publica no es, nunca lo es, el investigador, siempre se cita una tercera “fuente”, y por supuesto no se responsabiliza de enmendar si se le presenta nueva evidencia
– Los artículos científicos, cuando no son escritos por su propio investigador, citan varias fuentes, y siempre toman en cuenta a parte y contraparte – Los artículos pseudocientíficos solo citan a una fuente, o a lo mucho dos pero que tienen la misma posición, o los peores citan a una fuente que le es favorable, una que le es desfavorable, y acaban sacando conclusiones totalmente alineadas a la posición de la primera fuente, descartando lo que dijo la segunda, aún si esta fue mucho más sólida (ej. Fuente 1: “las pirámides claramente fueron construidas por extraterrestres porque ningún ser humano puede levantar esas piedras”+Fuente 2: “hay abundante evidencia de que esta civilización construyó estas pirámides con las herramientas disponibles en la época, lo hemos demostrado replicando esas condiciones en el terreno y hemos obtenido el mismo resultado”=Conclusión: “Los científicos concuerdan en que estas pirámides no pudieron haber sido construidas por seres humanos” ¡!)

 

Esteban

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