El poder de los símbolos

Posted on 22/10/2013

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Acta de IndependenciaLos seres humanos vivimos en un mundo de símbolos. No es gran descubrimiento, ya Levi-Strauss, Eco y De Soto, entre muchos otros, han escrito ampliamente sobre el tema. La idea general es que percibimos la realidad, a diferencia de los animales, no solo con los sentidos inmediatos, sino con representaciones de la realidad traducidas en esquemas, dibujos, escritura o íconos.

Aprovecho que estoy circunstancialmente en la ciudad de Sucre, capital constitucional de Bolivia, para tocar el tema, por un hecho no tan casual que inmediatamente me inspiró para escribir estas líneas. Un trozo de papel, muy elegantemente escrito a mano, resguardado por una vitrina expresamente hecha a medida, me movió profundamente, causándome una emoción insospechada. El trozo de papel contiene, de puño y letra del secretario de actas de la Asamblea Deliberante de 1825, la partida de nacimiento fechada 6 de agosto por la cual una república nueva, con base en el virreinato del Alto Perú, proclamaba su independencia de la corona española, su apego al sistema democrático republicano, y la obligación de sus ciudadanos de defender esa independencia.

Soy enemigo del patrioterismo, de creerse uno superior a los demás por el sólo hecho fortuito y necesario de haber nacido en determinado territorio, de pensar que la patria propia está de alguna manera predestinada a ser superior a la patria ajena por el solo hecho de serlo. Odio el nacionalismo en tanto ideología y en tanto emoción tanto como odio el racismo, el clasismo, la intolerancia y las verdades absolutas. Y sin embargo, hay algo indescriptiblemente sobrecogedor en el solo hecho de estar en la misma habitación en la que y frente a la misma acta por la que nació mi patria. Por supuesto, son ambos solamente símbolos. No estuve, por supuesto, en la Asamblea Deliberante de 1825, ni ninguno de nosotros lo estuvo. Pero todos los bolivianos sabemos lo que ocurrió ahí. Después de 16 años de guerra y rebelión, este pedazo de papel marcaba el fin del dominio colonial y el inicio de nuestra turbulenta y muy imperfecta vida republicana. Representantes de los entonces cuatro departamentos, de los cuales no todos eran criollos como algunos nos quisieran hacer creer, sellaban por su firma el nacimiento de un nuevo país. A pesar de la mala propaganda que recibieron los “doctorcitos de Charcas”, ese solo hecho creo que tiene una significancia histórica enorme.

No es pues la experiencia física de la vista del documento la que mueve a la vibración, sino la carga de simbolismo que la suma del documento y el lugar donde se discutió, aprobó y firmó hace 188 años, se descifra  por ese órgano que tenemos dentro del cráneo y que no siempre usamos correctamente. Y aunque los científicos digan que de ése órgano también surgen las emociones, entiendo al verlo porqué la mitología popular dice que los sentimientos salen del corazón. Al ver ese pedazo de papel, fue el corazón, no el cerebro, el que se me estrujó.

Esteban

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