PALABRA DE ATEO – (c) MARC BOUCHER

Posted on 04/11/2013

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450-pastafarian-sealTraducido por Esteban Morales

EL AUTOR ES ARTESANO EBANISTA Y RESIDE EN LAVAL.

Formo parte de los ateos de este mundo, grupo sub-representado y más bien silencioso. El término no es bonito y lo pronunciamos con cautela, porque suena mal en los oídos castos de la fe. No somos populares ni formamos grupos de presión eficaces ni bien definidos. Somos sin embargo cada vez más numerosos.

Al adoptar, naturalmente, esta “postura filosófica” sin por ello aislarme en cualesquiera dogmas que puedan ser, considero que existe la salvación fuera de las religiones, de las supersticiones y de las creencias de todo tipo.

Suspicaces, me plantean frecuentemente la pregunta: “¿Realmente no crees en nada?” Claro que sí, creo en muchas cosas, pero en este caso creer es sinónimo de tener esperanza y confianza en algo o en alguien que he intentado conocer un poco.

Me dicen también con frecuencia: “¡No eres creyente, pero tu ateísmo materialista es tu religión!” Pero no hay que confundir ambas cosas. Creer y tratar de comprender no son sinónimos. Y resultaría reduccionista para todos los y las que, en la historia de la humanidad, han intentado comprender el mundo mediante el esfuerzo por conocer y saber. Sería equivalente a decir que esta sabiduría, tan esforzadamente adquirida, resulta ser una pérdida de tiempo en comparación con lo instantáneo de la fe.

Este materialismo (del que me acusan) en su definición filosófica (no confundir con su definición popular) determina la educación, desde el jardín de niños hasta la universidad, que ofrecemos a los ciudadanos. Esta manera de pensar nos permita viajas de lo infinitamente pequeño hasta los confines del universo conocido, pasando por los misterios de la evolución de los seres vivos de nuestro planeta, entre otros conocimientos. Es de esta manera que logramos comprender, poco a poco, la extraordinaria complejidad del mundo. Es por tanto con aquello que aporta la ciencia y el conocimiento que podremos también, posiblemente, alcanzar un progreso universal que generaría un consenso en la tierra, lo cual es, como efecto nada despreciable, un potencial portador de paz.

Soy pues un ateo, ya que así hay que nombrarlo, y a mi vida no le falta ni poesía, ni espiritualidad, ni prodigio, ni trascendencia. Al contrario. Pienso que el conocimiento, transmitido con pasión e inteligencia, puede liberarnos de las supersticiones e incluso también de ese otro “materialismo”, el frecuentemente confundido con el antes mencionado, el que se toma de más en más unos aires de religión. Hablo acá del consumismo excacerbado, y de sus nuevos templos en los que se han convertido con centros de comercio.

¿En qué creo o tengo esperanza? En que sea este progreso universal, el que consiste en promover y proteger la educación, el que permitirá unir a los ciudadanos del mundo al interior de un paradigma surgido del saber humano, que propone lo que sigue: Que más allá de nuestros conocimientos, no existe lo sobrenatural, sólo existe la naturaleza desconocida.

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