Charly Papa Dos Cinco Ocho Cuatro

Posted on 05/11/2013

0


Aerocon CP-2584Bolivia está viviendo un auge de la actividad aeronáutica civil. Tras una abrumadora crisis vivida muy recientemente con el cese de operaciones de las dos aerolíneas más importantes de Bolivia en su momento, con pocos años de diferencia la una de la otra, la recuperación ha sido fenomenal. Hay que reconocer que el gobierno ha jugado un papel central tanto con la administración de Boliviana de Aviación (más allá del debate de si debería haber rescatado el Lloyd en lugar de fundar una aerolínea nueva) como con el fortalecimiento del TAM (más allá del debate sobre la honestidad con la que compite en el mercado). Pero el mérito no es exclusivamente del gobierno. Iniciativas privadas como las de AmasZonas, la más exitosa de las tres, Aerocon y muy recientemente EcoJet demuestran que cuando no existen monopolios, independientemente de que las empresas sean privadas o estatales, el único beneficiario es el usuario.

Y es auge es notable, no solo por la cantidad de pasajeros transportados, la frecuencia de los vuelos o la apertura de nuevos destinos, sino sobre todo por la democratización del acceso a este medio de transporte. Si bien los pasajes siguen siendo relativamente caros, basta tomar un vuelo con cualquier destino para ver cómo se ha ampliado la base de la clientela de las cinco aerolíneas. Y ello nos llena de alegría, ya era hora.

Sin embargo la tragedia ocurrida en Riberalta el fin de semana debe abrirnos los ojos y servir de alarma. Con semejante crecimiento en el sector, con la cantidad de frecuencias y de pasajeros, no es posible que sigamos teniendo una mentalidad provinciana respecto a los viajes a ciudades intermedias o incluso a capitales de departamento fuera del eje central. Y la primera tarea en esa misión es evitar que los políticos, así se trate del Primer Mandatario, se manden declaraciones chapuceras tratando de cosechar réditos políticos de la desgracia ajena.

Ante la seriedad de una tragedia como la del domingo, pero sobre todo ante el riesgo de que el casi impecable récord de baja accidentalidad de nuestro transporte aéreo se convierta en su exacto opuesto, antes de que uno de los mayores motivos de orgullo de los bolivianos se convierta en uno de nuestros mayores motivos de temor, vergüenza y dolor, tenemos que alcanzar con extrema urgencia un consenso nacional sobre la necesidad de una investigación técnica imparcial sobre el accidente, conocer sus causas y tomar las medidas correctivas necesarias para que no vuelva a suceder. Sólo después, una vez que sepamos realmente qué ocurrió, podremos pelearnos bien bonito y como nos gusta a los bolivianos para echarnos la culpa unos a otros.

Hay que comprender acá que los accidentes aéreos muy rara vez ocurren por una sola causa. En la enorme mayoría de los casos, se trata de una cadena de eventos infortunados. Y donde hay una cadena de eventos, hay corresponsabilidad. Así que a quienes quieran echar barro al campo contrario, sean oficialistas u opositores, desde este espacio de opinión les lanzamos nuestra más firme condena y censura, y sepan que todos van a tener que poner las barbas en remojo para que estas cosas no se vuelvan a repetir. Y esa profunda reflexión será nuestro mejor homenaje a los fallecidos en Riberalta.

Esteban

Anuncios