Machos machucantes

Posted on 13/11/2013

31


Ojo de la cerraduraA doña Paola Belmonte no la conozco ni siquiera por televisión. Nunca he visto su programa, y francamente no me importa su vida personal. Sin embargo, el escándalo suscitado a raíz de sus desventuras me llama a escribir sobre la sociedad boliviana, y especialmente la paceña, a la que sí conozco bien. Si bien el que cometió el delito de extorsión fue el instructor de gimnasia, cuyo nombre se me escapa, y el Estado, por una vez haciendo lo que debe hacer, ha comprendido que él es el delincuente y la señora Belmonte la víctima, la condena pública ha sido para ella, y en los términos más duros. Y henos aquí que somos pues una sociedad tremendamente machista. Lo que esta persona haga con su vida y su cuerpo es asunto de ella, a lo sumo de su pareja y su familia inmediata, pero acá todo el mundo, gente que no la conoce, que no conoce las circunstancias de lo sucedido, que no tiene idea de lo que está hablando se apresura en tratarla de puta, en denigrar al marido cornudo por no haber “cuidado a su mujer” (claro, como uno cuida el auto o cualquier otro objeto). Pero si la figura hubiera sido la inversa, si l marido hubiese sido el filmado en el motel, otro hubiera sido el cantar. Primero que nadie se hubiera molestado en filmarlo. Obvio, lo que vende son las tetas de la Belmonte, para eso subieron el video a esas páginas denigrantes en las que se publica, sin permiso de las implicadas, las fotos y los videos más humillantes de las “conquistas” de los machos machucantes de todo el país. Segundo, que nadie se hubiera molestado en extorsionar al marido con la amenaza de publicar el dichoso video, precisamente porque a nadie le importaría verlo: es varoncito, tiene derecho a tirarse a cuanta mujer le venga en gana. Es más, cuanto más cuernos le ponga a la mujer, mejor reputación tendrá entre los hombres. Si alguien viera este hipotético video, sería para aplaudir al macho, o tal vez para criticar su desempeño sexual si este caballero no “cumple”. En ningún caso sería para tratarlo de puto. Y ahí sí, la mujer extorsionadora sería destruida por los medios, las opiniones antojadizas y los defensores de la moral y las buenas costumbres, acusada de rompehogares, de intrusa, de degenerada.

Nota al pie de este anecdotario sobre la hipocresía machista. Cuando publiqué mi opinión sobre este tema en un foro en Facebook, la reacción inmediata de estos machos machucantes fue de acusarme de ser gay. Como si eso fuera un insulto. Por supuesto, no tengo porqué ofenderme, si soy heterosexual es por elección y no por obligación. Y por supuesto, como anarquista, rechazo drásticamente la homofobia, el machismo y el patriarcalismo que dominan nuestra sociedad y que se han evidenciado tan vergonzosamente en este capítulo de nuestra anacrónica diaria. Aunque me digan gay.

Esteban

Anuncios