Desmistificar la coca II: The revenge of the Commission

Posted on 19/11/2013

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AcullicuHace poco más de cinco años, cuestioné en este blog que el debate sobre el uso, consumo, industrialización y tráfico de la hoja de coca y sus “derivados” carecía completamente de base científica. Como si alguien de la Unión Europea hubiese leído este artículo, al poco tiempo Bruselas decidió financiar en Bolivia un estudio sobre el uso, cultivo y consumo de esta tan politizada planta. Algunos ilusos, incluyendo a quien escribe estas líneas, no alegramos ante la noticia. Siendo un tema tan peliagudo, tener algunos datos fríos nos resultaría útil para dejar un poco de lado pasiones en pro y en contra de la coca y debatir más seriamente el tema.

Nones. Lo siento. Cinco años después, seguimos exactamente en el mismo punto. Que si son siete mil hectáreas, 14 mil o 20 mil las que Bolivia necesita para suplir sus necesidades de consumo tradicional, industrialización (léase, meter las hojas en bolsitas para hacer mate y dárselas a los gringuitos que nos visitan para combatir el sorojchi) y, cosa extraña, exportar. Legalmente. Sí, como lo oye. Que si los efectos “medicinales” del consumo tradicional son o no son asociados al famoso alcaloide blanco que se vende por millonarias sumas. Que si Bolivia es un país exportador, tránsito o consumidor de la droga ilícita. Que si cero coca, cero cocaína o cero yanquis es la consigna adecuada.

Por supuesto, el efecto de todo esto es un statu quo que ya dura más de una década. Bueno, no tanto un statu quo: ahora resulta que la producción para consumo tradicional está en el Chapare y la producción de los Yungas es la que está destinada al narcotráfico. ¿Quién sabe? Tal vez sea cierto. Sin datos confiables, todo puede suceder… Pero mientras tanto, ni dejamos de gritar “kausachun coca” en las manifestaciones, ni hemos logrado convencer a nadie que Bolivia no es un país de narcotraficantes (pregúntenle sino a Saturday Night Live), ni hemos parado de dotarle propiedades místicas y sobrenaturales a algo que todos sabemos que tiene una explicación racional y científica pero nos negamos a verla: la coca no será cocaína, pero sí que la contiene, incluso en el matecito. Y ese alcaloide es lo que nos gusta de nuestra hojita, y es lo que le gustó a nuestros antepasados. Todo lo demás son cuentos.

Lo que también son cuentos, mitos y lavado cerebral en masa son las historias de narcotraficantes ultrapoderosos, ultraviolentos y ultracorruptos, de estrellas gringas del cine que arriesgan sus vidas en defensa de la moral y las buenas costumbres del american way of life, la asociación entre narcos y terroristas (salvo en Colombia, y aún ahí es una relación muy compleja que no puede reducirse a los clichés yanquis) y la apocalíptica imagen de tugurios y cementerios de elefantes llenos de k’olos perdidos que son una amenaza a la buena clase media suburbana. El problema de las drogas en general y de la cocaína en particular es un problema de salud pública, de padres que deben asumir de una vez su responsabilidad en la crianza de los hijos y de atender y sanar, no condenar y olvidar, a los que cayeron en su adicción.

Mientras tanto, yo sigo esperando que algún día alguien haga un estudio científico serio del tema.

Esteban

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