Dakar: Ni desastre, ni panacea

Posted on 09/01/2014

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i_lluvias-no-afectaran-la-ruta-del-dakar-en-el-salar-de-uyuni-_19903Los bolivianos tendemos permanentemente a exagerar nuestras reacciones frente a los estímulos que la vida nos arroja (ver “Rasgarse las vestiduras, deporte nacional”). El caso de la carrera cross-country más importante del mundo no ha sido la excepción. Creo que, en un esfuerzo por devolver la racionalidad al debate sobre el tema, es necesario desmontar de inmediato esa extraña mitología que se está construyendo, de un lado y de otro, alrededor del Dakar.

Son pues absolutamente exageradas y salidas de cualquier proporción razonable las acusaciones de que el Dakar es alguna especie de fuerza colonizadora que depredará el medio ambiente, destruirá el patrimonio cultural y esclavizará a los indios. Como toda actividad humana, es cierto que existen algunos riesgos, pero endilgarle semejantes poderes sobrenaturales a un par de centenares de motos que pasan por dos días por el Salar es como decir que comer una (UNA) hamburguesa McDonald’s te convertirá automáticamente en un obeso zombi consumista.

Peor todavía, una columna publicada el miércoles por María Galindo, a quien respeto enormemente y con quien estoy de acuerdo casi siempre (ver “Entre la Secta Moon y María Galindo”), llega hasta la utilización de clichés machistas para justificar su oposición, afirmando que el Dakar es un evento de “machos blancos”. No concuerdo. Primero, porque no hay evidencia suficiente para decir que este evento sea exclusivo y excluyente, cuando en él se inscriben mujeres, hombres no blancos, y muy probablemente más de un homosexual. Segundo, porque si se tiene esa imagen es porque se está frente  un efecto, no una causa. No se puede endilgar a un evento deportivo el ser causante de los prejuicios patriarcalistas, aunque sí es lógico que nuestras taras sociales se vean nomás reflejadas en un evento como éste. Decir que el Dakar es de “machos blancos” es admitir una derrota, es reconocer que los niños deben jugar con autitos y las niñas con muñecas. Me ha extrañado mucho esta afirmación. En cualquier caso, en lugar de quejarnos, hay que trabajar mucho más en transformar las causas. La responsabilidad es pues nuestra.

Respecto al supuesto “desastre ecológico” que implica el Dakar, dimensionemos las cosas como se debe. El tramo en Bolivia implicará a no más de 200 participantes (muchos menos si se descuentan los abandonos que se irán produciendo inevitablemente durante la primera semana del evento). Estos 200 participantes utilizan motocicletas y cuadratracks de no más de 800 cm3, que emiten gases por mucho menos de 80 g/km. El total del recorrido por Potosí es de unos 300 km. Es pues simple matemática: Entre todos los participantes, se emitirán como máximo seis toneladas de CO2, cantidad que se absorbe por el ambiente en menos de una semana. La contaminación acústica sí es un poco más molesta, pero no puede compararse con, por ejemplo, la existencia de un aeropuerto en Uyuni, contra el cual no escuché a nadie protestar. En cualquier caso, sí se debe hacer un estudio de impacto y tomar medidas de mitigación de impactos en consecuencia. Si no se hizo antes, hay que hacerlo durante el evento para tomar decisiones para el próximo año.

Finalmente, estos temores “anticolonialistas”. Desde mi punto de vista, nada más paternalista y ofensivo para nuestras naciones originarias que tratar de protegerlos como a niños, como si fueran “salvajes” que nunca vieron una moto o un logo de Coca-cola. Aquí los de la actitud colonial son los que acusan de coloniales a los otros. Si bien es cierto que los beneficios monetarios del evento no se quedarán en gran cantidad en las regiones anfitrionas, esto puede revertirse con suficiente facilidad. Bolivia ha ido desarrollando desde hace ya varios años un modelo de turismo comunitario muy interesante y positivo, cuyo principal objetivo es que el dinero que deja el turismo se quede donde el turista fue atendido. Esto no se hace ni con imposiciones ni con prohibiciones, ni muchísimo menos va a ocurrir poniéndose en contra del turismo porque “no deja nada a las comunidades”.

Eso sí, para equilibrar un poco las cosas, debo decir que el Dakar tampoco es la panacea que quisiera hacer ver el gobierno. Lo que deja el evento es relativamente poco, y es una responsabilidad inesquivable de las autoridades hacer un balance posterior de costo/beneficio para ver si valió la pena la inversión que se hizo. Si, como muchos creemos, sirve solamente como ventana al mundo, considerando los millones de seguidores del evento y la magnífica fotografía con la que se filman las etapas; si, como esperamos, la atención y los servicios prestados son lo suficientemente buenos para que nuestros visitantes se vayan satisfechos; y si, como ya lo demostró nuestro propio Walter Nosiglia, más que manifestaciones de dominio y exitismo tenemos manifestaciones de deportividad, juego limpio y solidaridad, la inversión habrá valido la pena y se traducirá en un aumento de quizás 20 a 30% de visitas de turistas al año – y no mares de turistas como nos quieren hacer creer algunos oficiosos. Si no lo logramos, habrá sido un papelón internacional más. Eso, y solamente eso, es lo que está en juego, y todo lo demás son exageraciones.

Esteban

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