El Estado plurimultituttifrutti

Posted on 23/01/2014

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Tutti frutti, au-rutti

Tutti frutti, au-rutti

A whop bop-a-lu a whop bam boom

Little Richard

No voy a pretender haber oído las cinco horas de discurso del hermano Presidente. Mi consuelo es que casi nadie lo hizo, salvo la gente que tuvo la mala suerte de estar castigado en la Plaza Murillo este 22 de enero. Por lo tanto, puedo estar conjeturando sobre cosas que don Evo podría haber aclarado en su larguísima perorata, aunque francamente lo dudo mucho.

Para quienes viven en otro planeta, este 22 de enero se celebraron los cuatro años de la “refundación” de Bolivia, es decir de la puesta en vigencia (formal, porque de la otra, naranjas) de la Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia. Y también, de pasadita como quien no quiere la cosa, el octavo aniversario de la llegada de don Juan Evo Morales Ayma a la presidencia. ¡Cómo pasa el tiempo!

Que quede claro que desde este espacio asumimos desde el principio una posición fuertemente crítica a la forma y contenido de la discusión de la formación del nuevo Estado, pero también de que era un proceso histórico necesario e inevitable. No haber tenido la Asamblea Constituyente hubiera provocado lo que la cooperación internacional llama eufemísticamente “estado fallido”, es decir una situación caótica, extremadamente violenta – incluso una posible guerra civil – y una crisis general mucho muy grave. Por ello, y solo por ello, aunque los postulados de la CPE sean muy pobres, llenos de contradicciones y sobre todo una lista de buenas intenciones muy difícil de llevar a cabo, el proceso ha valido la pena. Hasta ahí, reconozco, el momento fue realmente histórico.

Pero henos aquí que solo cuatro años después este nuevo texto constitucional muestra señales muy preocupantes de agotamiento. De hecho, casi todos los postulados de la CPE han quedado en la mera declaración. Los poderes públicos no han estado más sometidos a la mano férrea del jefe del gobierno desde el fin de las dictaduras militares. Ni poder legislativo, ni poder judicial, ni poder electoral tienen el más mínimo resquicio de independencia, y el sistema de frenos y contrapesos es inexistente. La inclusión de la ciudadanía en el proceso de decisiones sólo existe en la medida en que el ciudadano sea parte de uno de los infames “movimientos sociales” adscritos al partido de gobierno, y se ha puesto en práctica la maña absolutista de la identidad entre gobierno, Estado y partido. Y caudillo, claro. Tanto, que inconstitucionalmente se postula a don Juan Evo para una tercera presidencia consecutiva.

En lo económico, hay que reconocer, vivimos un tiempo de bonanza sin precedentes. La inversión pública es enorme, pero la inversión privada es cuasi inexistente, salvo la reinversión de capital para renovar y mantener la infraestructura existente. Sumadas la inversión pública y privada, estamos aún lejos de la necesaria para lograr un crecimiento a la par del resto de la región. Aquí hay además una paradoja profunda. Aunque el Estado ahora participa en más del 30% de la economía, el ministro Arce Catacora es probablemente el ministro de economía más ortodoxo, neoliberal y conservador de nuestra historia reciente. Acá los grandes empresarios pueden pasarla muy bien y hacer mucha plata, siempre y cuando no intenten hacer política. La mayoría de ellos, además, con actividades especulativas.

En lo social, que debiera ser el fuerte de la gestión de un partido que se autoproclama de izquierda (cosa que ya nadie les cree), es donde mayores problemas existen. El proceso de inclusión de los pueblos indígenas en la política ha sido absolutamente sesgado. El indígena está incorporado en el proceso sólo si no pertenece a los pueblos de tierras bajas, no se opone al expansionismo aymara, no es autoridad originaria de los ayllus originarios del norte de Potosí y la región de Tapacarí en Cochabamba, no está en contra de los sindicatos capesinos y no se atreve a cuestionar al “jefazo”. El índice Gini de Bolivia es más alto que nunca, las políticas redistributivas han sido muy débiles –excepto quizás por la subvención de carburantes–, el proceso de desconcentración del poder  está francamente estancado, incluso con un importante efecto bumerán en cuanto al manejo fiscal, el sistema de salud no ha mejorado a un ritmo mayor al que iba mejorando con los gobiernos anteriores (aquí Bolivia siempre ha hecho buenos esfuerzos, quizás la continuidad haya sido la mejor opción), la educación es tan mala como siempre, la informalidad y la autoexplotación siguen siendo la fuente dominante de ingreso de la gente, los sectores productivos intensivos en empleo no han recibido hasta ahora el más mínimo apoyo, y si bien al parecer mucha gente ha salido de la pobreza moderada, no se puede decir lo mismo de la extrema pobreza, que sigue más o menos igual que antes.

¿Qué ha cambiado con el Estado plurimultituttifrutti, en estos cuatro años? En realidad, muy poco. Hemos cambiado casi todos los símbolos, hemos satanizado todo lo que haya ocurrido en Bolivia entre 1492 y el 2005, hasta hemos cambiado el lenguaje, pero, como dice el Tata Pérez, fue un “cambiar todo para que todo siga igual”.

Esteban

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Posted in: Evadas