Venezuela, o la titánica tarea de conocer la verdad

Posted on 18/02/2014

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A la fecha, me es imposible confirmar o descartar la autenticidad de esta fotografía.

A la fecha, me es imposible confirmar o descartar la autenticidad de esta fotografía.

Si bien este opinador no es periodista de profesión, y este espacio se caracteriza por reflejar solamente mi opinión –y aquella de los que la comentan–, creo tener un fuerte apego por la verdad, opinando y, sí, especulando si fuera necesario, sobre la base de la información más equilibrada que pueda encontrar antes de publicar mi rezongada.

Por ello, a propósito de los sucesos acaecidos en Venezuela entre el 12 de febrero recién pasado y la fecha, he intentado antes de emitir mi opinión recabar la mayor cantidad de información de parte y contraparte para no ponerme a decir estupideces que vayan a ofender a quienes no quiero ofender (a los otros que se los lleve el diablo).

Pero hete aquí que encontrar información equilibrada sobre esta pasada semana ha sido una tarea cercana al imposible. Por una parte, los medios masivos de comunicación de la República Bolivariana, fuertemente cooptados y censurados por el régimen chavista, no dicen nada más que mentiras, tapan el sol con un dedo y lanzan frases de panfleto tan obvias que hasta un niño de 8 años puede darse cuenta de que lo están queriendo mamar. Pero por otra, los medios “independientes”, las redes sociales y las versiones de los que oyeron decir al amigo del primo del compadre no son más confiables. En las filas de la oposición, hay una ensalada de verdades, mitos, fotografías retocadas o recicladas, puntos de vista que por más meritorios no son objetivos, y evidencias contundentes. Y la tarea de separar el grano de la paja se ha hecho simplemente demasiado complicada.

No obstante, todo esto por sí mismo ya me da tela que cortar. La polarización de Venezuela se ha hecho tan, pero tan palpable que no hay una sola persona que no se ponga la casaca, ya sea roja o blanca, en ese pobre país. Súmese a eso el extremo grado de violencia en el que ha caído esa sociedad. Agréguese también la existencia, indudable y admitida hasta por el propio gobierno de “colectivos” armados hasta los dientes que no son otra cosa que grupos paramilitares. Decórese la torta con el discurso incendiario, neofascista y grandilocuente con el que el gobierno, desde antes de la muerte de Chávez y hasta ahora, azuza a los venezolanos a dar la vida por la “revolución”, con una verborrea que solamente puede compararse con la de las más funestas dictaduras del siglo XX. Acá no hay posibilidad alguna de medias tintas. Acá o se toma partido o no se existe. El maniqueísmo ha sido llevado a tal extremo que las más ridículas películas de acción hollywoodenses parecen complejas y profundas en comparación.

Y esa es la receta para el desastre. ¡Cómo deseo estar equivocado! El empate de fuerzas, la polarización maniquea y el fanatismo pro-chavista y anti-chavista son demasiado parecidos al empate de fuerzas, la polarización maniquea y el fanatismo pro-Assad o anti-Assad allá por Oriente Medio. Es cierto, son culturas muy diferentes, y acá no habrán Al-Qaedas ni Hamases de por medio, pero roguemos que la comunidad internacional no espere a que hayan 100.000 muertos antes de hacer algo al respecto.

Venezuela, hoy mi corazón está contigo.

Esteban

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