Desapariciones

Posted on 15/03/2014

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malaysia-airlines-mh370Me había propuesto el fin de semana pasado que para mi entrada de blog de esta semana hablaría del caso del Boeing 777 de la Malasia Airlines, más conocido en los medios con el código de vuelo MH370, una vez que hayan al menos algunos elementos mínimos de juicio que me permitan aventurar una especulación informada, una conjetura lo suficientemente sólida para convertirse en una, o quizás dos, hipótesis.

Pero el tema es que a una semana del suceso (por eso no publiqué el miércoles como acostumbro), aún no se sabe absolutamente nada. Lo que sí se sabe es esto: el avión despegó en horario la madrugada del sábado del aeropuerto de Kuala Lumpur, con destino a Beijing, pero nunca llegó. Se sabe también que la operación de ascenso ocurrió según el plan de vuelo y que se perdió contacto unos 40 minutos después de haber despegado. Eso es todo. Con algo menos de certeza, se sabe también que dos pasajeros, posiblemente iraníes, subieron a bordo con pasaportes robados. Puede que hayan tenido relación con la desaparición del 777, puede que sea solamente coincidencia.

Ante esta tremenda falta de información, los medios se han puesto a especular descarada y descarnadamente. Todas las teorías son posibles a estas alturas, desde una falla catastrófica en el sistema eléctrico, a pesar de las redundancias con las que cuentan los aviones modernos, hasta un secuestro con final trágico, pasando por las ideas más locas como una abducción extraterrestre, un portal espacio-temporal o una conspiración al mejor estilo de James Bond. Lo cierto es que el vuelo 370 de Malasia Airlines se desvaneció. Ha pirtíu. Chakat’aw. No hay. Aquí lo puse y no aparece.

Los medios manejan una hipótesis, no confirmada ni descartada por las autoridades – a estas alturas las autoridades no pueden descartar absolutamente ninguna hipótesis – construida a partir de una señal de radar efímera de una nave no identificada a cientos de kilómetros de la última posición conocida del MH370 y con rumbo totalmente distinto. Es muy posible que sí se tratase del mismo avión, aunque no es posible asegurarlo. Alguien, sea tripulación o pasajero, parece haber desviado el vuelo hacia el océano índico, no sin antes haber desactivado los transpondedores, una especie de radiobaliza que sirve para identificar un avión comercial. De ser cierto, tendría que haber sido alguien con un profundo conocimiento del aparato, capaz de desactivar los dos sistemas, el primero mediante dos cortacircuitos separados, y el segundo ubicado debajo de la cabina de mando. No cualquiera podría hacerlo. Además, tendría que tener conocimientos avanzados de pilotaje, para poder volar el avión debajo de la señal del radar por entre 4 a 5 horas, pero además sin ser detectado visualmente, sobre uno de los mares con más tráfico marítimo del mundo y sectores de tierra densamente poblados (aproximadamente la mitad de la población mundial, esto es, tres mil millones de personas,  vive entre la costa este de China, la antiguamente llamada Indochina y la India). Recuérdese que el infame 11 de septiembre de 2001 los jihadistas a penas sabían volar lo suficiente para dirigir los aviones a sus blancos y hubieran sido incapaces de aterrizar el avión – claro, tampoco tenían la intención de hacerlo.

No obstante, con semejante vacío de información, esto es lo más parecido a una conjetura que se puede hacer. Mientras tanto, siete países han movilizado sus aviones y sus flotas navieras, tanto militares como pesqueras, buscando los restos del Boeing. Hasta ahora, no se ha encontrado nada. Ni un escombro. Ni una mancha de aceite. Y mientras no se encuentren, analicen e interpreten los restos, todo lo demás es pura especulación. No puedo imaginarme la desesperación de los familiares de los 239 pasajeros y tripulantes ante semejante incógnita. Toda mi solidaridad para ellos.

Esteban

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