El resurgimiento de la derecha extrema

Posted on 22/04/2014

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grosz_pilastriPocas personas han notado el resurgimiento de la política del odio, del ultranacionalismo fanático y de la ilusión de la supremacía, y aún menos personas han decidido hacer algo al respecto. Antes eran unos pocos locos delirantes, hoy obtienen porcentajes aterradores en elecciones y encuestas alrededor del mundo. Parece que tuviéramos miedo, o que nuestra incredulidad nos impide ver el peligro que esto representa. Lo más triste es que algo muy similar, demasiado similar, sucedió allá por los años 30. Recuerden nomás el discurso de Nelville Chamberlain al aterrizar en Londres luego de haber ido a visitar al Führer: “Peace in our time”.

Yo creo que el problema va mucho más allá que un exceso de inocencia. Creo que se han cometido errores garrafales en la tarea de prevención del resurgimiento de los fascismos. Primero, sin querer queriendo, se ha glorificado a los soldados de los regímenes fascistas, especialmente a los Nazis, al darles un rol tan protagónico, heroico e incluso de martirio en las toneladas y toneladas de películas hollywoodenses que se han producido. Aunque siempre cumplen el rol de malos, siempre son un digno y terrible adversario, con los uniformes más caché de la historia (Hugo Boss, diseñador de los uniformes de los SS, sigue siendo una marca mundialmente aclamada), con las armas más terribles y sofisticadas, y con una meta clarísima, con la que muchos resentidos se identificarán. Segundo, se han ido repitiendo con extrema insistencia y absoluta falta de escrúpulos los errores, así los llamaremos, de la economía capitalista pura, con una altísima concentración de la riqueza, la humillación de los orgullos nacionales con el fin de explotar los recursos ajenos, la especulación sin control alguno, la monopolización de los medios de producción, todas estas actitudes que alimentan profundos sentimientos de odio y sed de venganza. Tercero, hemos fallado completamente en transmitir el mensaje de la raza humana única, del profundo mestizaje de la humanidad, de los aspectos positivos de la globalización (que sí los tiene), dejando que los propagandistas de la división, de la desconfianza respecto al “otro”, de los que solamente encuentran cosas negativas en la modernidad, exploten mitos de grandezas pasadas, siembren odios y envidias con generalizaciones absurdas y la despersonalización del otro: “las transnacionales”, “los judíos”, “los musulmanes”, “los gringos”, “la banca internacional”. Cuarto, los gobiernos del mundo entero han fallado miserablemente en generar condiciones de confianza, de transparencia y de trabajo efectivo por su gente, por lo que cunden teorías de conspiración, paranoias y miedos. Esto, exacerbado por algunos medios y generadores de opinión que exageran, inflan, sensacionalizan, empuja a que el pueblo pida voluntariamente restricciones a su propia libertad, aplauda las ejecuciones en la plaza pública, deje que su morbo tome las decisiones. Quinto, la organización creada en 1947 para impedir que el horror sucedido entre 1933 y 1945 vuelva a ocurrir parece haber olvidado su misión principal. No quiero ser demasiado crítico con la ONU, sé que tratan de hacer bien su trabajo y algunas cosas han funcionado bien (las poéticas metas del Milenio no se conseguirán, pero la verdad han logrado mucho más de lo que se preveía), pero la inoperancia en impedir los usos y abusos de los privilegios dados a los cinco países con derecho a veto, las resoluciones que no llegan a tener ningún valor real y la excesiva influencia de ciertas ONGs con agendas propias han entibiado demasiado un movimiento que en los 90 parecía por fin haber tomado impulso. Sexto, y finalmente porque si no me quedo sin espacio, hemos fallado miserablemente en enseñar a nuestros niños y adolescentes las verdaderas causas de la II Guerra Mundial, convirtiendo la historia en una especie de cuento fantástico y maniqueo, con malos y buenos, omitiendo la responsabilidad de los pueblos que no hicieron nada para impedir el holocausto, omitiendo la responsabilidad de las corporaciones de la época que no tuvieron empacho en construir la más fabulosa maquinaria de guerra de la historia a la vez que manejaban irresponsablemente una supuesta bonanza sin darse cuenta que en la eventualidad de una crisis esa maquinaria iba a tener que usarse, omitiendo la responsabilidad de los países del norte que, a sabiendas que su imperialismo los había conducido a la Gran Guerra, no hicieron nada para impulsar la soberanía de los países del sur, omitiendo al fin que la verdadera causa, a fin de cuentas, el factor sine qua non, aquello que decidió que se permitiese o no el horror de la mayor conflagración de la historia de la humanidad, fue la ilusión de la supremacía nacionalista, independientemente de su origen – no, no es patrimonio exclusivo de los arios, este delirio lo sufren, aún hoy, todos los pueblos del mundo.

Esteban

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