Lo absurdo como estrategia política

Posted on 06/05/2014

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Giorgios RomerosUna táctica claramente coordinada y planificada por el gobierno, comandada por el ministro Carlos Romero, ha lanzado en estos días el discurso de que la unificación de la oposición – que, por cierto, aún no es un hecho, ni probablemente llegue a serlo – es una conspiración lanzada por el mismísimo Carlos Sánchez Berzaín desde la ciudad de Miami. No, la unidad de la oposición es una hipótesis fundamental que no requiere de gran genialidad para darse cuenta, mucho menos con la insistente comparación del gobierno boliviano con el régimen Chavista en Venezuela, contra el cual la unidad de la oposición casi – aquí la palabra clave es “casi” – logra la victoria electoral. De hecho, es tan absurda la afirmación que resulta parecido a aseverar que uno es maricón porque no le gustan las peceras, como cuenta el viejo y políticamente incorrecto chiste de gallegos.

Inmediatamente la oposición ha señalado como causa el pánico del gobierno que se ha visto acorralado y empieza a dar pataleos de ahogado. Yo no me apresuraría tanto en clamar el inminente hundimiento del régimen. Si para algo los masistas han demostrado consistentemente una gran capacidad, es para la ingeniería política. Una y otra vez han logrado golpes certeros, desde la anulación completa de la oposición regional, a la incorporación al “proceso de cambio” a la burguesía cruceña, a la cooptación de todos los poderes sin derecho a reclamo alguno, a blindar estrechamente a Evo de los escándalos de corrupción, misoginia y comportamiento indecoroso de su entorno. Gracias a estos genios de la ingeniería política, Evo parece intocable a pesar de la falta de gestión, del comportamiento abierta y descaradamente autoritario, y de las malas amistades. Por lo mismo, me temo que el discurso de lo absurdo lanzado por el ministro Romero el lunes pasado tiene un trasfondo mucho más complejo que la simple desesperación.

Personalmente, a mi me suena a campaña de desinformación, a una estrategia de lo absurdo, donde uno lanza una enorme mentira, algo que todo el mundo sabe que es falso, para que los empáticos con el gobierno comiencen a preguntarse si no habrá algo de verdad detrás de la farsa, algo solamente comparable con el inefable Giorgio Tsoukalos, que defiende lo absurdo con tal pasión que logra hacer dudar al espectador de verdades incluso axiomáticas. Esta estrategia obliga al contrario a defenderse de la acusación absurda, bajando la guardia al tratar de separar la ficción de la exageración. Recomendaría a los líderes opositores a manejar con muchísimo cuidado el tema y tratar de encontrar cuál es la verdadera intención. Éstos no dan puntada sin hilo.

Esteban

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Posted in: Evadas