Bicentenario de Mikhail Bakunin

Posted on 28/05/2014

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BakunyinportreMe importa mucho la suerte de todos los hombres, pues, a pesar de todo lo independiente que me juzgue o que parezca ser por mi posición social, no dejo de ser siempre el producto de lo que son los últimos de ellos; si son ignorantes, miserables, esclavos, mi existencia está determinada por su ignorancia, su miseria y su esclavitud. – BAKUNIN / La Internacional y Mazzini / 1871.

Decía Bernard Thomas en la introducción de su Ni Dios Ni Amo: Citas de los Anarquistas que “de la anarquía queda la imagen de la banda de Bonnot encaramada sobre un De Dion-Bouton robado, rematando víctimas inocentes a balazos; la imagen de los lanzadores de bombas, como Ravachol, verdaderos fuegos de artificios en la Belle Epoque; la imagen de la bandera negra, a la que sólo le faltaban el cráneo y las tibias cruzadas para evocar perfectamente a los piratas de antaño; por último, en lo que se refiere a los conceptos, queda una sola, pero explosiva imagen: la voluntad de destruirlo todo, sin preocuparse sus ejecutores de saber con qué reemplazarían a la sociedad en caso de que se les dejara desmantelarla. En pocas palabras, el caos, el hampa, la ruinidad.”

Por supuesto, estos hechos dolorosos de la historia han convertido en la palabra en la excusa perfecta para exterminarla. Estatistas y capitalistas, tan declarados enemigos entre sí, coinciden ambos en impedir, a cualquier costo, el resurgimiento de los ideales que motivaron estos hechos. Pero el anarquismo es mucho, mucho más que plantar bombas. A doscientos años del nacimiento de Mikhail Bakunin, considerado por muchos, incluyendo a su servidor, como el más claro, consecuente y convincente pensador anarquista, no podíamos más que reivindicar, sin caer en dogmatismos ni idolatrías, el pensamiento del gigante de San Petersburgo.

Bakunin lo tenía todo: era un hombre hermoso, fuerte como un roble y tan afilado como una navaja. Como estudiante de filosofía, pasó de Fichte a Hegel, pero su creciente radicalismo lo llevó a construir su propia explicación del mundo. Conoció a Marx y a Proudhon. Con éste congenió y tuvo las más deliciosas tertulias; con aquel las chispas saltaron casi de inmediato. ¡Cómo olvidar lo que probablemente fue el más increíble debate ideológico de la historia del socialismo: “La filosofía de la miseria” versus “la miseria de la filosofía”! Fue ese debate, de hecho, el que me sedujo en primer lugar. En mi adolescencia tardía, me negaba a creer que la única opción frente al capitalismo era el comunismo. El hecho de que los muros caían allá por Alemania coincidiendo con mi edad más curiosa y rebelde, por supuesto, fue un gran catalizador para esta gran pregunta. La respuesta la encontré, pues, en Bakunin.

Cincuenta años antes de la revolución bolchevique, ciento cincuenta años antes del “socialismo del siglo XXI”, Bakunin ya profetizaba: “los obreros diputados, al trasladarse a las condiciones burguesas de existencia y a una atmósfera de ideas políticas totalmente burguesas, dejarán en realidad de ser trabajadores para convertirse en hombres de Estado, se volverán burgueses, y quizá serán más burgueses que los burgueses mismos”.

Pero a no equivocarse: Bakunin era un socialista puro y duro. A la Comuna de París le escribió: “Si París se subleva y triunfa, tendrá el derecho y el deber de proclamar la liquidación completa del Estado político, jurídico, financiero y administrativo, la bancarrota pública y privada, la abolición de todas las funciones, de todos los servicios, de todas las fuerzas del Estado, la quema o el sometimiento a la fogata de todos los documentos y actas públicos o privados, con el fin de que los trabajadores, reunidos en asociaciones y adueñados de todos los instrumentos de trabajo, de los capitales de toda clase, y edificios, permanezcan armados y organizados por calles y barrios.”

Hoy en día, algunos de sus postulados resultan desfasados. La violencia revolucionaria, que los pensadores del siglo XIX encontraban justificada, hoy no parece ser la vía más adecuada para la destrucción del statu quo. Pero la enorme mayoría de los postulados de Bakunin siguen tan vigentes hoy como hace 150 años, tal vez algunos incluso más que entonces, luego de haber comprobado cómo degeneran rápidamente las revoluciones de inspiración marxistas en gobiernos aún más opresivos que los capitalistas. A doscientos años de su nacimiento, corresponde pues un sincero homenaje a Mikhail Bakunin.

Esteban

 

 

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Posted in: In Memoriam