¿Energía nuclear? Gracias, pero no gracias.

Posted on 06/10/2014

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spring-is-not-welcome-281-anti-nuke-2013-a8ce258fCon gran pompa el presidente Evo ha anunciado la inminente construcción de una planta nuclear en La Paz. Como siempre, lo hace sin preguntar a nadie, sin generar debate y dar oportunidad a que los ciudadanos reflexionemos si esto es bueno o malo para nosotros. La democracia le sigue siendo incómoda al gobierno. Como me resisto a someterme a que papá Estado decida por mí, pongo acá mis argumentos del por qué no deberíamos despertar al monstruo nuclear, esperando provocar un poco el debate. Estas son las diez razones más importantes de mi oposición al proyecto:

  1. Los reactores nucleares son bombas atómicas en potencia. Aumentar la cantidad de reactores en el mundo solamente aumenta el potencial para un desastre de proporciones. En los 60 años de historia de la energía nuclear, han existido tres accidentes mayúsculos, incluyendo Chernóbil y Fukushima. Esto significa un accidente cada 20 años, o un accidente grave por cada 145 reactores, de lejos mucho peor que cualquier otra tecnología de generación de electricidad.
  2. Un accidente en una central nuclear no solo es posible, sino que terriblemente mortal. El accidente de Chernóbil liberó en la atmósfera más radiación que todas las pruebas de armas nucleares jamás realizadas, juntas. Decenas de miles de personas murieron como consecuencia directa o indirecta del desastre, y aún hoy, casi 30 años después del accidente, se siguen produciendo muertes relacionadas con la contaminación radiactiva de la zona, especialmente por cáncer de tiroides. El costo del desastre se ha estimado en 350 mil millones de dólares (esto es, 70 veces el total de la deuda externa de Bolivia), y aún no han cesado sus consecuencias.
  3. Incluso si no ocurren accidentes, cada reactor nuclear produce enormes cantidades de desechos nucleares. Los desechos nucleares son terriblemente mortales, causan cáncer y mutaciones genéticas, y no se conoce ningún método totalmente efectivo para contener, disponer o neutralizar el veneno radioactivo que emiten. La disposición final de desechos radiactivos ha sido una de las peores formas de neocolonialismo para muchos países, que han “vendido” partes de su territorio para que los países “ricos” entierren ahí estos desechos, o de colonialismo interno, donde las metrópolis “ocupan” espacios rurales para disponer estos desechos, ambos causando desastres ecológicos mayúsculos.
  4. Toda exposición a niveles altos de radiación multiplica los riesgos de desarrollar cáncer. La energía nuclear exige que se enriquezca el uranio encontrado en la naturaleza, al inicio del proceso, y que ese uranio se convierta en uranio empobrecido, al final del proceso. Ambos emiten altos niveles de radiación y se tiene evidencia abundante de que esa radiación ha afectado más de una vez a los trabajadores encargados de estos procesos y a veces incluso a sus familias. Aunque se pueden tomar medidas de seguridad industrial, lo extremadamente complejas y estrictas que deben ser estas medidas hacen que exista una alta probabilidad de cometer errores.
  5. La minería del uranio se realiza con abrumante frecuencia en tierras y territorios indígenas. Lo mismo ocurre con la disposición de desechos nucleares, que suele realizarse enterrando el uranio empobrecido bajo montañas, que como sabemos en nuestra cultura frecuentemente son sitios rituales (apachetas). En otros países donde se realizaron estas actividades, las poblaciones indígenas sufren niveles desproporcionadamente altos de enfermedades genéticas y cáncer. En algunos países con alta dependencia de la energía nuclear, como Estados Unidos, estas prácticas han resultado ser cuasi genocidas, diezmando a la nación Shoshone cerca de las montañas de Yuma, por ejemplo.
  6. La energía nuclear tiene la falsa reputación de ser barata. En realidad, es una de las formas más caras de generar energía eléctrica, si se consideran todas las externalidades y costos colaterales. De hecho, la estructura de costos real jamás se hace pública, o simplemente se considera, pues las proyecciones de las externalidades deben calcularse ¡para cientos de miles de años! En efecto, los desechos nucleares seguirán siendo peligrosos dentro de varios milenos.
  7. Convivir con la energía nuclear es siempre un desafío. Si bien es cierto que las centrales nucleares se van “mejorando” a medida que avanza la tecnología, y que entre esas “mejoras” el mayor énfasis se ha puesto en la seguridad, no existe garantía alguna de que la negligencia de uno o varios operarios (Chernóbil), un desastre natural (Fukushima), el atraso en el mantenimiento (Three Mile Island), o simplemente un error de diseño no vaya a provocar un desastre mayúsculo, o en el mejor de los casos pueda impedir que se escape una cantidad pequeña pero suficiente de radiación para envenenar el entorno inmediato de la planta. Y ni hablar de operaciones como el transporte de material radiactivo, que multiplican el riesgo exponencialmente.
  8. Existen razones de enorme peso del por qué algunos países han decidido cerrar y evaluar los costos y beneficios de la energía nuclear para tomar decisiones sobre su continuidad (como Japón y Francia), e incluso otros ya tomaron la decisión de eliminarla (Alemania). Los riesgos son demasiado altos, así como los costos indirectos, incluyendo el costo político. Desgraciadamente, en otros países el lobby de la energía nuclear es tan poderoso que las normas sobre ésta en realidad se han relajado. En un país con la institucionalidad tan endeble como Bolivia, ¿seremos capaces de tomar decisiones como hacer más dura la regulación del sector o exigir el cumplimiento de las normas y estándares de seguridad existentes? Más aún, asumiendo que la hipotética planta nuclear será de propiedad estatal, ¿podrá el mismo Estado regularse efectivamente a sí mismo para asegurar estos estándares? Las experiencias de las Autoridades de Regulación y Control Social hasta ahora parecen indicar lo contrario.
  9. Los reactores nucleares producen cantidades increíbles de calor. Este calor se controla mediante la circulación de miles de litros de agua a través del sistema. Esto provoca dos problemas. Uno, la cantidad de agua que requiere la planta es enorme, pero además su provisión debe ser constante. En La Paz, no es posible garantizar esta provisión: todos sabemos que entre abril y septiembre llueve muy poco, y los ríos se secan. Dos, el agua usada para enfriar los reactores inevitablemente sube de temperatura al salir de la planta. Esta agua suele devolverse a su caudal sin tratamiento alguno, a cinco o seis grados más de su temperatura normal, afectando muy seriamente la vida acuática. Aún más grave, en algunos modelos de reactores, el moderador utilizado para la reacción nuclear es la llamada “agua pesada” (2H2O), que en grandes concentraciones en mortal para cualquier organismo.
  10. La razón más importante para oponerse a la energía nuclear es que existen muchas, y mucho mejores, formas de generación de energía, disponibles y accesibles, y con las cuales Bolivia ya ha empezado a trabajar. No hay nada que inventar aquí. Ya tenemos granjas eólicas. Ya tenemos producción de energía solar. Nos falta desarrollar sistemas hidroeléctricos de bajo impacto (sin embalses), pero la tecnología existe. La “reputación” o la “imagen” de modernidad no puede ser el argumento de decisión en estos casos.

Una vez más, el desarrollismo toma precedencia sobre el principio del “vivir bien”, cada vez más vapuleado y vaciado de contenido. El planteamiento de la “Bolivia Centro Energético de Sudamérica” fue creado por el Banzerato en los años 70, que fue sin duda el gobierno más desarrollista de cuantos hemos tenido. Vender es de nuevo más importante que vivir, la plata es más importante que la calidad de vida. Urge la organización de la resistencia de parte de quienes apreciamos más la vida que el dinero, de los que no queremos arriesgar el futuro de nuestros hijos sólo por espejismos desarrollistas, mucho peor cuando sabemos que no necesitamos este espejismo si existen soluciones mucho mejores, más limpias y más avanzadas.

Esteban

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