Maravillosa La Paz

Posted on 15/10/2014

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IMG_3345Si algo he aprendido en los 12 años que fui funcionario municipal, ha sido a amar a La Paz. Conocer sus rincones secretos, hablar con su gente, compartir sus miedos y esperanzas, bailar sus bailes, sanar sus heridas y reconstruir sus cerros, una y otra vez.

La Paz ha sido votada entre las 14 ciudades más maravillosas del mundo, y ahora toca apoyarla para que llegue a la lista de las 7 finalistas. Si bien es cierto que “New Seven Wonders” es una empresa privada, que busca fines de lucro y en este concurso no participan varias ciudades que ya se saben maravillosas, como París, Nueva York o Rio de Janeiro, por ejemplo, creo que el concurso no es éticamente peor que, digamos, el Miss Universo. Todo lo contrario, de hecho: en lugar de cosificar a la mujer, nos permite personificar a una cosa: la ciudad. Mucho mejor que cualquier concurso de misses.

Los beneficios que puedan emerger de estar entre las siete ciudades más maravillosas del mundo todavía están por verse. Corresponderá un estudio serio de los impactos, antes y después, para ver si realmente valió la pena. Pero no hay nada que perder, más que cinco minutos. Hete aquí pues, que abro la invitación para votar en www.new7wonders.com/en/cities

Pero, ¿por qué habríamos de votar? Algunas personas, las que suelen ver el vaso medio vacío, dirán que La Paz es una ciudad caótica, que su tráfico es insufrible, que la gente bota la basura donde sea, que no hay dónde orinar con dignidad, que sus marchas y su ruido infernal, como dice el blues. Y tienen razón. Pero cuando se sopesan estos problemas – de los cuales todos, excepto las marchas, se vienen encarando – con sus montañas, con sus tesoros escondidos, con su increíble eclecticismo, con su gastronomía, desde la más fina hasta la más popular, con la enorme resiliencia de su gente, con su combatividad y su rebeldía, con su eterno optimismo (¿Ah, no? ¿Porqué creen que sus casas siempre parecen estar a medio construir?), con su inmensa vida cultural, donde hay para todos los gustos imaginables, con sus 3.600 metros que hacen llorar al futbolista más pintado, con su autenticidad, con sus rostros de todos los tonos, con sus mercados inmensos y tan coloridos, con su ritmo frenético y su laboriosidad incansable, con su pasión, con su fe, con sus tradiciones que son a veces tan difíciles de entender para alguien que viene de afuera, donde conviven en paz y se complementan el pinquillo y la guitarra eléctrica, las apachetas y el Señor de Mayo, la quinoa y la lechuga suiza, el preste y el Pop…, con su marraqueta, con su pollo frito (ya saben cuál), con su arquitectura mestiza hasta la médula, con barrios tan hermosos como Sopocachi, la parte antigua de Obrajes, las casitas de Emilio Villanueva por el cerro Laikacota, con sus callecitas como la Jaén o la Catacora, con sus miradores donde de noche las estrellas se miran hacia abajo, con el azul de su cielo, con su manto de nubes en la DSC02330mañana, con sus furiosas tormentas, con su cervecita de clase mundial, con todos sus Jaime Sáenz, sus Franz Tamayo, sus Óscar Cerruto, que siguen deambulando por ahí, haciendo rimas de Hip-Hop y de huayño… Cuando se sopesan con todo esto, decía, sus problemas y sus defectos se perdonan con cariño, y se buscan maneras para resolverlos, o por lo menos, subsanarlos un poco. La Paz es maravillosa porque es mucho más que una ciudad, porque no conozco en el mundo una ciudad que tenga su carácter, su valentía y su indocilidad. La Paz es una mujer indómita, de esas que te enamoran, no por su sonrisa o su belleza superficial, sino por el reto que es amarla como se lo merece.

Esteban

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