La piel del oso

Posted on 09/02/2015

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1856027_640pxHay que ver el revuelo que ha causado en los medios y en las redes sociales la reciente victoria de Syriza en Grecia y la gran movilización también reciente lograda por Podemos en España. El entusiasmo de muchos, y el temor de muchos otros, es comprensible, después de que estos dos países fueran, de lejos, los que peor parados han quedado tras la crisis europea que estalló el 2008 y que a penas hoy, siete años después, comienzan a ponerse de pie y sacudir la ropa la mayoría de los países de la unión.

Comprensible, decía, pero no justificado. Syriza ha formado gobierno hace apenas unos días, y para hacerlo ha tenido que acostarse con la derecha nacionalista griega. Su mayor figura es el actual ministro de economía, un personaje carismático y de muy reconocidas capacidades mentales, pero que aún deberá demostrar en la práctica lo que su teoría quiere predecir (ojalá que tenga razón, lejos de mí el deseo de que fracase). Lo que es más importante, Syriza todavía tiene que demostrar, en los hechos, que no es un partido populista, lleno de discursos rimbombantes y ataques furibundos a enemigos no muy bien determinados, basado en las emociones, especialmente la del nacionalismo, pero que en los hechos no hace otra cosa que reforzar y proteger las relaciones ortodoxas entre los que tienen y los que no, como tan amargas experiencias conocemos por este lado del “charco”.

Mucho más grave veo cómo se vende la piel del oso en España, sin haberlo matado siquiera. Falta todavía bastante para la realización de las elecciones, e increíblemente, a pesar de que, al menos desde este sillón así se ve, el de Rajoy ha sido sin duda el peor gobierno que haya ocupado La Moncloa desde la muerte de Paco el Caudillo, don Mariano sigue ocupando el primer lugar de intención de voto, y la intención de voto de Podemos, si bien ocupa un segundo lugar, no llega a cubrir una cuarta parte de la población votante, lo cual puede, de reafirmarse en las elecciones, aún con una victoria representar dificultades de gobernabilidad enormes.

Veamos. Además del mismo riesgo que existe con Syriza de que Podemos no sea más que un inflado globo de discursos populistas, sobre lo cual no puedo pronunciarme porque puede que sí como puede que no, lo más seguro es que quién sabe, hay algunos problemas adicionales que el señor Iglesias deberá resolver hasta el cambio de legislatura. Primero, debe asegurar a los españoles que no confían en él y lo consideran un peligro rojo que no se instalará, en caso de resultar electo, un gobierno absolutista y que empiece a expropiar todo. De no hacerlo (o de ser esa realmente su intención, pero lo dudo muchísimo), provocará en el electorado español lo mismo que el diametralmente opuesto en términos ideológicos Jean-Marie Le Pen logró en Francia: una masiva votación por miedo a favor de la derecha conservadora ubicada en primer lugar, es decir una votación por el “mal menor”. Eso significaría Rajoy para rato, y no se lo deseo a nadie.

Segundo, Iglesias necesita un genio técnico al estilo de Yanis Varoufakis, alguien que al mismo tiempo que mande a freír monos a la Troika le dé una tranquilidad y un aire de expectativa a los mandamases de las finanzas europeas que permita a los políticos de Bruselas decir “bueno, dejémosles intentarlo, a ver qué pasa”. Por alguna razón que no logro identificar del todo, no tengo la sensación de que el señor Monedero tenga lo que hace falta para cumplir este rol. Sus vínculos con ciertos gobiernos latinoamericanos le dan un retrogusto a experimentación social que no le va a gustar mucho al resto de Europa, y ese puede ser un problema serio.

Pero en todo caso, aunque entiendo el arrebato de los altermundistas, del classic communist revival e incluso de algunos anarquistas (Chomsky, por ejemplo, parece muy entusiasmado), creo que es mejor ejercer una prudente expectativa y curiosidad en lugar de hacerme ilusiones y acabar mirando cómo el sur de Europa se convierte al esperpento éste del “Socialismo del Siglo XXI”.

Esteban

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