In Memoriam: B.B. King

Posted on 15/05/2015

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BB_King

“When I sing, I play in my mind; the minute I stop singing orally, I start to sing by playing Lucille.” —B.B. King

El Blues se ha construido sobre la Santa Trinidad de los tres Reyes: Albert King, Freddie King, y Riley “B.B.” King. No es posible decir cuál ha sido más importante o influyente de los tres, como es imposible distanciar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Pero B.B. fue el más longevo. Para tristeza de quienes amamos el Blues, ese Blues auténtico, profundo, ese Blues que habla de gente sencilla, de gente que en medio del país más rico del mundo se debate entre la pobreza, el desempleo y la violencia, ese Blues desgarrador que habla de la cotidianidad del obrero, del chofer, del sobreviviente, B.B. King partió ayer, 14 de mayo, a los 89 años de edad.

A B.B. King no lo llamaban “el Rey del Blues” por nada. Su fiel guitarra Lucille cantaba en sus manos con un sentimiento y una pasión reconocibles inmediatamente, en un estilo de vibrato y doblado de cuerdas que todos los blueseros después de él intentaron copiar. Lucille, una Gibson ES-335 negra, fue tan famosa como el propio Rey. Cuenta la leyenda que durante el invierno de 1949, B.B. King estaba tocando en un salón de Arkansas, donde para calentar el ambiente se había prendido fuego a turriles llenos de kerosene. Una pelea entre dos hombres estalló, con tal violencia que llegaron a volcar uno de estos turriles, incendiando el salón. B.B. King logró salir, sólo para darse cuenta que había olvidado su preciosa guitarra de 30 dólares. El Rey volvió a entrar, arriesgando su vida, y logró salvar su Gibson ES, toda ennegrecida. Los dos muchachos que iniciaron el incendio murieron. Habían peleado por una muchacha, llamada Lucille. Dicen que B.B. King desde entonces decidió bautizar a su guitarra (y todas las que tocó desde entonces) con ese nombre, para recordarle no hacer cosas tan estúpidas como entrar en un edificio en llamas para salvar a su guitarra, o pelear por una mujer.

En sus 50 años de carrera, B.B. King mantuvo una disciplina tremenda de trabajo, tocando en 250 shows al año como mínimo (B.B. King tiene el récord Guiness de la mayor cantidad de presentaciones en un año, con 340), y grabó 44 álbumes, obtuvo 15 Grammys y más de 20 otros reconocimientos, entró al Salón de la Fama tanto del Rock como del R&B y es considerado como uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos. Todo este legado queda tras su partida, logrando así la eternidad.

Por mi parte, mi agradecimiento a B.B. King, y a través de él a todos los grandes blueseros, por haberme salvado de mí mismo en la difícil transición a la vida adulta. Siempre lo recordaré por ello.

Esteban

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