El dormido en la playa

Posted on 03/09/2015

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“Me digo a mi misma que podríamos creer que duerme, que va a despertarse, que está vivo, que el mar no puede arrojar así a un niño tan pequeño. Imagino a mi propio niño en su lugar, y me duele el corazón, me duele el vientre, no logro quitar esta imagen de mi cabeza. Es la imagen de la vergüenza, aquella que te dice que ya es tiempo de dejar de CERRAR LOS OJOS.” – Mathou

La crisis de los refugiados en Europa necesitaba una bandera. De la manera más dolorosa, la encontró. La profunda mezcla de rabia, pena e impotencia que ha causado la fotografía del pequeño Aylan Kurdi muerto en la playa ha levantado voces de protesta en el mundo entero, pero no entre los políticos europeos. Hasta ahora, ninguna señal clara de que la muerte del pequeño niño, y miles de pequeños y pequeñas como él, no hayan sido en vano.

¿Tantos años de institucionalidad han deshumanizado a los políticos europeos? ¿Es el aparato burocrático europeo más poderoso que la voluntad política y el clamor de los ciudadanos? ¿El temor a las células del fascismo renaciente ha congelado a los gobernantes de Europa? Francamente, no logro encontrar una explicación. ¿Cómo es posible que Hungría levante muros para impedir que los refugiados de la guerra en Siria entren al “paraíso” de la zona Shengen? ¿Cómo es posible que Gran Bretaña, país con tan larga tradición de acoger a los refugiados, haya cerrado sus puertas? ¿Que Francia no movilice a su pueblo para defender los derechos humanos, siendo que ella los inventó? ¿Que Angela Merkel, más por su necesidad de borrar su estigma de nueva Führer que por real voluntad de ayudar, sea ahora la única que llama a la cordura? La Unión Europea, otrora fuente de gran orgullo y ejemplo de unidad y solidaridad, hoy nos da vergüenza.

Pero los lamentos no van a resolver el problema. Por ahora, desde este rincón, invito a los hermanos sirios a venir a refugiarse a Bolivia. Si el gobierno quiere o no quiere, me da igual. Aquí tenemos campo. Aquí, a pesar de todo, tenemos paz.

Y, también, desde este rincón, llamamos a las potencias europeas, norteamericanas, a los turcos y a los rusos, a asumir de una vez su responsabilidad. Ustedes provocaron esto. La sangre de los 300.000 muertos sirios ha manchado sus manos. Hace cuatro años que les venimos rogando que paren la guerra civil provocada por el asesino Assad y aprovechada por los psicópatas de ISIS para descargar su locura. Tanto les gusta invadir países y estrenar sus juguetitos de muerte, de una vez, ¡paren esta guerra!

Esteban

C’est un trou de verdure où chante une rivière,
Accrochant follement aux herbes des haillons
D’argent ; où le soleil, de la montagne fière,
Luit : c’est un petit val qui mousse de rayons.

Un soldat jeune, bouche ouverte, tête nue,
Et la nuque baignant dans le frais cresson bleu,
Dort ; il est étendu dans l’herbe, sous la nue,
Pâle dans son lit vert où la lumière pleut.

Les pieds dans les glaïeuls, il dort. Souriant comme
Sourirait un enfant malade, il fait un somme :
Nature, berce-le chaudement : il a froid.

Les parfums ne font pas frissonner sa narine ;
Il dort dans le soleil, la main sur sa poitrine,
Tranquille. Il a deux trous rouges au côté droit.
– Arthur Rimbaud, Le dormeur du val

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