Pray for Humanity

Posted on 17/11/2015

0


Tras los espantosos atentados de París del 13 de noviembre recién pasado, la izquierda latinoamericana, o mejor dicho la autoproclamada “izquierda”, que de izquierda cada día tiene menos (¡hasta copia panfletos de la extrema derecha cristiana del medio oeste estadounidense!), generó en las redes sociales una fuerte reacción a la campaña “Pray for Paris”, pidiendo “Pray for Syria” y denunciando que los medios no habían hecho campañas similares por ninguno de los más de 300 mil muertos que la guerra civil en ese país ha provocado.

Hasta ahí, todo muy bien, me parece muy importante que no se clasifique a los muertos como de primera y de segunda. Pero, desgraciadamente, en política casi nada es lo que aparenta. Los que esta campaña “reivindicacionista” olvida mencionar, es que esos 300.000 muertos no los provocó, al menos no de manera directa, la République Française. De hecho, acá el gran responsable es Bashar Al-Assad, el presidente que heredó su cargo de su padre y que en marzo del 2011 provocó la rebelión de su pueblo al arrestar, torturar y encarcelar a 14 adolescentes por graffitear “el pueblo quiere que el régimen caiga”, rebelión que desgraciadamente no triunfó, sino se quedó atascada. Y esa, señores, es la mera verdad.

Por supuesto que juegan en Siria los intereses de las potencias extranjeras: Siria está sobre la “ruta de la seda”, antigua conexión entre Europa y Asia que sigue siendo hoy tan importante como hace mil años, aunque ahora ya no pasen camellos con seda china y especias de la India, sino camiones, oleoductos y aviones que siguen dinamizando el comercio entre los dos continentes. Siria es geopolíticamente vital, no hay duda, aunque no tenga las riquezas en petróleo que tienen sus vecinos. Y por supuesto que las diferentes facciones, sectas religiosas y grupos de intereses creados dentro de Siria hacen que sea inmensamente complicado resolver el problema. Más cuando algunas de estas facciones son islamistas radicales, o locos fanáticos que es lo mismo.

De lo que sí que es responsable occidente, y en este caso Francia en particular, es de haber creado a su propio enemigo. No en una conspiración dolosa y calculada para justificar su intervencionismo, como pretenden ciertos paranoicos, sino por omisión, culpa y negligencia criminal, al excluir sistemáticamente a la población inmigrante, o peor la población descendiente de inmigrantes, que por alguna razón no termina de recibir los mismos derechos de sus compatriotas blancos y de apellido francés, inglés o alemán. Por su omisión en dar protección social a su gente, por la degradación de los servicios del Estado, por la crisis europea que ya dura casi una década, por la falta de persecución judicial a neonazis y ultranacionalistas, por excluir, pues, a miles y miles de adolescentes y jóvenes desarraigados a los que el sistema expulsa cada día. Por ello, ninguna cantidad de bombas que puedan lanzar sobre Siria, Irak, Yemen o Pakistán va a resolver jamás el problema: el “enemigo” no es un país a 3000 kilómetros de distancia, el “enemigo” es parte de su propio pueblo.

También es responsable occidente de intervenir en asuntos internos de los países, usando desde la diplomacia hasta la maquinaria de guerra, defendiendo sus propios intereses, y sistemáticamente metiendo la pata y dejando la situación peor de lo que estaba antes de haber intervenido. Por eso los americanos provocan desconfianza, cuando no odio, por casi todo el Tercer Mundo. Y los europeos, aunque durante los años 90 trataron de reparar el daño que dejó el colonialismo, acabaron asumiendo la misma actitud tras el susto que les metió el 11 de septiembre y los chantajes del intratable señor Bush, Jr. ¿Ah, no? ¿Qué fue Libia, entonces? Es cierto que Ghadaffi debía caer, pero debía caer por las manos de los libios. Hoy la situación en Libia es peor que durante la dictadura. ¿Qué no aprendieron nada en Marruecos, único caso exitoso de la Primavera Árabe? Exitoso porque occidente casi no se inmiscuyó. Exitoso porque dejaron que sea el pueblo marroquí el que decida su futuro. Exitoso porque permitieron que los partidos políticos, la Hermandad Musulmana y la sociedad civil negociara un gobierno aceptable para todos. Egipto iba por la misma senda, hasta que a alguien no le gustó que los egipcios decidieran su propia suerte, y ahí todo se fue por la cloaca… Parece ser una ley inmutable, ésta de que donde interfieren las antiguas potencias coloniales (y el otro imperio, ya saben cuál) las cosas acaban mal, y donde no interfieren las cosas mejoran rápidamente. Luego dicen que estos “salvajes” son incapaces de vivir en democracia. ¡Vaya ironía!

No vamos pues a soslayar la responsabilidad de los países occidentales, cuyas intervenciones (militares o conspirativas) en terceros países son tan criminales como su falta de intervención (diplomática y de llamamiento a dialogar) oportuna en Siria. Pero aquí hay un responsable mayor: Vladimir Putin. Este señor es el que impidió que se detenga la matanza, por defender a su amiguito dictador. Claro, Siria es el último bastión de influencia rusa en la ruta de la seda, y por tanto Putin no podía darse el lujo de permitir que la OTAN intervenga y ponga un gobierno pro-occidental. Pero el jueguito geopolítico ha costado la vida de 300.000 seres humanos.

Los 300.000 muertos son, pues, de Bashar Al-Assad, y de su amiguito Putin. Que no les quepa duda. Las desgarradoras fotos de los niños sirios muertos en el barro corresponden a los bombardeos del gobierno sirio contra la ciudad de Aleppo, la mayoría de ellas tomadas el 2013. Los magos de la manipulación, esos que tienen el cinismo de “denunciar” la manipulación mediática de CNN y semejantes como si ellos fueran santas palomitas, ahora las publican como si la aviación francesa hubiera dado este resultado, tratando además de justificar la posición de Rusia, que es la de bombardear, igual que los de la OTAN, pero de manera mucho menos selectiva, a todos los que se oponen a Assad. Esta es la gran solución que proponen.

¿Saben qué? A la mierda. Todos ellos. Todos los que creen que el mundo se arregla con bombas. No creo en oraciones, pues soy ateo, pero sí, pray (en el sentido de pensamiento trascendental, meditación, análisis en el fuero interior para cuestionar una realidad y encontrar una manera personal de mejorar las cosas, como me hizo ver una prima muy querida). Pray for Humanity.

Esteban

Anuncios