In Memoriam: Scott Weiland

Posted on 04/12/2015

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still_remains___scott_weiland_by_bobbyzeik-d547akaFines de 1992. Yo aún estaba en la secundaria, luchando como lucha cualquier adolescente con mis propios demonios. En esa lucha tan debilitante que es la pubertad yo encontraba fuerza en un movimiento iniciado en la ciudad de Seattle. Seguro escucharon los nombres de sus impulsores: Kurt Cobain, Eddie Vedder, Jerry Cantrell, Chris Cornell…

No recuerdo si fue cerca a mi cumpleaños, o más hacia navidad, pero en esos días escuché por primera vez, en la icónica Stereo 97 cuando era buena, una voz poderosa, desgarradora, melódica a la vez que rabiosa, una descarga de testosterona y una letra de desesperación y muerte en vida

    I am smellin’ like the rose/that somebody gave me on/my birthday deathbed

Era el primer single de un grupo que muy rápidamente ocuparía un lugar de cabecera en mi colección. 1993 sería el año de absoluta gloria. “Plush” y “Creep” eran canciones tan poderosas como la voz de su líder. “Wicked Garden” me gustaba aún más, aunque muchos no la entendían.

    Can you see without eyes?/Can you speak without lies?/I wanna drink from your naked fountain/I can drown your sorrows/I’m gonna burn, burn you to life now/Out of the chains that bind you

Una tras otra, las canciones de Stone Temple Pilots eran éxitos seguros, no por comerciales, todo lo contrario, porque nos hablaban a los changos rebeldes, desaraigados, los de la generación X pues, con nuestros jeans rotos (de tanto usarlos, la aberración de los jeans rotos de fábrica todavía no existía), nuestras camisas de franela a cuadritos, nuestro pelo largo y nuestras chivitas, nuestras botas militares, toda esa simbología que trajo la ruptura definitiva y terminante con el mundo pop, con la ligereza y el conformismo, con nuestros movimientos basados en una visión cínica, cierto, pero rabiosamente realista de un mundo que se nos había vuelto unipolar a pesar nuestro.

Pero a diferencia de Grohl, que tras la muerte de Kurt Cobain buscó qué había más allá del grunge, y de Vedder, con su “Yield” cuyo título decía mucho más que el nombre de la canción, Scott Weiland no se rindió tras el 94, fecha que muchos indican con la de la muerte de este movimiento. Aún en 1999, con su fabuloso álbum N° 4, seguía la rabia, el cinismo, el sonido de Seattle ahí, muy presente.

    Pleased to meet you/Nice to know me/What’s the message?/Will ya show me?/I’ve been waiting/A long time, now

Pero la década se acababa, los 90 no podían seguir para siempre. ¿O podían? Sólo imagínense. ¿Qué banda les dice más años 90 que Guns&Roses? Scott encontró la manera de estirar la década por unos añitos más, reunió a Slash, Duff y Matt, y reemplazando a Axl Rose formó Velvet Revolver. Oh, sí.

    When you seek me you destroy me/Rape my mind and smell the poppies/Born and bloodied every single time

Velvet Revolver, que era sólo un experimento, lanzó dos discos, el último en 2007. Scott había logrado que una década durase 15 años. Por los siguientes 10, intentó tercamente seguir reviviendo el movimiento de Seattle, pero el mundo había cambiado. Occupy se volvió Anonymous. Los chicos cambiaron las camisas a cuadros por teléfonos inteligentes. El grunge había muerto, y ya no había espacio para alguien como Scott.

Hoy, 3 de diciembre, en plena gira promocional, sin haber dejado de trabajar en 20 años, Scott fue encontrado sin vida en su bus. Sólo tenía 48 años. Los años 90 finalmente habían acabado.

    I’m half the man I used to be/This I feel as the dawn/It fades to gray

Esteban

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