In Memoriam: Lemmy Kilmister

Posted on 29/12/2015

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Ian Fraser ‘Lemmy’ Kilmister era un Baby Boomer de los de enciclopedia. Nacido en diciembre de 1945, le tocaría vivir durante sus 70 años tantas aventuras, revoluciones culturales y extraños eventos como a Forrest Gump. Y como Forrest Gump, él apenas si cambió durante todos esos años… Pero de una manera muy, pero muy diferente.

Lemmy era un buen músico, pero ni siquiera era el mejor. A los amantes del Rock, nos duele su partida, pero por mucho más que su música. Lemmy era una leyenda. ¿Por dónde empezar? Legendaria era su sed: tomaba un litro de Jack Daniels por día todos los días hasta los 68 años, cuando le prohibieron seguir tomando así. Si hubiera sabido que igual se iba a ir de este mundo dos años después, yo creo que no hubiera parado. Legendarios sus experimentos con las drogas: Lemmy tiene el dudoso récord, junto con su amigo Dik Mik, sonidista de Hawkwind, de ser el humano que estuvo acelerado con anfetaminas por más tiempo en la historia registrada. De hecho, tras meses de saltar como conejos, cortaron el “viaje” no porque ya no aguantaran, sino porque Mik se quedó sin dinero. Legendario su apetito sexual: Se estima en unas 1.200 las mujeres con quienes Lemmy se acostó en su vida, algunos hablan incluso de dos mil.

Mucho tenía que ver con la leyenda la imagen de verdadero, auténtico y certificado chico malo de Lemmy, con sus sombreros de caballería, sus chaquetas de cuero, sus patillas y su bigote. Y sin embargo, bajo ese aspecto tremendamente rudo, quienes lo conocieron dicen que era el hombre más dulce del mundo, un niño atrapado en el cuerpo de un viejo. Su íntima amistad con Ozzy Osbourne se basaba, dicen, en las inocentes travesuras que hacían los dos. Sólo imaginarme a estas dos leyendas del rock balbuceando palabras incomprensibles en ese su acento de obrero de Straffordshire, y con el florido vocabulario de un obrero de Straffordshire también, por supuesto, y matándose de risa por su última travesura –esconder los ruleros de Sharon, la esposa de Osbourne, por ejemplo –, me saca de inmediato una sonrisa…

Lo que hace de Lemmy una verdadera leyenda, sin embargo, es mucho más casual que su voraz apetito por sexo, drogas y rock&roll, o que sus 40 años liderando a Motörhead, una de las bandas más duraderas de la historia, o haber compuesto y grabado uno de los mayores himnos del rock (The Ace of Spades), o su pedregosa voz. Cumplió todo lo que cualquier fanboy sólo puede soñar. Fue roadie de Jimi Hendrix. Le regaló su famoso cuchillo a Keith Emerson, cambiando para siempre el sonido del rock experimental. Compuso canciones para los Ramones y para Ozzy, fue clave en la invención del movimiento Punk, influenció a Metallica, Megadeth, Anthrax, creó una imagen, junto con su gran amigo también ya fallecido Ronnie James Dio, en la que se basan esencialmente todos los clichés del rockero eterno… Lemmy, creo, fue una leyenda por estar en el momento justo en el sitio exacto, sin dejar nunca de ser el chico que se fugó a Stockport a los 17 para nunca más regresar a casa, y con ello cumplir el sueño del auténtico rockero.

– CHAZZ: ¿Quién ganaría una lucha entre Lemmy y Dios?

– POLICÍA ENCUBIERTO: ¿Lemmy?

– REX: (Imita el sonido del timbre de los concursos) ¡Eeeerrr! No.

– POLICÍA ENCUBIERTO: ¿Dios?

– REX: ¡Eeeerrr! Mal, idiota. Es una pregunta capciosa. ¡Lemmy es Dios!

– Airheads, 1994

Esteban

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