Corren las apuestas

Posted on 17/01/2016

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Si bien en poco más de un mes pueden pasar aún muchas cosas, la verdad es que ya parece posible colocar la apuesta sobre el resultado del referéndum del 21 de febrero. Mi “pálpito”, como dicen los locutores deportivos, es una estrechísima victoria del Sí, a duras penas suficiente para proclamarla, pero que denote un profundo desgaste del Gobierno, y que también explicará la premura del MAS por poner en agenda el tema cuatro años antes de las elecciones.

Revisadas las encuestas recientemente publicadas por IPSOS, MORI y Mercados y Muestras, lo primero que se evidencia es un nivel todavía alto de indecisos, y que en términos del total de las encuestas ninguna de las opciones llega a 50% de las intenciones de voto. Sin embargo, es previsible que el ausentismo en esta ocasión se acerque al mismo 20% de ahora indecisos, por lo que dudo bastante que, salvo que ocurra algo extraordinario en estos 35 días que restan, los resultados finales varíen mucho respecto a lo que se tiene ahora. Y lo que se tiene ahora, eliminando los NS/NR, blancos, nulos y “mi voto es secreto”, nuevo invento de MORI, que equivalen a votos no válidos, la diferencia es de un escasísimo 50,2% de votos por el Sí versos 49,8% de votos por el No, en franjas de entre 52% como máximo para el Sí y 46% como mínimo (en cuyo caso perdería).

¿Qué puede cambiar hasta el día “D”? Muy poco, pero algo. Uno intuye que de la intención de voto, un respectivo 30% por cada bando viene del núcleo duro, es decir 30% que votará por el Sí no matter what, y un 30% que votará por el No así el mismísimo Espíritu Santo descienda en forma de paloma y se pose sobre la cabeza de Evo. Quedan en disputa 40% del electorado que se divide más o menos así:

10% votará Sí más por temor que por convicción. Muchos temen perder ciertas prebendas que reciben del Estado, otros se creyeron los vaticinios apocalípticos del Vicepresidente, y sobre todo mucha gente prefiere conformarse con lo malo conocido.

Entre 10 y 20% de los ciudadanos no se presentará, o anulará su voto. De este porcentaje, cerca a 6% es el ausentismo mínimo expectable en cualquier elección, debido a depuraciones del padrón, fallecimientos, migración, impedimentos temporales, etc. También son normales visto el historial electoral y de referéndums en Bolivia que entre 3 y 4% de los votos sean nulos o blancos. Además de este 10% normal, la desinformación bombardeada tanto por el oficialismo como por la oposición que le hizo el juego, las encuestas revelan un alto porcentaje de desinterés por el referéndum. Cerca a 60% de los encuestados por MORI declara tener poco o ningún  interés por el referéndum, cifra que aumenta a casi dos tercios entre los jóvenes de entre 18 y 25 años. La campaña debe pues apuntar a generar mayor interés entre esta población.

Queda además un 10% adicional, tal vez hasta 20%, que consiste esencialmente en gente que simplemente no ha entendido la pregunta o las implicaciones de la respuesta. Ellos eventualmente votarán por el Sí o por el No, en una proporción probablemente parecida a la que ya se proyecta desde ahora, sin que vaya a afectar muy profundamente el resultado final, salvo como ya dije que pase algo de mucha importancia en este mes que resta, de manera que incline la balanza hacia un lado o hacia otro. La campaña de terror y de desinfomación liderada por el Vicepresidente no parece haber sido muy efectiva para convencer a un voto por el Sí, a pesar de haber tenido un efecto muy fuerte sobre la intención de voto por el No. La campaña oficialista ha provocado es un desinterés, incluso rechazo, por la cuestión en disputa, yo diría incluso una interpretación de que son disputas de politiqueros que como ciudadano no me interpelan ni francamente me importan. ¿Cuál es la diferencia? Al haber solo dos opciones pareciera que el cálculo del gobierno (si no puedes hacer que voten por ti, al menos haz que no voten por el contrario) es correcto y les dará resultado, no por adhesión a su causa, sino por defecto. Una campaña por el No, por lo tanto, debe primero y antes que nada interpelar, interesar e involucrar a los ciudadanos, especialmente los más jóvenes, y dejar la mentira del plebiscito. Sólo así se puede impedir la victoria del Sí.

Esteban

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