¿Por qué NO?

Posted on 18/01/2016

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manifestacionA poco más de un mes de la celebración del referéndum por la modificación del artículo 168 de la Constitución Política del Estado (CPE) que habilitaría la candidatura de Evo Morales y Álvaro García Linera a un cuarto periodo consecutivo al timón del Estado Plurinacionacional, toca hacer una profunda reflexión sobre el camino que debiera tomar Bolivia para defender y preservar su ya maltrecha democracia.

De lo que se trata, ya lo hemos dicho en varios foros, no es de hacer un juicio de valor acerca de los 10 años pasados. Si Evo hizo o no un buen gobierno no es la cuestión. Muchas cosas se hicieron bien, o por lo menos tuvieron buenos resultados (muchas veces más por suerte que por pericia) y muchas otras salieron mal. Ese es el pasado, reciente, pero pasado al fin. La pregunta es acerca del futuro, y ni siquiera a corto plazo porque sus efectos tendrían lugar recién el 2019. Y la pregunta no es acerca del proyecto político del MAS, ni sobre el retorno del “ancien régime”, ni sobre las posibilidades de cumplimiento de la Agenda 2025, como quieren, engaños y mentiras de por medio, hacernos creer.

La pregunta es si admitimos que se cambie la Ley de Leyes para que dos personas en particular puedan beneficiarse con un cargo público por un total de 19 años, con la agravante de que nada impedirá con este antecedente repetir el ejercicio y ampliar este número a 24, 29 ó 34 años. Lo que se nos está pidiendo es una ampliación de contrato, siendo nosotros, los ciudadanos, sus contratantes, por un periodo casi cuatro veces más largo del inicialmente convenido en 2006. Hete aquí entonces que es necesario analizar qué implica esta (nueva) ampliación de contrato.

  1. Los bolivianos hemos decidido en 2009 el construir colectivamente una democracia plural, representativa y participativa a la vez, basada en el Estado Social de Derecho. Bajo este modelo, la alternancia es un requisito sine qua non. La interpretación oficialista de que es el Pueblo Soberano mediante su voto el que define absolutamente todo, más allá del bien y del mal, sin responsabilidad ni proceso es pues mentira en este modelo. Para modificar el artículo 168 hay que modificar antes el artículo Primero, para retroceder 70 años y volver al modelo positivista del Estado de Derecho a secas, es decir, prescindir de los avances de la teoría constitucionalista por los cuales no basta el sometimiento puro y simple a las leyes (que por lo demás tampoco está realmente presente), sino que éstas deben ser construidas en función a principios y procedimientos universales reconocidos por todos los sistemas supraestatales de los que Bolivia forma parte.
  2. También nuestra constitución establece en su artículo 26 que todo ciudadano tiene derecho a concurrir a la formación de los poderes públicos. La reelección consecutiva, mediante el uso y el abuso del poder estatal y la hegemonía política, o mejor, la personalización de la política conculcan gravemente ese derecho, al pervertir los sistemas electorales pues los eventuales candidatos no tienen ni remotamente la cancha pareja para poder competir en igualdad de condiciones, en particular pero no exclusivamente frente a un organismo electoral también cooptado y parcial.
  3. Como consecuencia de los anterior, la repostulación casi inevitablemente – salvo algún milagro electoral – se convierte en reelección, lo cual trae consigo peligros muy graves que la experiencia histórica en el mundo demuestra acaban invariablemente manifestándose en la práctica. La continuidad por mucho tiempo, especialmente cuando no existe un efectivo sistema de frenos y contrapesos, provoca impunidad, la concentración de todos los poderes – incluyendo los sociales – el endiosamiento del líder que se cree insustituible, el temor patológico al vacío de poder en caso de caer este líder, la pérdida de todo contacto con la realidad, el anquilosamiento total del sistema político – incluso dentro del propio partido de gobierno – y la desestructuración de todo canal de lucha social legítima. Seguramente, muchos de ustedes me dirán que todo esto ya está ocurriendo. Sí, les responderé yo, y si esto ya ocurre con 10 años de gobierno de Evo, ¡imagínense con 19!

Estas son, pues, cuestiones de principio que trascienden, por mucho, a las personas individuales e incluso a los partidos políticos. Si quien buscara modificar la CPE en busca del prorroguismo fueran Samuel, Tuto, Rubén, Lucho o Perico de los Palotes, lo dicho se mantendría invariable. Tocará a la historia, no el referéndum, juzgar los 14 aqños que al 22 de enero de 2019 habrá gobernado Evo Morales. Los peligros que se ciernen sobre la democracia boliviana con esta simple pregunta con muchos y muy graves como para perder el tiempo en disputas entre una autoproclamada “izquierda” y una vergonzante “derecha”, y las consecuentes calificaciones y descalificaciones mutuas entre nuestros estimados showmen políticos. Votar por el NO no es una cuestión de aprobación o desaprobación de un gobierno en particular, es una cuestión de si estamos dispuestos a sacrificar la democracia en nombre de una percepción coyuntural y pasajera de bienestar o de temor a lo que pueda venir después. Por mi parte, yo NO lo estoy.

Esteban

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