La década de Evo

Posted on 25/01/2016

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BOLIVIA MORALESEl pasado viernes 22 de enero se cumplieron 10 años de la asunción al poder del señor Evo Morales Ayma (EMA) y el Movimiento al Socialismo (MAS), en un periodo que Carlos Mesa ha calificado, con razón, como “uno de los más significativos de la historia de la República”. Toca pues, desde este blog, hacer un balance de estos 10 años, tratando, sin dejar de tener el corazoncito en el lugar que está, de ser lo más objetivo y equilibrado posible. Este no es, pues, un acto de contrición ni de adherencia a nada. De hecho, si las reacciones de los lectores masistas son de acusarme de opositor y simultáneamente la de los lectores antimasistas son de acusarme de haberme convertido al masismo, habré cumplido el cometido.

En lo económico

No cabe duda que éste es el ámbito donde EMA ha cosechado más victorias. Si éstas se deben a la suerte o a la pericia, aún está por verse – y se verá muy pronto con el cambio del escenario internacional – y si los datos con los que se cuenta para este análisis son realmente confiables está en duda, pues estos no han sido nunca sujetos a examen externo ni a revisión de pares. El buen momento macroeconómico se ancla en una serie de datos publicados por quien quiere mostrar sólo lo positivo, así que es muy difícil, más allá de puras percepciones y sensaciones térmicas, realmente afirmar si la bonanza es tal o es solamente calentura pasajera.

En cualquier caso, la mayoría de la gente siente que las cosas van bien económicamente. Hay un crecimiento importante de la clase media, comprobable no solamente por las cifras de reducción de la pobreza que pueden ser sujetas a mucha crítica metodológica, sino que además se verifica en un consumo sin precedentes, y en una sólida inversión privada en propiedad inmueble y producción de vivienda, estimulada por una fuerte inversión pública que ha creado una nueva burguesía muy dependiente de los contratos estatales no siempre bien habidos pero que a fin de cuentas hacen moverse a la economía. Todo esto yo lo aplaudo, independientemente, repito, de que el fenómeno haya sido calculado o haya sido más accidental. Michael Schumacher, siete veces campeón de Fórmula Uno, decía “sí que existe la suerte, pero hay que saber administrarla”. Pareciera que el gabinete económico del MAS le hizo caso al piloto alemán. Bien por ellos.

No obstante, aún hay muchos problemas en el aspecto económico. El abandono paulatino del extractivismo no solo no ocurrió, sino que sufrió evidentes retrocesos. La inversión pública, si bien masiva, no parece haberse orientado siempre hacia una rentabilidad –económica o social, no importa cuál–, tiene enormes costos que llamaremos “de contingencia” por no pisarle los callos a nadie, y en muchos casos se afana en crear elefantes del color del marfil. Inversiones como el satélite, algunos teleféricos, muchos campos deportivos, plantas industriales inservibles, minas deficitarias, aeropuertos sin tráfico y otros dan una muy fuerte sensación de derroche, mucho más cuando la evidencia muestra que Bolivia casi no ha modificado su base productiva, ni ha modernizado sus métodos de producción, ni ha generado empleo de calidad (todo lo contrario, hoy hasta el Estado es un muy mal empleador, a pesar de haber multiplicado su planilla por ocho). El Plan Nacional de Desarrollo de 2006 fue completamente abandonado. Entre el 2010 y el 2015 no ha habido ningún plan conductor, y la priorización de los proyectos y programas a todas luces parece haberse conducido por puros criterios clientelistas y sin análisis alguno de su impacto o su sostenibilidad.

Y este último punto es donde más errores se han cometido desde el gobierno. Una tras otra vez los afanes desarrollistas se pasaron por la torera los criterios necesarios de sostenibilidad – especial pero no exclusivamente la sostenibilidad ambiental –, desde la utilización de recursos destinados a la recuperación de una cuenca en proyectos de muy pequeña escala y muy bajo impacto, hasta la insistencia en construir carreteras por el medio de reservas naturales; desde la exploración petrolera en áreas protegidas, hasta la ampliación de la frontera agrícola. Los criterios de selección usados no sólo han sido errados con frecuencia, sino que a la larga nos pasarán una factura muy pesada.

Y hablando de facturas, hay otra que estamos dejando para nuestros hijos: una deuda de 22 mil millones de dólares, de los cuales 7,5 mil millones son deuda bilateral condicionada a contratar a empresas del país acreedor. Hemos retrocedido 30 años de relativamente buena gestión financiera con este empréstito, y las consecuencias a largo plazo van a ser funestas.

En lo social

Ferrocarril, carril, carril, Arica La Paz, La Paz, La Paz… Este jueguito infantil es el que mejor describe la situación social en Bolivia. No hay duda de los méritos del gobierno de EMA en lo referido a la reivindicación de los pueblos indígenas como actores políticos, aunque las políticas indigenistas se han ido abandonando paulatinamente y sustituyendo por una cooptación prebendal de sus organizaciones. El pecado más grande en el escándalo del Fondo Indígena no es la mala utilización de los recursos ni el manejo de dineros en cuentas personales, sino la captura de los dirigentes indígenas en una espiral clientelar que los ha convertido en sujeto de extorsión política. La misma composición del gabinete muestra cómo la distribución del poder ha ido volviendo a los esquemas del ancien régime, asimilando los modelos oligárquicos y burgueses que tanto de criticaban.

Tampoco hay duda de los méritos de los sistemas de transferencias condicionadas y no condicionadas, que por cierto son un invento neoliberal, pero que han permitido ampliar la base de atención institucionalizada a la maternidad, la escolaridad en el sistema fiscal, mejorar la calidad de vida de los adultos mayores e inyectar recursos frescos al mercado interno. Bolivia se ha convertido en un modelo regional en el plano de la protección social de tercer nivel, y eso hay que aplaudirlo. La cuestión es, sin embargo, que la protección social más básica, la relacionada con la calidad del empleo y con los sistemas de seguridad social de corto y mediano plazo, ha quedado casi en total abandono. La tasa de informalidad en el empleo es altísima, el porcentaje de trabajadores que cotizan para la jubilación es casi marginal, y tanto la cantidad de asegurados como la calidad de los seguros de salud son absolutamente insostenibles. Se ha desperdiciado la oportunidad de causar una revolución en la atención de la salud y la educación, y servicios como los de seguridad pública se encuentran en un estancamiento muy doloroso.

Las peores debilidades del gobierno se encuentran en la atención a los más vulnerables. Para un gobierno que se autoproclama socialista, esto es muy grave. La población carcelaria, y mucho peor la población carcelaria joven, se encuentra en total abandono. Los servicios sociales para niños y niñas huérfanos, abandonados, víctimas de maltrato o en situación de calle sólo pueden compararse con las descripciones que hacía Charles Dickens en sus novelas sobre la Inglaterra del siglo XIX. Si bien hay esfuerzos por asistir a niñas, niños y adolescentes en situación de trabajo, estos están muy aislados y no logran ubicarse en la agenda política con la suficiente fuerza como para realizar acciones efectivas para reducir la escandalosa proporción de NNA que trabajan, y aún más escandalosa proporción de éstos que laboran en trabajos peligrosos como la minería o la zafra. Los pueblos quechuas del Norte Potosí, Uru Murato de Oruro, o Guaraní del Chaco, entre muchos otros, siguen dependiendo casi por completo de la caridad internacional y no logran encontrar el camino que los lleve al tan mentado “Vivir Bien”. Y ni hablar de la situación de las mujeres. Desgraciadamente, no hay muchos datos para conocer cuál era la situación anterior, ya que la visibilización del problema es aún muy reciente, pero los niveles de violencia hacia las mujeres, las brechas salariales, las brechas de oportunidades y de empleo, la falta de servicios de protección para mujeres y la absoluta falta de comprensión de parte de las autoridades acerca de la problemática de género son vergonzosos.

En lo político

En este plano es donde se encuentran los pecados más graves de los 10 años de gobierno del MAS. Si bien los gobernantes se llenan la boca con afirmaciones rimbombantes sobre que ahora el pueblo es el que gobierna, que nunca antes hubo tanta participación en la toma de decisiones, que ahora los mecanismos de democracia directa han profundizado la democracia, lo cierto es que la calidad de la democracia en Bolivia ha empeorado, y mucho. Con esto no quiero decir que en el periodo neoliberal, o en algún momento anterior, Bolivia tenía una buena democracia. Nuestras carencias han sido siempre muchas, y en todos los ámbitos políticos. Pero en los 10 años recién pasados se han desinstitucionalizado casi todas las entidades públicas, se han cooptado todos los poderes y todas las instituciones descentralizadas, se han borrado los límites entre gobierno y administración, y peor, entre Estado y sociedad, se ha recurrido sistemáticamente a una aplicación selectiva de las leyes, se ha retrocedido a un estado puramente juspositivista a pesar de las maravillosas declaraciones principistas de la Constitución del 2009, se ha politizado la justicia y se ha judicializado la política a tal punto que hoy contamos los exiliados, perseguidos y encarcelados por sus opiniones políticas por centenas, el Órgano Judicial está sumido en la peor crisis de su historia, la independencia de criterio de los miembros del Órgano Legislativo se sanciona drásticamente, la representación política del ciudadano, ya antes muy pobre, hoy es simple y sencillamente nula, la disposición de los recursos fiscales se ha recentralizado por completo, y la oposición política es la más pobre, desarticulada, desorientada y carente de ideas de la historia.

“¡Momentito!”, me dirán. “No es culpa del gobierno que la oposición sea tan mala como es”. De hecho, sí lo es. El modelo hegemónico que persigue el MAS no admite una oposición fuerte, mucho menos una oposición que proponga, fiscalice y genere agenda pública. Las tensiones creadas artificialmente por el gobierno, en especial durante su primer mandato (2006 a 2009) han sido calculadas intencionalmente para derrotar ya no sólo electoralmente, sino física, ideológica y financieramente a cualquier atisbo de liderazgo alternativo, “permitiendo” la supervivencia solamente de los peores elementos de la oposición política pues ésta es funcional al gobierno, haciendo ver al MAS como paraíso de genios e iluminados por comparación a lo que se tiene en la acera del frente. El uso de la violencia política como argumento de poder se ha hecho tan frecuente que lo hemos normalizado, y los ya más de cien muertos por violencia política ocurridos en esta última década se han convertido casi en anécdota, un “glich” sin mayor importancia. En este ámbito, tanto la impunidad de los actores involucrados como la irresponsabilidad – en el sentido jurídico del término – del Estado deberían helarnos la sangre y ser suficientes para interpelar muy fuertemente a EMA y sus colaboradores. Nada de ello ocurrió.

Y nada de ello ocurrió, gracias a un trabajo de apropiación de la verdad que daría envidia a cualquier dictadorcillo tercermundista. El gobierno no censura, compra medios de comunicación o los extorsiona hasta que le sean favorables. El gobierno no elimina opositores, los anula. El gobierno no prohíbe organizaciones sociales, las utiliza. Con métodos populistas de manual, el gobierno maneja la agenda pública a su antojo, utiliza causas comunes como el nacionalismo exacerbado para uniformar el pensamiento, sustituye el desarrollo intelectual con el culto al físico, bombardea con la imagen de EMA en absolutamente todos los espacios imaginables, se vanagloria de éxitos superfluos o pasajeros como si fueran la tutti, se arroga capacidades sobrehumanas, explota las creencias, temores y supersticiones de la gente más humilde con una condescendencia espeluznante, e incluso se autoatribuye un liderazgo mundial que quién sabe en qué evidencias se basa.

Así las cosas, se me hace evidente que en la década de Evo ha habido más sombras que luces. ¿Todo fue negativo? No, en absoluto, hay muchas cosas buenas que han ocurrido en este periodo. ¿Era necesario, históricamente hablando, este proceso político? Sí, absolutamente, no me cabe la menor duda de que las cosas hubieran sido mucho peor sin este escenario, incluso hubiéramos podido caer en una guerra civil. Pero el MAS podía haber hecho mucho, mucho mejor las cosas, con un poco de voluntad y un poco menos de politiquería. Tenía los recursos, la legitimidad, la gobernabilidad y la fortaleza para provocar cambios mucho más profundos. En lugar de ello, se desperdiciaron las oportunidades, se canalizaron las energías hacia la destrucción del otro, y se armó un Estado monstruoso cuyas facturas a la larga deberemos pagar, y no se extrañen si eso se traduce algún día en “medidas de ajuste estructural”. Si regresa la “larga noche del neoliberalismo” no será obra y gracia de ningún expresidente ni exministro caído en desgracia. Será obra y gracia del mismísimo MAS.

Esteban

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