Conclusiones, lecciones aprendidas y recomendaciones

Posted on 24/02/2016

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1251833081_ayudarcomunidad1.jpgMucha tinta corrió y correrá tras el triunfo del No a la reforma del artículo 168 de la Constitución Política del Estado. Análisis variopintos y con las más diversas intenciones, desde el análisis político puro y desinteresado hasta la promoción de agendas inconfesables de uno y otro bando, y que a fin de cuentas reflejan la belleza de nuestra tan golpeada democracia, que a pesar de todo sigue en pie y en construcción diaria. Para hacer honor a mi actividad laboral, ordenemos algunas ideas en lenguaje consultoresco, tratando de extraer conclusiones, lecciones aprendidas y recomendaciones.

Conclusiones

La lógica amigo/enemigo tenía sentido, dañino pero sentido al fin, cuando se estaban enarbolando las banderas de la rebelión. Esa rebelión duró tres años, y la consolidación de su victoria duró otros dos. Todo eso sucedió hace una década, las tensiones se habían resuelto favorablemente, y correspondía ya hace al menos un lustro pasar la página y construir un proyecto colectivo con mayor diálogo. En lugar de ello, se fabricaron tensiones artificiales que han llegado a su auge con este referéndum cuasi plebiscitario, sin otro motivo que un mal cálculo político. Bajo esta lupa, en unas pocas semanas lo único que ha logrado el gobierno es retroceder diez años y acabar en el “empate catastrófico” que casi nos llevó a la guerra civil, incluso con casi la misma configuración geográfica y demográfica.

También queda claro que el MAS como proyecto político ha perdido la capacidad de interlocución con el pueblo y de comprender su mensaje. No digo lo mismo de los partidos tradicionales (que cambiaron de siglas pero no de actores), por la simple y sencilla razón de que esa capacidad la perdieron hace ya décadas. El ponerse a deshojar margaritas ha cobrado una factura política enorme de la que le va a ser muy difícil reponerse.

A la ciudadanía boliviana, como en el resto del planeta, le rompe los huevos la clase política, independientemente del color. La construcción de tensiones artificiales solo exacerba este hastío. A la vez que la campaña ha sido francamente visceral, y que ciertos grupúsculos radicales de uno y otro bando han intentado pescar en río revuelto, el mensaje mayoritario ha sido claro: gobiernen con los ciudadanos, o aténganse a las consecuencias.

La vocación democrática de Bolivia y la capacidad de movilización de sus ciudadanos es realmente admirable. Ya hubiese querido ver ese nivel de consciencia, pasión por las propias convicciones y resolución pacífica de las diferencias en ciertos países no muy lejanos que no menciono por pudor.

Finalmente, y casi como nota al pie, hay un evidente punto de inflexión en la ingeniería política del gobierno, de un periodo con Walter Chávez a un periodo sin Walter Chávez. Quién hubiera pensado que este señor era tan influyente, tan inteligente, y tan falto de escrúpulos.

Lecciones aprendidas

Nadie es invencible. Toda la mitología que se pueda construir alrededor de un caudillo acaba desmoronándose tarde o temprano.

Es necesario hacer un análisis político profundo del fenómeno de las redes sociales. No para censurarlas ni buscar regularlas, que es un despropósito mayúsculo, sino para comprenderlas y saber qué hacer y cómo responder desde la comunicación política más tradicional. El fenómeno realmente ha agarrado en curva a los gobernantes, pero del otro lado los líderes de la oposición partidaria tampoco parecen entender cómo se usa y cómo funciona. Tal vez mi amigo Marcelo Durán pueda darnos más luces al respecto.

Es normal y lógico que en un referéndum el escenario político se polarice, pues por su propia naturaleza se ponen en mesa solamente dos opciones diametralmente opuestas: Sí, o No. Lo que no es normal es que pasado el referéndum en cuestión se intente profundizar y exacerbar esta polarización. Urge cambiar el discurso maniqueo.

No se puede hacer una campaña exitosa desde el oficialismo cuando las propias autoridades conspiran, consciente o inconscientemente, contra la imagen del gobierno. La falta de tino en algunas decisiones y en algunos mensajes públicos recientes han pesado enormemente en la decisión de al menos una quinta parte de los electores.

Los gobiernos los hacen las personas, y hay una evidente correlación inversa entre la institucionalidad y la influencia de personas con nombre y apellido. Una cosa es tener un estilo particular para la gestión de lo público o una visión determinada a la que se suma el resto de la institución, y otra muy distinta es que la talla de la institución esté determinada solamente por la talla de las personas que la conducen.

El costo de no separar el gobierno del partido y ni el partido del líder suele ser enorme. La historia boliviana está plagada de ejemplos de ello, y todos acabaron mal. A partir del 2009, esto es aún más importante, pues hemos pasado de un gobierno semi-parlamentario a uno eminentemente presidencialista.

Bolivia ha perdido meses cruciales, dedicando sus energías y su tiempo a resolver las tensiones artificiales creadas por el referéndum, en lugar de dedicarlas a prepararse para afrontar el periodo de vacas flacas que se viene inexorable, tanto por efecto de la caída de los precios de las materias primas como por el fenómeno de El Niño, y las múltiples oportunidades perdidas de diversificar la economía.

Recomendaciones

Es necesario que el MAS “retorne a las bases”, como se dice en el lenguaje sindical. Los niveles de apoltronamiento, aburguesamiento y comodidad con el poder de los mandos altos y medios del partido de gobierno deben motivar a una depuración y reorganización del gobierno con miras a la puesta en marcha del PGD 2016-2020. Lo contrario garantizará su fracaso.

Urge también la reconfiguración y renovación completa de las opciones políticas alternativas. Al contrario de lo que opinan, con mucha insistencia, los opositores “de base”, creo que es muy importante no construir una sola opción, sino sincerar las opiniones políticas más estructurales para construir un sistema realmente pluralista. Con sincerar quiero decir que la derecha admita que es derecha y postule una agenda conservadora, que la centro derecha se declare centro derecha y postule una agenda liberal, que se visibilicen opciones desde la izquierda que se distancien de la interpretación uniquista del MAS, que el propio MAS se convierta en partido político, en fin, que tengamos escenarios donde los ciudadanos puedan identificarse realmente con la agenda política que más los convenza, y se deje de lado ese nosotros contra ellos. La nueva Constitución ha establecido el mecanismo de segunda vuelta electoral, ¡hay que utilizarlo!

La introspección y la autocrítica son muy necesarias en todos los bandos, pero especialmente en el bando que recibió el sopapo en las urnas. Lo que no es necesario es que éstas se ventilen en público. Basta con que se haga, los ciudadanos notaremos la diferencia de cualquier manera.

Toca ahora trabajar por el cumplimiento de una agenda política expresada en un plan general hasta el 2020, que no ha sido adecuadamente discutida ni socializada, que tiene muchos defectos como el no tener clara la fuente de su financiamiento, el ser mucho muy cara, o el haber ninguneado completamente a los gobiernos autónomos subnacionales, pero que finalmente nos da un norte para trabajar en conjunto. Tal vez sea necesario ajustar el plan, pero las metas planteadas son nomás lo suficientemente comunes para que podamos por lo menos trazarnos el horizonte de trabajo de los próximos cinco años.

Tal vez el Presidente haya perdido un referéndum, pero si se hacen las cosas bien, se deja el maniqueísmo y la construcción de tensiones artificiales, con un poco de suerte Bolivia habrá ganado, por fin, un Presidente.

Esteban

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