Los impresentables

Posted on 04/03/2016

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El 2 de marzo recién pasado, don Sacha Llorenti, personaje archiconocido por estos lares y que hoy disfruta las mieles del exilio de oro en la Gran Manzana, publicó en La Razón un magnífico enredo literario que intentaba demostrar la imprescindibilidad de Evo Morales. El autor, desgraciadamente, ya desautorizado previamente por su impunidad en el caso de la represión de Chaparina, se temina de desautorizar por la simple falta de sentido lógico y verificación factual de la columna que publica. Por eso, como respuesta, he aquí lo que he intitulado “Los impresentables”.

Hagamos caso omiso de los primeros dos párrafos de la columna, por la simple y sencilla razón que son nada más que un ejercicio de prosa de alumno de primero de Secundaria, absolutamente vacío de contenido o de mensaje. Las gotas que encumbran las olas aportan lo mismo que las declamaciones de los niños en el Día del Maestro: nada más que tratar de congraciarse con la figura de poder correspondiente, posiblemente incluso con una buena carga de hipocresía.

Pero vamos al fondo de lo que dice Sacha. Así como Ghandi, Martin Luther King, Fidel y Mandela, Evo vendría a ser imprescindible para la revolución que impulsó. Acá hasta parecería razonable el planteamiento. Evidentemente, los periodos conducidos por estos personajes históricos no pueden explicarse sin ellos. Pero una cosa es la imprescindibilidad forzosa y necesaria de la historia, y otra es la imprescindibilidad personal y en el presente o futuro. La historia ya está escrita, y no puede explicarse de otra forma que con los liderazgos de quienes la condujeron en sus respectivas realidades, y eso puede ser bueno, o puede ser malo. Bajo la perspectiva histórica, son también imprescindibles Hitler, Pol Pot, Napoleón o Iván el Terrible. No se puede contar la historia de sus países y de sus épocas sin contar sus historias. Pero de ahí a afirmar que estas personas son por tanto imprescindibles en el aquí y ahora es pues un absurdo, así sea por el solo hecho de que se murieron. Los procesos políticos que lideraron llegaron, tarde o temprano, a una culminación, y dieron paso a nuevos procesos, que claramente prescindieron de ellos. Incluso de Fidel.

Aquí es necesario asumir nomás que el primer lustro del siglo XXI en Bolivia no se explica sin Evo Morales. De la misma manera, la segunda mitad del siglo XX no se explica sin Víctor Paz Estensoro. Esta es una constatación, no un juicio. Nos guste o nos disguste, esa es la realidad. El asunto es que hoy todas las señales parecen indicar que este proceso político iniciado con los levantamientos del año 2000 en Cochabamba y El Alto, que pasó por el derrumbe del proceso neoliberal y acabó encumbrando al instrumento político construido por una suma de movimientos sociales “abigarrados” hoy ha llegado a su agotamiento. Como repetidas veces ha ocurrido en la historia de las luchas sociales, el sueño revolucionario se convirtió, en menos de 10 años, en la pesadilla de tratar de hacer funcionar un gobierno.

Y hete aquí que Sacha lanza una serie de preguntas según él desafiantes que buscan provocar en el interlocutor imaginario una admisión de que Evo fue un semidiós. Todas, construidas sobre falacias evidentes. ¿Tejer el entramado social? Los resultados del referéndum y, sobre todo, el todo de su campaña, demostraron que las profundas divisiones que nos llevaron al borde de la desgracia el 2006-2007 siguen gozando de muy buena salud; ¿Nacionalización de las empresas enajenadas? YPFB no se nacionalizó, sólo cambió de régimen contractual; ENFE y “la Lloyd” fueron liquidados y, en el segundo caso, reemplazados por otra cosa; la única mina nacionalizada es Huanuni, que trabaja a pérdida. Las únicas empresas efectivamente nacionalizadas de las seis de la capitalización y con buenos resultados son ENTEL y ENDE; ¿Quién lideró la Asamblea Constituyente? Román Loayza, entre otros líderes sociales, hoy muy vilipendiados y prescindibles según el MAS; ¿Quién nos sacó del estigma de la pobreza y del narcotráfico? No tengo idea, la última vez que miré seguíamos muy fuertemente estigmatizados, tanto con la pobreza – basta mirar la publicidad del Programa Mundial de Alimentos en la que sale Laura Pausini – como con el narcotráfico – seguimos tan descertificados como siempre –; ¿Quién desmontó el modelo neoliberal y edificó la economía más próspera de la región? Ni idea, seguimos bajo un sistema de libre oferta y demanda, empleo de bajísima calidad, demasiado pocos y demasiado malos servicios públicos como para hablar de Estado de Bienestar, en fin, el neoliberalismo, si bien como esquema de poder tal vez se haya derrumbado (dos años ANTES que Evo fuera Presidente) pero como lógica económica sigue plenamente vigente. Y eso de la economía más próspera solamente puede tomarse a chiste. ¿Más prospera según qué parámetro? En ninguno se sostiene tan osada afirmación. La única explicación posible es que Bolivia es el país más próspero de la región boliviana; ¿Quién esculpió la demanda marítima? Los abogados, quién más, aunque sí hay que reconocer a Evo la decisión política de ir adelante con esta estrategia que, de momento, funciona bien, y ojalá lo siga haciendo. Pero de ahí a que haya esculpido cosa alguna, hay mucha diferencia.

Ahora, no sé las oposiciones partidarias, pero en lo particular, yo sí reconozco los méritos de la última década, sé lo que costó y sé que Bolivia ya no es la misma del 2006 (¿O lo es?). Pero muchos, muchísimos fenómenos pueden explicarlo, no sólo la “preclaridad visionaria” del inquilino de Palacio. Sí, inquilino, no es ningún insulto: el poder es efímero, y tal cual un inquilino un día, ojalá el 22 de enero de 2020, éste se irá, y vendrá otro inquilino, y luego otro, y otro. Desgraciadamente, el “qué hubiera sucedido si…” no es una herramienta válida para entender la historia. Tal vez otro liderazgo lo hubiera hecho mejor, o tal vez no. Nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos es que en los últimos meses se han desenmascarado tantas falacias como las que afirma en su retórica don Sacha, uno de los impresentables.

Esteban

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