Panama Papers: La corrupción globalizada

Posted on 04/04/2016

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En cuestión de un fin de semana, uno de los mayores escándalos de lavado de dinero – si no el mayor – de la historia se ha convertido en el tema más comentado en las redes sociales y medios masivos del mundo entero.

De entrada, debe dejarse en claro que invertir dinero en países offshore o paraísos fiscales no es por sí mismo un delito, y que en virtud de la presunción de inocencia no nos es posible afirmar de ninguno de los implicados que el dinero invertido en estas empresas haya sido necesariamente mal habido. Pero no hay duda que, aún en los casos en los que no hay delito de por medio, la práctica es altamente inmoral.

La escala, el nivel de secretismo, y sobre todo las contradictorias y poco consistentes reacciones de los presuntos implicados, en especial de la firma de abogados que intermedió en la constitución de cientos de empresas de papel, Mossack-Fonseca, permiten nomás hablar con meridiana certeza de una mayúscula operación de evasión fiscal y lavado de dinero que ha implicado a cientos de personas muy pudientes de todos – ¿todos? Todos – los países del mundo. La dimensión del escándalo es pues demasiado grande para ser descartada como “incidental” o “aislada”.

No vamos a entrar en detalles técnicos, eso corresponderá a otros. Ojo Público, al respecto, habla de “la colaboración mediática más grande jamás producida, (con) periodistas trabajando en más de 25 lenguajes (que) investigaron el manejo interno de Mossack-Fonseca y rastrearon los negocios secretos de los clientes de la firma alrededor del mundo. Compartieron la información y persiguieron pistas generadas por los archivos filtrados utilizando archivos corporativos, registros de propiedad, declaraciones financieras, documentos del tribunal y entrevistas con expertos en lavado de dinero y oficiales de ley.” La información sobre el caso abunda, pues.

De lo que sí quisiera hablar es de lo globalizada que está la corrupción, y cómo incluso personas muy admiradas y respetadas, incluyendo líderes políticos, futbolistas, actores de cine y empresarios, esconden sus fortunas para evitar el pago de impuestos, afectando gravemente a los tesoros de sus países, o incluso trafican con bienes prohibidos, ya sea drogas, piezas de arte robadas o patrimonio estatal, en lo que parece haberse convertido en prácticas comunes y muy frecuentes. Todo parece indicar que cuanto más grande la fortuna mayor la tentación de esconderla y evitar compartirla. Este solo hecho, más allá de su legalidad o ilegalidad, dice mucho de la naturaleza humana, de cómo la avaricia, el egoísmo y el cinismo empujan a cientos –algunos miles incluso – de personas a acumular y esconder fortunas que van mucho más allá de lo que pudieran gastar el titular, sus hijos y sus nietos por toda la duración de sus vidas, bajo la falsa pretensión de habérselo “ganado” con su “esfuerzo”, en detrimento de cientos de millones de personas que viven las peores carencias y a quienes ese dinero, a través de servicios estatales y de protección social o a través de la creación de verdaderas empresas productivas, podría efectiva y eficazmente permitir las oportunidades que el azar les negó.

Espero, sinceramente, que se llegue al fondo del asunto, que se procese y castigue a todos los que han cometido delitos gracias a la intervención de abogados como los de Mossack-Fonseca, y que los países tomen de una vez por todas las medidas necesarias para la erradicación de los paraísos fiscales.

Esteban

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